Hasta él quiere ser inteligente. Ya se cansó de permanecer relegado al plano puramente subjetivo, abstracto o religioso. Es el espíritu de cada uno. Aquel acompañante silencioso, consciente e invisible que habita en todos los seres humanos.
Antiguamente nadie hubiera imaginado que fortalecer algo tan abstracto significaría transformar vidas. Pasar de ‘un antes a un después’, en un mundo donde estudiar mucho no asegura la felicidad, y volver nuestra mente emocionalmente inteligente, tampoco.
Nuevos pensamientos
Al parecer ya quedaron atrás otros tipos de inteligencias. Nada es como antes. El reconocido coeficiente intelectual popular en el siglo XX, bajó su nivel de prioridad. Se trata de una inteligencia analítica capaz de elaborar conceptos y hacer ciencia. Luego vino la emocional de manos de David Goleman, quien la popularizó. La inteligencia emocional analiza, en cambio, el coeficiente emocional, pues la estructura base de los individuos no es razón sino emoción. Para Goleman, somos seres de pasión, de empatía, de compasión y solo después, seres de razón.
Estudios realizados en campos magnéticos y eléctricos del cerebro demuestran otra clase de inteligencia, que no capta datos, ideas ni emociones, sino que percibe contextos mayores de nuestra vida, totalidades significativas. Nos vuelven sensibles a valores subjetivos e incuantificables. A cuestiones relacionadas con una fuerza superior, sea Dios para creyentes, o a un todo para no creyentes. Es la inteligencia espiritual, donde se mide el coeficiente espiritual, propio de una espiritualidad orientada a visiones trascendentales.
A pesar de lo abstracto de las emociones, la gente no puede negar su existencia. Así como muchos reconocen al espíritu como un ser inmaterial pero real. Por ello, el coeficiente espiritual propone mejorar la comunicación consciente con lo divino. Acercarse a Dios y a su naturaleza a través de la razón, usando la inteligencia para comprender nuestra misión en su plan de vida.
Punto Dios
Estudios realizados por Michael Persinger, neurofisiólogo; Vilayanur Ramachandran, neurólogo, y la física cuántica Danah Zohar, indican que la base empírica de la inteligencia emocional reside en la biología neuronal, produciendo una experiencia de exaltación y alegría intensa. Incluso a esa región de los lóbulos temporales la denominaron ‘Punto Dios’.
Según ellos, el universo ha evolucionado durante millones de años, hasta producir en el cerebro un instrumento que capacita al ser humano, percibir la presencia de Dios. Un Dios siempre presente, pero imperceptible a nuestro consciente. “La presencia de este Punto Dios representa una ventaja evolutiva de nuestra especie, pues la espiritualidad pertenece a lo humano y no a monopolios de religiones”, opina Persinger.
En Guayaquil
Para Carol Farah, director de la Escuela Gnóstica de Educación Continua de la ciudad, la inteligencia espiritual es la capacidad de relacionarse adecuadamente con uno mismo. Más allá de aspectos psicológicos, esta resume con mayor profundidad cuestiones del ‘yo’ interior. “Una persona psicológica es aquella que se da cuenta de sus errores y busca modificarlos”. Según él, es una inteligencia que acrecienta dimensiones de la conciencia.
Considera que la vida es un constante trabajo, donde la gente debe decidir cómo reaccionar ante determinadas situaciones. Las crisis y problemas deprimen y estresan, sin embargo, las personas inteligentes espiritualmente toman lo bueno de momentos difíciles y aprenden de ellos. Encuentran posibilidades de crecer.
Cualidades fuertes
Quienes cultivan un mejor coeficiente espiritual mejoran su capacidad de comprensión. Se convierten en personas empáticas, comprendiendo a plenitud las emociones de otros. “Alcanzamos la felicidad gracias también a la meditación de las cosas que nos suceden”, explica el especialista. La inteligencia espiritual muestra cómo hacer un ‘alto’ en medio del constante vaivén y cómo controlar las emociones. Detenerse y percibir cada zona del cuerpo. Regresar al corazón y escuchar con calma los latidos.
“Pues somos seres espirituales que estamos viviendo una experiencia material. Aprendemos a estar en paz e irradiar esa coherencia en nuestros actos”, dice.
Asimismo, Sandra de Camba, psicóloga clínica y coordinadora de la Escuela Gnóstica, practica la inteligencia espiritual hace más de veinte años y confiesa sentirse realizada en todos los aspectos de su vida. Camba explica que el buen coeficiente espiritual ayuda a tener una visión más amplia de nosotros mismos y de nuestra misión en el mundo. Un constante reencuentro con nuestro interior.
“Las personas inteligentes espiritualmente pueden soportar grandes dolores físicos y emocionales porque mejoran su capacidad de respuesta ante las adversidades y viven la vida intensamente”, señala Camba, una psicóloga que piensa que cada situación vivida tiene una respuesta y una razón de ser. (A.G.)
Escuela Gnóstica de Educación Continua. Telf: 221-1472.
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Pues somos seres espirituales que estamos viviendo una experiencia material. Apendemos a estar en paz e irradiar esa coherencia en nuestros actos”.
Carol Farah