Durante semanas la confrontación atrajo la atención de personas de toda China, cuando la propietaria de una casa se enfrentó a las fuerzas de la reurbanización a gran escala que se han extendido por China, y bloqueó la preparación para una enorme construcción con un acto de simple voluntad.
Los bloggers chinos fueron los primeros en difundir la noticia, acerca de una casa encima de un alto pedazo de tierra con forma de dedal, cual Monte Saint-Michel del norte de Francia, en medio de una enorme excavación.
Después los periódicos tomaron la noticia, seguidos de la televisión nacional. Luego, de una forma que es común en China cada vez que un suceso comienza a tomar tintes políticos, la noticia prácticamente desapareció de los medios de comunicación noticiosos después de que el gobierno, en opinión de los bloggers chinos, decretó que el tema de pronto estaba prohibido.
La “casa clavo”, como muchos en China la han llamado debido a la tenacidad de la dueña, (como un clavo que no se puede sacar), fue el tema más popular entre los bloggers.
Esto tiene resonancia universal en un país donde se ve que urbanizadores ricos trabajan con políticos y donde ninguno es cuestionado.
Cada año, China es agitada por decenas de miles de disturbios y manifestaciones, y pocos temas cargan tanta fuerza emocional como el descontento de la gente que es desarraigada repentinamente, a quienes se les dice que deben abrir paso a un nuevo rascacielos o campo de golf o zona industrial.
Lo que impulsó el interés en el caso de Chongqing fue la extraordinaria capacidad de la dueña para resistir tanto tiempo. Wu Ping para nada es una mujer común. Con su cabello peinado con precisión y sujetado por detrás, un favorecedor abrigo rojo intenso, pómulos pronunciados y ojos grandes y llenos de emoción, esta restaurantera de 49 años y estatura alta sabe llamar la atención.
Es un arma potente en la nueva era de medios de comunicación en China, en la que la gente intenta usar la opinión pública y apela a la imagen nacional para influir en las autoridades.
“Durante más de dos años no me han permitido el acceso a mi propiedad”, comentó Wu mientras sacudía los brazos y encabezaba una rápida caminata a través del vecindario Yang-jiaping. Es un área en medio de una reurbanización a gran escala, con amplias avenidas, grandes centros comerciales y una línea de monorriel elevado recién construida, desde cuya plataforma casi todos se paran a observar la casa clavo.
Momentos después de su llegada a la puerta cerrada con llave del sitio de construcción, se comenzó a reunir una multitud. Desde el interior, un equipo de televisión del gobierno comenzó a filmar.
“Si fuera una persona común habrían contratado a unos rufianes para que la golpearan”, murmuró una mujer que se vio atraída por la multitud. “La gente común no se atreve a luchar contra los constructores. Son demasiado fuertes”.
A principios de marzo, el Congreso Nacional del Pueblo aprobó una ley histórica que garantizaba los derechos de propiedad privada a las crecientes filas de dueños de casas de clase media urbana, entre otros. Algunos atribuyeron el éxito de Wu a eso, además de su facilidad para generar publicidad.
Wu estableció su caso con un giro ligeramente diferente. “Tengo más fe que otros”, afirmó. “Creo que ésta es mi propiedad legal y, si no puedo proteger mis propios derechos, eso convertiría en una farsa a la ley inmobiliaria recién aprobada. En una sociedad democrática y legítima una persona tiene el derecho legal de encargarse de su propiedad”.
Wu perdió su batalla. Se llegó a un acuerdo en el que su casa fue demolida el 2 de abril.
Las autoridades locales ciertamente estaban ansiosas por deshacerse de ella. “Durante el proceso de demolición, 280 familias estuvieron satisfechas con su indemnización y se mudaron”, afirmó Ren Zhongping, funcionario de vivienda de la ciudad. “Wu era la única a la que tuvimos que desalojar a la fuerza. Aunque ella lleva en su corazón el valor de su casa, lo que tiene en mente no es práctico. Va mucho más allá de los estándares de compensación acordados por los dueños de viviendas y el órgano de valuación profesional”.