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| Pedro X.Valverde Rivera | |
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¡Perro muerto! |
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A esa conclusión estoy llegando, luego de darle mil vueltas al estatuto de la Asamblea, a las declaraciones del Presidente y de importantes pro asambleístas que han apoyado la consulta popular y la Constituyente de plenos poderes.
Como usted se preguntará por qué he llegado a tan lamentable conclusión, me permito razonarla a continuación:
Debemos partir del principio indiscutible (porque constituye piedra angular de cualquier régimen democrático) que la Constitución es la carta suprema según la cual obligatoriamente el Estado cumple con su encargo otorgado por el pueblo.
En ese contexto, el actual estatuto electoral es contrario a la Constitución Política por cuanto estructuralmente contempla facultades y atribuciones ajenas al tenor constitucional. A pesar de ello, la consulta va y la Constituyente posiblemente también.
Entonces, si la Constitución Política no ha sido respetada por los “pro asambleístas” liderados por el Gobierno, ¿por qué respetarían entonces un pinche estatuto que fue cambiado por el señor Presidente al margen del Congreso Nacional?
Si la Constitución Política ya no es la norma suprema, sino el estatuto, que tiene como origen la respetable voluntad del Primer Mandatario, ¿quién impediría que luego decida hacerle unos nuevos “ajustes” antes de la Asamblea? Eso en el evento de que el estatuto estuviere redactado con claridad y transparencia.
Lo grave es que el estatuto podría tener lo que en el argot popular se llama “perro muerto”. Sí, tendría un bulto que huele mal, como un animal en estado de descomposición. Y ese bulto sería la posibilidad de cambiarlo todo, destituirlos a todos, nombrarlo todo y gastarlo todo, con la voluntad de la mayoría simple de los honorables asambleístas.
Todo ello, bajo la solemne frase de “transformar el marco institucional del Estado”, porque para ello bastaría con simples reformas a la Constitución. Sin embargo, el referido estatuto trata a la atribución de redactar una nueva constitución y a la “transformación” como asuntos separados e independientes. ¿Será que la transformación se dará antes de la nueva Constitución, o sea en el camino? Porque si la transformación se da en el camino, a lo mejor la Asamblea de plenos poderes decide quedarse dos añitos, o reformar el estatuto de modo que ya no se requiera el referéndum… ¿Por qué no, si el que “puede lo más, puede lo menos”?
Sin embargo, como toda hipótesis deja de serlo cuando se materializa, el mismo jefe de Estado y algunos otros entusiastas pro asambleístas, entre políticos, líderes ciudadanos, que son precisamente quienes pretenden liderar la asamblea, públicamente han reconocido que la Asamblea puede destituir a toda autoridad pública, al Congreso, al TC e incluso a la Corte Suprema, evidenciando que los “plenos poderes” serían también ilimitados.
Entonces, ¿para qué diablos necesitaríamos una nueva constitución si se puede gobernar desde la asamblea con un estatuto que podemos ir ajustando de acuerdo a las circunstancias?
Con el paso de los días, se va diluyendo mi confianza en quien hace unos meses me hizo volver a tener esperanzas de un futuro mejor; ojalá no me haya equivocado el pasado 26 de noviembre. Creo que muchos ecuatorianos estamos sintiendo lo mismo. |
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| Marco Aurelio García* |
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