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Edición del DOMINGO 15 de Abril del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Budapest, capital del Danubio
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Palacio Real y el río Danubio vistos desde Buda.
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En Budapest
Viajemos: Turismo y aventura

Texto y Fotos: Juan Antonio Narro Prieto

Un paseo por la capital de Hungría nos permite conocer a la que unos titulan 'París de Europa Central'. Budapest es considerada una de las urbes más bellas del mundo. Consta de dos partes que otrora constituyeran dos ciudades independientes: Buda y Pest.

Su nombre recuerda sus orígenes, pues nació de la unión de Buda y Pest, separados por el histórico Danubio. Aunque, en realidad, es la suma de tres antiguos municipios: Buda, Óbuda y Pest.

Buda y Pest son contrapuestas, una especie de polos opuestos que conforman la fisonomía, la historia y el urbanismo de la ciudad.

Buda es la parte más antigua y cada rincón recuerda su imperial pasado austrohúngaro. Mi consejo es subir a pie. Es cierto que hay un funicular y que podemos ir en autobús o taxi, pero la subida merece la pena. Algo cansado, eso sí, puedo asegurar que una vez arriba se olvidan las fatigas. En esta zona encontraremos palacios, palacetes y casas señoriales.

Su estratégica situación sobre una pequeña colina nos brinda extraordinarias panorámicas del Danubio. En ocasiones hay una pequeña niebla, algo incómoda, que puede limitarnos la vista. Esto ocurrió en mi última visita, pero al mediodía normalmente mejora.

Allí veremos impresionantes edificios como la iglesia de Matías (donde se coronaron varios reyes de Hungría), el Palacio Real (transformado ahora en un inmenso complejo cultural tras una extraordinaria reforma obligada por los devastadores efectos de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial), el Bastión de los Pescadores (una fortificación defensiva de original diseño y cuyo nombre guarda relación con unos antiguos pescadores del río que por esta zona vivían), la colina de Gellért, el barrio del Castillo y multitud de rincones, plazas (como la de Clark Adam) y monumentos.

No es extraño encontrarnos, en esta zona, con una gran afluencia de turistas. A veces, todo hay que decirlo, es algo agobiante.

Por cierto, cerca de la Iglesia de Matías se encuentran el restaurante Matías (donde por 20 dólares se come perfectamente) y el Magyar Boris Haza -Domus Vinorum Hungarorum-, una pequeña bodega para degustar y comprar todo tipo de vinos.

Pest representa la modernidad y la zona comercial y financiera de la ciudad. La plaza de los Héroes y su monumento al Milenio, la impresionante avenida Andrassy, la Ópera, el Parlamento (uno de los edificios legislativos más bonitos que conozco), la comercial  y peatonal calle Vaci (aunque algo cara), el Museo Nacional de Bellas Artes, el barrio judío, la basílica de San Esteban (la iglesia de mayor dimensión de Budapest, fácilmente reconocible por su gran cúpula), el "bosque de la ciudad" (con el castillo de Vajdahundyad) o la plaza Vorosmartyi, son algunos de los rincones y edificios que debemos conocer.

En invierno es asombroso ver a los niños patinando con una portentosa agilidad en la pista del bosque de la ciudad. Esto los dejará perplejos.

Si es amante de la música clásica está de enhorabuena porque Budapest es una de las capitales de la música. Intente disfrutar de una representación en la Ópera. Por experiencia propia puedo asegurar que es algo inenarrable. Conviene reservar las entradas con cierta antelación. No hay un precio único, depende de la butaca, de la representación y de la época del año.

Pasado y presente
Budapest, como toda Hungría, sufre un tremendo cambio. Su entrada en la Unión Europea está haciendo olvidar su pasado autoritario adentrándose en un presente y un futuro tremendamente próspero. No debe extrañarnos ver multitud de edificios y casas en rehabilitación. Esto es debido a las pocas inversiones que, en mantenimiento de construcciones, se hicieron en la época comunista.

Ni Budapest ni Hungría cuentan con mar. Sin embargo, la cultura del agua está presente por todas partes.

En primer lugar por su río: el Danubio. El arco que forma su trazado, a su paso por la ciudad, y las impresionantes obras de ingeniería y arte que son, a la vez, muchos de sus puentes obligan a dejar pasar el tiempo mientras nos deleitamos con la simple presencia del Danubio. El más famoso de los puentes es el de las Cadenas, inaugurado en 1849, es una de las fotografías más conocidas y turísticas de la ciudad, pero no debemos olvidar otros como los llamados Margarita, Isabel, Arpad o el de la Libertad (antiguo puente de Francisco José).

Sería imperdonable no cruzar un día por el Puente de las Cadenas para disfrutar con la visión y la vida que el río tiene.

En segundo lugar, la cantidad de baños termales existentes es abrumadora. Para el húngaro ir a los baños es más que una tradición. Se trata de una costumbre. Aquí se habla con amigos, se pasa el tiempo, se hacen negocios o, simplemente, se disfruta y relaja de los ajetreos de la vida diaria.

El reputado hotel Guellért cuenta con unos, no menos famosos, baños (con su célebre piscina rodeada de una preciosa columnata). Aunque se pueden recomendar muchos: Rac, Rudas, Szechenyi, con sus piscinas al aire libre (www.budapestinfo.hu/es/bu
dapest).

Debido a lo populares que son los baños el precio es accesible al bolsillo del húngaro medio y, además de bañarnos, disfrutaremos -si lo deseamos- de unos relajantes masajes. Unos baños son comunes a hombres y mujeres y otros están separados. No hay, en este sentido, una regla fija.

Budapest es también una ciudad con mucha vida. Podemos pasear por isla Margarita, en medio del Danubio, y disfrutar de este envidiable e idílico entorno. Aquí, si el día es apacible, veremos muchas familias húngaras con sus hijos pasando el día.

Podemos también descansar en sus muchos cafés y pastelerías, parar en sus mercadillos, ir de compras por el centro de Pest, conocer su animado mercado central o disfrutar de su rica gastronomía.

Desde aquí hago la invitación para que se apasione por esta ciudad, sienta la grandeza de su historia y se pierda por sus calles. Yo lo hice y, de veras, sentirá la magia de una de las ciudades más bonitas del mundo.

¿Qué comer?
En Hungría se come bien y abundante. Los platos son algo especiados y, en ocasiones, picantes pero tremendamente suculentos. Debemos probar su plato emblemático: el gulash. Un guiso de papas y carne, cuyo secreto es que está condimentado con páprika. 

Para los aficionados de disfrutar de buenos caldos recordar que estamos en una muy buena región de vinos. Hungría cuenta con algunos de los mejores vinos de Europa. ¡Hay que probarlos!

¿Dónde dormir?
Budapest tiene una gran cantidad de alojamientos para todos los precios. Recomendaría el Art'otel (en la zona de Buda junto al Danubio). Un curioso hotel en donde el arte está presente en todo momento (www.artotel.hu <http://www.artotel.hu>) y cuya ubicación permite ver al frente el Parlamento y en su parte trasera  la preciosa colina de Buda.

Los muy sibaritas pueden acercarse al Hilton, en Buda. Ha sido objeto de muchas críticas porque su exterior, para algunos, rompe con el entorno. Lo dejo a que tenga su opinión cuando lo conozca. De todas maneras, la zona de Buda donde se encuentra es bonita para pasear por sus calles empedradas. Lo retrotrae a tiempos pasados.

¿Dónde comer?
Todo dependerá de la plata que tengamos y estemos dispuestos a gastar. Si queremos unos precios baratos pudiendo, a la vez, disfrutar de la gastronomía autóctona, nada mejor que ir al mercado central.

Para una ocasión especial un lugar perfecto es el restaurante Vörös és Fehér (en la avenida Andrassy, 41), famoso por su extraordinaria y variada bodega.

Recomendaría un restaurante que a mí, particularmente, me gustó mucho y a un buen precio. Es el Café-restauranteShakespeare (www.shakespeare.hu)


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