La principal finalidad de una ventana, aquel agujero por el cual se comunican las luces de un espacio interior y exterior, es el paso del viento (ventus, en latín).
Más allá de las necesidades naturales de viento, luz y comunicación entre estos, la ventana, presente casi siempre en la fachada de una casa, constituye uno de los elementos primordiales de su composición estética. Y junto a ellas siempre encontraremos el componente ideal: las cortinas, elemento de privacidad.
Es muy común desear ver hacia el exterior sin que desde fuera se pueda ver lo que hay o sucede dentro.
La variedad de cortinas, ya sean romanas, persianas, contraventanas o cortinas de rodillo, proporcionan intimidad y control de la cantidad de luz que entra en el espacio.
En el caso de las persianas, estas se pueden abrir o cerrar para crear para permitir que entre una cantidad grande de luz en el espacio o cerrarlas para un aislamiento completo. Por ejemplo, las cortinas romanas tienen una cuerda tejida a lo largo de la tela de la cual podrá tirar para levantar la cortina como un acordeón.
Las persianas graduables, también llamadas persianas horizontales, tienen listones horizontales que puedes inclinar hacia arriba o abajo para ajustar la cantidad de luz que entra en tu espacio.
Las persianas de madera ofrecen intimidad, belleza y aislamiento natural. Puedes conseguir persianas de madera con listones de una pulgada o de dos pulgadas (2.5-5.0 mm).
Según la diseñadora de interiores Vicky Lee Lazo, la modernidad en sentido estético también se logra con el color plateado y el aluminio que como podemos ver en los diseños de Lazo, tiene perforaciones pequeñas que dejan entrar la luz ideal para ventanas altas en baños o espacios que no se deseen oscurecer por completo.
Las persianas de aluminio clásicas son una opción decorativa bastante económica puesto que es un material que combina con los estilos de actualidad.