Los países más ricos del mundo, que han contribuido por mucho a la mayoría de los cambios atmosféricos ligados al calentamiento global, ya gastan miles de millones de dólares con el fin de limitar sus riesgos de sufrir las peores consecuencias de este fenómeno, como la sequía y la elevación de los mares.
Sin embargo, a pesar de los compromisos estampados en añejos tratados para ayudar a los países pobres a enfrentar el calentamiento, estas potencias industriales gastan sólo decenas de millones de dólares en formas para limitar los peligros climáticos y costeros en las regiones más vulnerables del mundo, la mayoría de ellas cercanas al Ecuador y abrumadoramente pobres.
Un nuevo reporte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, organismo de la ONU que desde 1990 ha evaluado el calentamiento global, pone énfasis en esta creciente línea divisoria climática, de acuerdo con científicos involucrados en su elaboración, donde las naciones ricas ubicadas lejos del Ecuador no sólo experimentan menos efectos, sino que son más capaces de resistirlos.
Dos terceras partes de la acumulación atmosférica de dióxido de carbono, gas de efecto invernadero que atrapa el calor y que puede persistir en el aire durante siglos, proviene en proporciones casi iguales de Estados Unidos y los países de Europa Occidental. Esas y otras naciones ricas invierten en plantas eólicas que hacen potable el agua marina, en barreras contra las inundaciones y hogares flotantes, y en cereales y semillas de soya genéticamente alterados que florecen incluso durante una sequía.
En contraste, África es responsable de menos del 3 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono por quema de combustibles desde 1900, y sin embargo sus 840 millones de habitantes enfrentan algunos de los peores riesgos de sequía y alteración de los suministros de agua, de acuerdo con nuevas evaluaciones científicas.
Al subir el nivel de los océanos con el agua de las capas de hielo que se derriten, los muy poblados deltas de ríos del sureste asiático y Egipto, junto con pequeñas naciones isleñas, son los que corren los mayores riesgos.
Quienes están más expuestos empiezan a hacer oír sus voces. “Aquí tenemos un mensaje qué comunicarles a estos países, que nos agreden al provocar el calentamiento global”, dijo el Presidente Yoweri Museveni, de Uganda, en la cumbre de la Unión Africana celebrada en Etiopía, en febrero. “Alaska probablemente se vuelva buena para la agricultura, y también Siberia, ¿pero dónde deja eso a África?”.
En un reporte emitido en febrero, el panel climático de la ONU señaló que décadas de calentamiento y aumento en el nivel de los mares fueron inevitables con la existente acumulación de gases invernadero, independientemente de lo que se haga para reducir las emisiones futuras.
Michael H. Glantz, experto en riesgos climáticos del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de Estados Unidos, quien ha pasado dos décadas presionando por un mayor esfuerzo en la adaptación al calentamiento, ha pedido que los países ricos ayuden a establecer un centro para el monitoreo del clima y el agua en África, dirigido por africanos.