Pocos fueron los ciudadanos que acudieron a las urnas con atuendos festivos o llamativos.
Para muchos sufragar es motivo de fiesta, de regocijo cívico y ciudadano, por eso para salir de sus casas a depositar su voto escogen sus mejores galas.
Es común en elecciones -sobre todo en las generales- ver hombres y mujeres en traje sastre y hasta de gala, pero la consulta de ayer no generó el mismo entusiasmo.
José Mugerza, por ejemplo, acudió con un jean y una camisa de mangas cortas en compañía de sus hijos María y Kevin al colegio nacional José Joaquín de Olmedo, de la parroquia Sucre. Su madre, Isabel Bohórquez, y su sobrino, Luis Miguel Rodríguez, también lo acompañaron. El joven sí optó por la corbata, pantalón de pinzas y las mujeres lucieron vestidos de colores pasteles. A estas personas no las detuvo los 35 grados de calor que tuvo Guayaquil al mediodía de ayer.
Sandalias, zapatos tenis, pantalones cortos y blusas de tirantes pusieron su huella en las calles aledañas a varios recintos electorales de la ciudad.
Incluso los integrantes de las juntas receptoras del voto, que en algunos casos estuvieron designados por el Tribunal Provincial desde los pasados comicios de noviembre del 2006, vistieron ropa que les permita estar cómodos y frescos.
Uno de estos casos es el de Jimmy Jouvín, quien en pantalón corto presidió la junta 24 de la parroquia Ayacucho. "A medida que avanza el día, el calor se vuelve insoportable, así que para trabajar tranquilo lo mejor es un short y una gorra", manifestó Jouvín.
De otro lado, Jorge Jaramillo contó que el mejor atuendo para acudir a las urnas es "una guayabera blanca, siempre elegante, fresca y propia de los guayaquileños".
No hubo trajes
Durante la mañana no se observó en las inmediaciones de la parroquia Sucre a ciudadanos que acudan a votar con trajes de lentejuelas y zapatos de taco. "Otros años eso era muy común ver por aquí", señaló María Luisa Briones, vecina del lugar. Al parecer, según la mujer de cabellos canos, "la gente ya está cansada de salir a votar por eso se ponen cualquier cosa".
Sombreros, gorras y gafas eran comunes, sobre todo entre las mujeres y los niños. Los hombres prefirieron las zapatillas, camisetas de algodón y pantaloncillos cortos.
Algunos de los precavidos habitantes de esta parroquia llevaron paraguas para cubrirse del inclemente sol, por si la espera era larga o las lluvias de los últimos días de invierno se presentaban.