La forma indecente en que visten muchas adolescentes hoy es motivo de críticas constantes. Y no sin razón, pues la nota predominante en su vestir es el destape.
Para ser francos, no es de sorprender que se vistan (o desvistan) en tal forma.
El impacto que tiene una cultura que usa a las mujeres para divertirse y para promover sus negocios es muy grave. Estas niñas están creciendo en un ambiente en el que la figura de la mujer aparece por todas partes, exhibida semidesnuda y en posiciones insinuantes, sirviendo como incentivo para seducir al comprador a adquirir cuanta cosa se quiera vender.
El destape en la publicidad y en los medios ha llegado a extremos inconcebibles: jóvenes posando en ropa interior, bikinis o vistiendo telas translúcidas y escotes que dejan ver, en buena medida, sus partes íntimas.
Y así se le está mostrando a las niñas que el cuerpo de la mujer se vende y que está bien exhibir públicamente más de lo que deben.
Además, se les enseña que otra opción para ganarse la vida son sus atractivos físicos y su disposición a mostrarlos, no su esfuerzo ni su preparación, mientras que se alienta su obsesión con la figura y, por ende, se fomentan los trastornos alimenticios.
Por último, en esta forma se promueve también la violencia contra la mujer, pues está visto que el uso indiscriminado de la figura femenina nos convierte en objetos ante los ojos de los demás y nos predispone al abuso.
Lo increíble es que son los adultos los que están utilizando esta clase de escenas en la publicidad y en la industria de la entretención, y por lo mismo quienes le estamos estableciendo a las jóvenes que el cuerpo de la mujer tiene un precio y que está bien exhibirlo por dinero.
Pero esta situación no es solo responsabilidad de quienes usan esta forma de publicidad sensacionalista para promover sus ventas, ni de las jóvenes que se prestan para ello, sino de toda una sociedad que permite, por acción o por omisión, que esto suceda.
Si esta clase de anuncios son usuales hoy día es porque dan resultado, lo que significa que hay mucha gente que admira a las que posan en forma atrevida y compra lo que anuncian.
Es tarea de todos, y en especial de las mujeres, oponernos a la degradación de lo que nos hace exquisitamente femeninas. Somos el centro vital de la humanidad y nuestro cuerpo es solo el reflejo de todo lo bello que hay en nosotras.
Por eso, así como ningún padre quisiera ver a su hija exponerse en público en forma que la haga acreedora a nada menos que el respeto que merece, no se debe alentar a otras a hacerlo.
Por nuestras hijas y las de los demás es urgente evitar que se siga usando a la mujer como mercancía comercial porque con ello no solo se vende su figura sino también nuestra dignidad.
Artículo publicado en marzo del 2006.