En su incansable búsqueda de materiales para elaborar puentes peatonales colgantes en las comunidades más olvidadas de países como Ecuador, Tailandia, Camboya y Vietnam, Toni Ruttimann, más conocido como el Suizo, visitó Guayaquil.
El puentero, como se hace llamar, ahora concentra su trabajo en Asia y vino a Sudamérica para visitar compañías en Venezuela y Argentina, donde le regalan planchas metálicas para los pisos de los puentes y tubos. De paso vino al país, "a saludar a mi familia ecuatoriana".
Ahora los cables los consigue en su natal Suiza, de las compañías que operan alrededor de 450 teleféricos.
Antes obtenía todo en Petroecuador y empresas petroleras en el país, pero dicha tarea se ha vuelto complicada porque, según le han indicado, el material de desecho se usa en obras locales. "Ya se dieron cuenta de que no es buena idea tirar los tubos", señala.
En dos décadas de labor (que cumple este año), el Suizo ha construido 358 puentes, todo con material regalado, muy poco comprado, "todo se basa en la amistad", dice. Agrega que en Asia las necesidades son más grandes que acá.
Toni Ruttimann (39), quien casi nunca utiliza su apellido y en todos lados lo conocen como el Suizo, está de paso por Guayaquil. Como todas sus visitas esta también es muy corta pues según su filosofía de vida, su servicio está en el campo, junto a los ríos, donde una comunidad espera la conclusión de su puente de esperanza.
Su historia comenzó en Ecuador y no se cansa de repetirlo en conversaciones y en las charlas que dicta.
Él dice que simplemente cumple el destino de su vida con las herramientas que tiene para hacer el bien. Una de ellas es su laptop, a la que considera su oficina pues desde ella coordina la ejecución de puentes desde cualquier lugar.
¿Qué trae a Toni a Guayaquil luego de más de dos años de su última visita (diciembre 2004)? Bueno, ahora estoy trabajando en Asia y me vine a Latinoamérica porque en Venezuela, en el Orinoco, hay una empresa grande que me regala planchas metálicas para hacer los pisos de los puentes y en Argentina está la compañía Tenaris, que me regala los tubos para Ecuador y el Asia. De paso aproveché para venir a saludar a mi familia ecuatoriana, pues aquí es donde nació toda la historia de los puentes.
¿Nos puede contar brevemente cómo comenzó su aventura de puentero?
En el 87 con el terremoto del 5 de marzo, vi las noticias en Suiza, tenía 19 años y me faltaban 2 semanas para terminar el bachillerato. Lo terminé y esa misma noche me vine con 6.000 dólares que me regalaron amigos y familiares. Sin saber el idioma estuve seis meses e hice mi primer puente. Me regresé a Suiza a estudiar Ingeniería Civil pero solo estudié siete semanas pues todos los días me acordaba de la gente del Oriente. Me decidí y dije lo mío es ayudar en el monte.
Entonces es un ingeniero de siete semanas. No aprendí nada en esas siete semanas, cuando regresé consulté con profesionales amigos cómo se calcula para hacer un puente colgante para personas y a lo largo de los años aprendí a hacerlo. Yo no sé calcular un techo, una columna, no, yo sé calcular cómo hacer puentes colgantes no vehiculares hechos con tubos y cables.
¿Y cuántos puentes lleva construidos?
Exactamente 358 hasta ayer (viernes pasado). Ahora hacemos casi 70 puentes al año y en ninguno hemos tenido problemas.
¿Y ya dejó la chatarra?
No, se sigue usando lo que se consigue, en Ecuador teníamos la esperanza de conseguir tubos usados del Oriente pero se está haciendo difícil porque ahora todo el mundo ya está usando tubos en construcciones locales o de gobierno, entonces como que ya no queda mucho. Creo que hace 20 años todo funcionaba bien. Pero eso no nos detiene, conseguimos de otro lado.
¿Y los traen para acá?
Mire eso es algo que me estorba porque Ecuador siendo un país tan rico en instalaciones petroleras me parece un horror tener que traer tubos cuando podríamos enviarlos a Laos donde no tienen nada.
¿Le salió competencia acá entonces?
Claro, yo estoy seguro que no somos los primeros a los que les van a dar y como no puedo perder tiempo tengo que buscar en otro lado. por eso viajo tanto.
A propósito, ¿Toni Ruttimann tiene alguna residencia permanente?
No tengo residencia, tengo mis dos maletas, la una es mi oficina donde está mi laptop con la que me comunico con todo el mundo y donde diseño los puentes, y la otra que me sirve para llevar mi ropa de trabajo y mis botas. Si no tuviera mi vida en dos maletas sería difícil que me movilice por el mundo en busca de ayuda.
¿Y su patrimonio?
Es móvil. La computadora regalada, el celular regalado, la cámara digital, aparatos de medición, mis botas y mi ropa.
En el 2002 una carta suya desde Tailandia provocó una enorme reacción de alegría, por medio de cartas, reportes y editoriales. Ahí contaba que ya podía caminar luego de superar parcialmente el síndrome Guillain Barré. ¿Cómo se siente ahora?
Ya estoy bastante bien gracias a la gente que me envió sus energías y sus sentimientos y por la gente en Tailandia, en una clínica de paralíticos. Ya puedo caminar, ya puedo seguir siendo puentero como antes, aunque ya no me subo tanto a los cables.
Otro hecho que provocó un bombardeo de cartas a los medios fue cuando un ministro de Energía intentó obligarlo que a cambio de la donación de tuberías, los puentes de Toni lleven el rótulo de "Obra de Lucio". ¿Recuerda eso?
Siempre hemos tenido dificultades de materiales, no solo en Ecuador, siempre ha habido una lucha por la búsqueda de material. Cuando pasó eso yo le dije al ministro que no era justo, que no me parece que la gente que tanto sufre para hacer sus puentes luego haya que decir que fue hecho por el presidente.
¿Y qué se siente tener tantos amigos en el mundo?
En el tiempo de mi enfermedad fue fabuloso. Es como sentir que es una gran familia. Tengo la fortuna de ser como el hijo perdido, el hijo pródigo.
Cuando ocurrió el episodio del ministro incluso se lo quiso candidatizar a Premio Nobel de la Paz. ¿Qué piensa de eso?
Hubo todo un comité que se formó aquí, llamé al señor y le dije que retire la candidatura pues no soy de esos. Mire, los puentes son de la gente, esta historia es de los campesinos, ellos son los verdaderos protagonistas. Lo que sigo es mi sueño. Mi miedo es que si me ponen un premio o cosas de esas la gente pueda creer que yo me alejo y no es así, sigo siendo el mismo de hace 20 años. Además, qué más premio que poder ser puentero y poder caminar.