En “Lust in Translation” (Lujuria traducida), un estudio global de cómo varía el adulterio de país a país, Druckerman cita este consejo para las mujeres que engañan a su marido: “Trate de no verse demasiado feliz. Si nunca cantó en la ducha, no empiece ahora”.
La fuente es la revista Cosmopolitan. ¿De cuál edición se trata? En su búsqueda de conocimiento tabú, este libro hace escalas en Japón, Sudáfrica, Francia, Indonesia y Estados Unidos. La advertencia del canto en la ducha procede de la edición rusa de la revista Cosmo, pero constituiría un excelente consejo en cualquiera de estos lugares.
“Lust in Translation” se divide en regiones geográficas y cada una de ellas lleva a Druckerman, ex reportera de The Wall Street Journal, a enunciar una nueva serie de generalizaciones. Los relatos del libro están contados de forma pintoresca y suelen ser entretenidos.
Un francés le comenta a Dru-ckerman que “había abandonado su terapia psicológica poco después de conocer a la mujer que se convirtió en su amante, porque por fin había encontrado la felicidad”.
Los finlandeses infieles están excepcionalmente a gusto con su comportamiento, tal vez porque la prensa de su país no es moralista al respecto y porque viajan mucho. Ellos responden a preguntas de encuestas sexuales con la mejor de las disposiciones, dado que la encuestadora que toca su timbre probablemente está vestida de enfermera.
Aunque su autora radica ahora en París, “Lust in Translation” dedica particular atención al comportamiento estadounidense y al negocio de consejos que ella llama el complejo marital-industrial.
“Nunca me di cuenta de la cantidad de cosas que podían no funcionar en un matrimonio hasta que vi todos estos remedios”, se maravilla. Un adúltero estadounidense en recuperación puede esperar pasar “miles de horas” hablando de su aventura y pidiendo perdón, el que puede no serle concedido nunca. Mientras tanto, un francés explica que se sintió razonablemente justificado en optar por el sexo extramarital debido a la apariencia física de su esposa. “No siento mucho culpa, porque le pedí tantas veces que cambiara, que usara ropa más linda, más sexy, que fuera al estilista”, expresa.
En Rusia, Druckerman encuentra una actitud jactanciosa respecto al sexo, combinada con una confusión en torno al cambio de costumbres desde la caída de la Unión Soviética.
Lo más perturbador de este libro es su visión de los países africanos, donde el sida y la negación forman una combinación tóxica. En Japón, la autora encuentra que el adulterio es una obsesión, pero gran parte de ello es una ilusión.
“Incluso muchas aventuras japonesas parecen ser virtuales, más un asunto de anhelo exquisito, que sexo de verdad”, dijo.