Anne van der Molen vive a orillas del Río Maas, un lugar inseguro por definición en un país que constantemente intenta mantener a raya el agua. Sin embargo, está lista para la próxima inundación. Incluso entusiasmada. “No hemos flotado”, dijo Van der Molen sobre su casa, “pero lo esperamos ansiosos”.
Su casa de dos recámaras y dos pisos, con un valor aproximado de 420 mil dólares, no es una embarcación usada como casa, ni casa flotante del tipo que es común en todo el mundo. Es un anfibio: aunque se encuentra sobre tierra, está construida para elevarse con el nivel del agua. Yace sobre un cimiento hueco de concreto y está unida a seis postes de hierro clavados en el fondo del lago. En caso de que el río crezca, como sucede a menudo con la lluvia, la casa flotará a una altura de hasta 5 metros y medio, asegurada por dos postes horizontales amarrados que la conectan con la casa vecina, y luego volverá a bajar a medida que descienda el agua.
Es parte de un nuevo experimento en vivienda. Las 46 casas de Maasbommel están hechas para abordar dos cuestiones que están al centro del debate de vivienda en este país con poca elevación sobre el nivel del mar y densamente poblado, indicó Steven de Boer, desarrollador de conceptos en Dura Vermeer, la compañía que diseñó el proyecto. Estas cuestiones son la falta de espacio para viviendas nuevas para satisfacer una creciente demanda, y la necesidad de anticiparse a los niveles del mar que aumentan de manera incesante y a una posibilidad mayor de inundaciones debido al cambio climático.
“Todas las universidades están unidas en un importante programa con el Gobierno; tenemos un equipo de unas 500 personas que trabajan para hacer que Holanda sea a prueba del clima”, dijo Pier Vellinga, profesor de cambio climático en la Universidad de Amsterdam.
“Suceda lo que suceda —que Groenlandia se derrita o aumente el número de tormentas tropicales en el Atlántico— estamos aquí para quedarnos. Eso se está volviendo nuestro lema nacional”.
“Los holandeses siempre han tenido que luchar contra el agua”, dijo Van de Molen. “Ésta es otra forma de pensar al respecto. Es una forma de disfrutar el agua, de trabajar con ella y no en su contra”.
SARAH LYALL