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| Crece el incentivo a la violencia |
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Hace relativamente pocos años, en Estados Unidos hubo un criminal que metió cianuro en las cápsulas de un popular analgésico y asesinó a muchas personas; otro le dio caramelos envenenados a los niños en las fiestas de Halloween; por su parte, Ted Kasinsky, profesor universitario, se dedicó a enviar cartas y paquetes postales que al abrirlos estallaban, causando varias muertes y lesiones. Poco después, Tim McVeigh hizo volar en pedazos un edificio en Oklahoma City matando a 170 personas. El 11 de septiembre del 2001, fanáticos asesinaron a más de 3 mil personas en Nueva York.
En Ecuador, hace pocos meses, un joven de 17 años enojado con su madre asesinó a puñaladas a sus tres hermanos; una mujer envenenó a dos distinguidas ancianas; y otro mató a dos comerciantes con un bate de béisbol. La lista de casos de seres que han realizado matanzas sin necesidad de armas de fuego es interminable. Eso nos lleva a reflexionar que si bien debe evitarse que los criminales tengan armas, la solución no es tan simple. Vivimos en una sociedad que se aleja cada vez de los principios cristianos y de la solidaridad. La cultura es de irrespeto a la vida.
Antes, si en una película alguien fallecía, toda la trama giraba alrededor de ese hecho lamentable; ahora, de entrada, aparecen matando gente y eso se ve como parte del paisaje, carecen de connotación humana. Los juegos de video también son mayoritariamente a base de matar a quien más se pueda, y se fomenta la cultura del lujo y la concupiscencia como si fueran valores. Las iglesias, principalmente las cristianas, deben salir a luchar muy duro contra esto; los partidos políticos, para merecer tal calificativo, también; igual, los sindicatos, cámaras y la prensa. Es el ser humano el que está mal. Las cosas, por sí solas no hacen ni bien ni mal.
Jorge Wright Ycaza, Guayaquil |
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| El sur pide que lo regeneren |
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Abandonadas están ciertas ciudadelas del sur, específicamente La Saiba, Los Almendros, Nueve de Octubre, que todavía no han sido tomadas en cuenta para ser regeneradas.
Específicamente, Los Almendros tiene dos grandes vías que desembocan en el Mall del Sur y son la avenida Ernesto Albán y la calle José de la Cuadra, zonas con importantes almacenes y locales comerciales que de ser restauradas, realzarían enormemente nuestra ciudadela, la cual está comprendida por muy pocas cuadras.
La ciudadela Nueve de Octubre, por su parte, se ha vuelto tan lúgubre, oscura y peligrosa, al punto de que sus habitantes andan siempre en zozobra.
Todo sector adonde llega la regeneración urbana toma otra cara, la autoestima de sus moradores mejora, disminuye la delincuencia, y lo más importante, nuestra amada ciudad se embellece más. Ojalá a los barrios sureños les toque también la regeneración.
Patricia Valdivieso Racine, moradora del sur, Guayaquil |
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| Reestructuren las parroquias |
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La parroquia urbana más grande en extensión y población que tiene Guayaquil es la Tarqui.
Resulta que cuando llega el día de cada elección (así fue el pasado domingo 15) se forma un caos vehicular y peatonal en la “garganta” o “cuello de botella” que tiene el espacio entre las universidades Estatal y Laica Vicente Rocafuerte. Habitantes de los sectores del norte (asentamientos de los últimos años) pugnan por acudir a sufragar a sus parroquias de origen en el Guasmo (Ximena), Cristo del Consuelo (Letamendi) y Suburbio Oeste (Febres-Cordero), más aún los pobladores oriundos de la Tarqui (Atarazana, Mapasingue, Prosperina, Sauces y Alborada) llegan a dichos espacios que forman el “cuello de botella” para contribuir con el caos, sin contar con la presencia de los vendedores informales.
El Municipio debería establecer como parroquia, a cada uno de los 32 sectores que tiene dividida a la ciudad para el plan de desarrollo urbanístico. Así mismo, el Registro Civil y el Tribunal Electoral del Guayas deben registrar las direcciones domiciliarias de cada habitante de lo que sería, las 32 nuevas parroquias, en que estaría dividida la urbe.
Gilberto Ramos Lozano, ingeniero industrial, Guayaquil |
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| Horarios de médicos |
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Los aportantes al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) deben organizarse para protestar por la atención médica.
Comparto con los afiliados la afirmación de que es una molestia que ciertos doctores hagan esperar demasiado a los pacientes para una consulta programada con anterioridad. Pero es que muchos de esos galenos imparten conocimientos a los estudiantes que en un futuro se convertirán en profesionales de la salud; y no dan sus clases nocturnas sino matutinas.
Recordemos que la mayoría de los hospitales fueron construidos con la finalidad de que se puedan brindar cátedras en sus instalaciones, convirtiéndolos así en hospitales docentes. Si un estudiante de medicina no se forma y ni construye su calidad humana en un hospital, no es estudiante de medicina. Así sucede con un aprendiz de ingeniería u otra carrera, que vive en el lugar donde en un futuro se constituirá en su entorno de trabajo, y si no practica podrá aplicar lo que satisfactoriamente aprendió en teoría. No por el error que cometen algunos doctores –en no atender pronto a sus pacientes– vamos a condenar a todos, aunque sí debemos exigir que se organicen los horarios de los médicos docentes, con la finalidad de que no interrumpan la atención en los hospitales.
Sandra Manjarrés Ramos, estudiante de medicina, Guayaquil |
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| ¿Y las condolencias? |
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Desde que se produjo la tragedia en la Universidad de Virginia (Estados Unidos) no hemos sabido que alguien del Gobierno ecuatoriano haya enviado una nota de pesar al pueblo norteamericano y a los familiares de las víctimas.
Señores del Gobierno, lo cortés no quita lo valiente.
Nelson A. Ricaurte Miranda, Guayaquil |
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| ¡Esto ocurre en Quito! |
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Si con la eliminación del ilegal peaje de la avenida urbana Manuel Córdova Galarza, los 50.000 ciudadanos que residimos entre el redondel de El Condado y San Antonio de Pichincha salimos del limbo, con el pretexto del peaje que jamás se revirtió en la vía, el Municipio de Quito se hizo de oídos sordos frente a los requerimientos de infraestructura y servicios para semejante cantidad de gente, argumentando que somos “rurales” y sujetos a la jurisdicción del Consejo Provincial de Pichincha.
El Consejo decía que solo le atañe la administración de la vía. Y con excepción de las magras asignaciones que por ley transfiere este último a las juntas parroquiales de Pomasqui y San Antonio de Pichincha, y de la ampliación de las redes de agua potable que la Emapq tenía que completar a lo largo de la vía; el abandono de la zona ha sido funesto: calles convertidas en mercados, insalubridad, caos vehicular, accesos a ciudadelas y barrios convertidos en quebradas, servicio de recolección de basura menos que mediocre, inseguridad ciudadana y ausencia de planificación para un sector llamado “turístico”. ¡Qué vergüenza! En contraste, todos los habitantes, incluyendo importantes empresas privadas, venimos pagando impuesto a los predios urbanos, tasas por servicios, patentes mensuales y anuales, impuesto al rodaje, etcétera; sin embargo, frente al justo requerimiento de que el Municipio de Quito debe asumir el mantenimiento de la avenida urbana Córdova Galarza, las autoridades locales dicen que no tienen plata. Ahora, luego de pagar peaje durante 28 años, los 50.000 habitantes “rurales” que cancelamos impuestos “urbanos”, también debemos subsidiar los servicios del centro de Quito y los “elefantes blancos”. A través de la figura constitucional del hábeas data, el Cabildo quiteño y sus autoridades nos tendrán que informar cuántos contribuyentes somos, cuánto pagamos y cuánto han gastado en el sector. Se acabó el abuso. La ciudadanía despertó. Nunca más peaje.
Jorge Alfredo Proaño Bonilla, economista, Quito |
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| Nuevas provincias |
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La oferta desmedida –del presidente Rafael Correa– de la provincialización de Santa Elena, de consumarse, en un futuro traería consigo nuevos recortes y estancamiento en los presupuestos financieros de los consejos provinciales de todo el país.
No solo se atenta al país al crear nuevas provincias, sino que traería más bien un retroceso grave al proceso de inversiones proyectadas en cada una de las provincias existentes, por cuanto el presupuesto se reduciría; más aún para Guayas que es la que genera más productividad financiera y económica en Ecuador. Desde hace más de una década se habló y entendimos que el proceso autonómico o de autonomía es el camino más viable para las cuatro regiones que tiene el Ecuador.
No vayamos a retroceder con el fin de cumplir ofertas politiqueras que tanto se pregonan y que hacen mal al país.
José Enrique Rivera Bravo Guayaquil
Como guayasense tengo la obligación moral de advertir que están promocionando las provincializaciones en la península de Santa Elena y en Santo Domingo, y estos proyectos aparte de querer ser bienintencionados (vistos con ojos realistas y no apasionados), vienen a ser absolutamente inconvenientes y antihistóricos para los mismos interesados y para el país.
Negativo ha sido el divisionismo latinoamericano. Qué diferente sería si nunca nos hubiésemos disuelto como la Gran Colombia que fuimos. Hoy seríamos una nación con una gran capacidad negociadora con las grandes potencias del mundo. Las provincias pequeñas que se formaron (dividiendo a las más grandes) como las de Bolívar, Cañar, Sucumbíos, Orellana, algunas con décadas de creación, no mejoraron su estatus económico ni de infraestructura. Presentemos al Congreso la creación de una nueva denominación administrativa, que podría ser la de condado o distrito, que se daría a las ciudades que han sobrepasado los 150.00 habitantes y tengan una importante zona de influencia. Esas urbes seguirían perteneciendo a sus provincias, pero tendrían un presupuesto especial y otros beneficios.
Stanley Díaz López, Naranjito |
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