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Impulsadora de verdadera rehabilitación |
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| Soledad Rodríguez León siempre quiso rehabilitar presos. | | |
| Abril 28, 2007
“Si comienzo a ver el sufrimiento de otro como algo muy normal, dejaré de ser humana...”, era uno de los pensamientos de Soledad Rodríguez León, socióloga de 52 años, que entró a laborar en la Penitenciaría del Litoral el 1 de octubre de 1986.
Desde la oficina de coordinación de procesos de rehabilitación, en una de las últimas entrevistas con este Diario, contó que cuando llegó al lugar la invadía el nerviosismo, por el peligro que ahí ha existido. Pero con el tiempo lo perdió, incluso llegó a convertirse en mediadora de motines carcelarios.
Su gestión, que abarcó la etapa de transición, enfocada en la rehabilitación, resocialización y reinserción de reos, la llevó a la dirección en varias ocasiones. En la cárcel levantó una panadería para las mujeres, y fecundó la creación de talleres, granjas, un grupo de teatro y otro musical, para los varones.
Siempre recordaba los más de diez robos que sufrió en las calles. Reconocía que sentía impotencia, resentimiento y hasta había llegado a pensar en claudicar de sus ganas de ayudar a los presos, pero “después que pasa el mal rato reacciono y no dejo de creer en que la rehabilitación sí es posible”, decía.
La sobreprotección a los reos fue uno de los errores que se le endilgó. Ella se defendía diciendo que su experiencia le había enseñado que es cierto que hay presos violentos, pero todos necesitan oportunidad de ser libres y solo así no significarían un riesgo para la ciudadanía si el sistema tuviera programas para que, cuando recuperen su libertad, los ex reos se reinserten a la sociedad como elementos productivos y no nocivos.
Algunos compañeros de la Penitenciaría la criticaban de proteger demasiado a los reos. Incluso en más de una ocasión debió acudir a la Defensoría del Pueblo para enfrentar acusaciones. Ella creía que muchos la criticaban y detestaban solo por pedir respeto para los presos.
Sostenía que ciertos empleados de la cárcel tenían un comportamiento de carceleros y no de rehabilitadores. Pero esas situaciones ya están archivadas en la historia. Hoy, en la Penitenciaría del Litoral queda el recuerdo de la mujer socialista que luchó por rehabilitar y que siempre repetía esa canción que dice: “Solo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre vacía y sola sin haber hecho lo suficiente...”.
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El comité femenino de la Sociedad Italiana Garibaldi realizará el próximo 4 de mayo un día de spa para las socias y esposas de socios en su sede, en homenaje al Día de la Madre.
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