Buscar pareja está lleno de desilusiones, así que uno puede imaginar lo encantada que podría estar una mujer soltera al conocer a alguien como Albert Podell, en particular después de investigarlo en Google y descubrir lo rico que es. El año pasado, Podell, un abogado de 70 años, donó 2,9 millones de dólares a la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York. Sale cuatro noches a la semana, a la ópera, a la sinfónica o al teatro. Es culto. Dice haber viajado a 162 países.
Luego llega esa mágica velada cuando la mujer está lista para ir al departamento de él.
“Está completamente igual, como estaba cuando estudiaba en la facultad de derecho en 1973, está suspendido en el tiempo”, dice Podell respecto a su pequeño departamento de una habitación en Manhattan, una descripción que parece verosímil, cuando uno ve la sala rosa intenso con futones y el desgastado papel tapiz de las alacenas de la cocina.
El lugar también tiene una iluminación tenue, lo que tal vez no es una mala idea, después que uno escudriña la pequeña cocina a la luz del día. Las alacenas no contienen nada más que una provisión, para seis meses, de leche en polvo para el cereal de Podell, para mantener al mínimo sus viajes al supermercado; la cubierta de fórmica está descascarada; la estufa está desconectada del gas.
La primavera ha llegado en Nueva York y los restaurantes pronto estarán llenos de parejas ansiosas y optimistas, que ordenan vino, desempolvan sus mentiras más radiantes y piensan que al fin podrían haber encontrado el amor. Conocerán por primera vez las casas de sus parejas. Y, de repente, algunas de ellas se darán cuenta de que no pueden estar con esta persona ni un minuto más. Unos cuantos, cuyos hogares han aniquilado relaciones románticas, podrían, como Podell, saber qué salió mal y elegir ignorarlo, al ver sus departamentos como un reflejo de su valiente negativa a doblegarse al gusto convencional.
También está Bob Strauss, de 46 años, que escribe consejos para citas románticas para match.com, un sitio en la red que ayuda a encontrar pareja, y tiene una foca bebé disecada en su departamento. No mató a la foca con golpes en su sedosa cabeza: es un objeto familiar heredado de una tía y tío ricos de Miami.
Sirve de adorno junto con las figurillas de Strauss de personajes de caricatura y una colección Lego. “Es provocadora”, señala. “Me gusta salir con personas del tipo rudo, inteligente, agresivo, retador.
Para mí no hay problema si quieren discutir al respecto; no quiero hacer insulso mi departamento para volverme genéricamente aceptable”.