Familias enteras aprovecharon la consulta para instalar negocios.
Carmen Guerra está muy contenta con que haya ganado el Sí en la consulta popular. Para ella esa victoria significa que pronto habrá nuevas elecciones y con ello la oportunidad de montar otra vez su puesto de llapingachos y hornado.
A las cinco de la tarde de ayer esta mujer de 63 años esperaba a sus hijos para llevarse las sillas y mesas de su improvisado restaurante frente al colegio Guayaquil, recinto electoral de la parroquia García Moreno.
Antes de que termine el proceso ella ya había vendido unos doscientos platos, a 2 dólares cada porción, con lo que obtuvo -sostuvo- el doble de ganancias que logra cuando vende igual cantidad en los días del padre o de la madre frente al Cementerio General. "Repartiré la platita con mis hijas que me han ayudado y que también necesitan", señaló.
Julio Quishpe, de 24 años, también superó la inversión que hizo para vender granizados en la parroquia Letamendi. El clima fue su aliado, especialmente entre las 11:00 y las 16:00. "Gasté 40 dólares en hielo y esencias, pero ya recuperé la inversión y he ganado unos 50 dolaritos", dijo. A Jacinto Vera también le fue bien, invirtió 10 dólares en los colorantes, leche condensada y otros ingredientes y obtuvo $ 25 de ganancia.
La jornada electoral palió ayer la crisis económica de miles de ecuatorianos que montaron una gran variedad de negocios para aprovechar la concurrencia de la ciudadanía y con las ganancias cubrir sus principales gastos. Así, por ejemplo, se observó a los acostumbrados plastificadores de los certificados de votación que pregonaban sus servicios afuera de los recintos. "A 20 centavos le plastificamos su documento", decían los comerciantes, adultos y también niños.
Sobre el suelo, en mesas o de forma ambulante, los vendedores convencían para que el votante "lleve su gorra para el sol", el celular de juguete para su hijo y hasta el medicamento ancestral para curar dolencias.
Para Wilson Tierra, de 33 años, quien trabaja en compañía de su madre, su padre, su esposa y sus dos hijos, no importa si gana el Sí o el No en la consulta. Total, opina, no se trata de algo tan importante como elegir diputados o presidente. Lo máximo que espera es "que nos dejen trabajar". Llegó a las 05:00 en un triciclo para vender empanadas, y a las 16:00 ya terminó.
Con el dinero de la venta de 150 empanadas pagará los útiles escolares de sus dos hijos, quienes ya empezaron las clases y aún no tienen los materiales que necesitan.
Otra parroquias
No hubo carpas para atender primeros auxilios de sufragantes
Diferente a lo que sucedió en las elecciones del 26 de noviembre pasado, ayer en la parroquia Bolívar no hubo una carpa con personal médico de la Cruz Roja, Defensa Civil o Policía Nacional para prestar auxilio a las emergencias que se podían presentar durante el proceso.
Según una oficial de la institución policial, que no quiso identificarse, la cúpula de ese organismo a la que ella pertenece tomó la decisión de no instalar carpas en todos los sitios como lo acostumbran en anteriores oportunidades, y más bien optaron por priorizar recursos colocándolas -con un médico o doctora y dos auxiliares- en los recintos donde se esperaba una mayor afluencia de público.
"Para poder atender las emergencias que se presenten se ha dispuesto una ambulancia que recorra este sector y tenemos comunicación permanente con ellos", señaló la uniformada.
Durante la mañana de ayer, debido a la alta temperatura que se registró durante la jornada electoral (llegó hasta los 35°C), lo que se observó en gran medida es que los ciudadanos sufrían de deshidratación, la que intentaban combatir con la compra de botellas de gaseosa, de agua o líquidos hidratantes, cuyo comercio de incrementó durante el día.
Los coordinadores de recinto dicen ser los mejor preparados
El colegio Vicente Rocafuerte es el recinto electoral que acogió a los sufragantes de la parroquia Urdaneta. Hasta ese lugar, a las 05:30 de ayer llegó Patricio Villacís, de 39 años, uno de los siete coordinadores designados por el Tribunal Provincial Electoral del Guayas.
Villacís señaló que hasta el mediodía del domingo no se habían presentado mayores inconvenientes en la conformación de las 30 juntas que supervisó. El día se vistió con ropa cómoda para cumplir la jornada que terminó al entregar en las manos del presidente del Tribunal Provincial su informe y las actas de cada junta.
Es la primera vez que Villacís participa "del otro lado de la fila", como dice, dentro de un proceso electoral. "Le pedí a una amiga que trabaja en el Tribunal que me anote para salir sorteado y me funcionó", relató. Para ello, cuenta, asistió a los cursos de capacitación obligatoria que el Tribunal señaló, porque "los coordinadores de cada recinto son los que deben estar mejor capacitados".
A más de la conformación de las juntas receptoras, los coordinadores deben supervisar que no se haga proselitismo político dentro del recinto y que a las personas en estado etílico no se les permita sufragar.
Perros en los alrededores del colegio Carlos J. Arosemena
En los dos recintos electorales de la parroquia Pascuales (colegios Carlos Julio Arosemena y Cenáculo) los comicios se desarrollaron con normalidad, salvo el retraso de 30 minutos que hubo en la instalación de las juntas en el segundo.
En esta joven parroquia electoral de Guayaquil, que ayer vivió su tercera votación, aumentaron las juntas de 58 a 59. La mayoría conocía el recinto y la mesa donde le correspondía sufragar.
Fue notoria la presencia de observadores de Alianza PAÍS, solo en el colegio Arosemena había doce. Unos portaban sus credenciales y otros las cargaban en los bolsillos.
En las afueras del colegio Arosemena se apostaron decenas de vendedores que atrajeron a los perros que deambulaban en busca de comida y molestaban a los transeúntes.
Terminada la jornada de sufragio el conteo se inició de inmediato. La primera junta que levantó el acta de escrutinio fue la 3 de mujeres, presidida por Lorena Alvarado, a las 17:10.
Conforme se llenaban las actas los coordinadores del Tribunal Electoral del Guayas eran asediados por los miembros de las juntas para que les recojan los documentos y poder irse a sus domicilios.