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Escritor recibe respeto que quería póstumamente

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Philip K. Dick, muerto en 1982, escribió ciencia ficción influyente.
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Mayo 13, 2007

Por CHARLES McGRATH

Durante toda su vida, el escritor de ficción Philip K. Dick anheló lo que él llamaba el reconocimiento. Quería ser un escritor literario serio. Dick, quien consumía hasta mil pastillas de anfetaminas a la semana, también era más que paranoico.

A principios de los años 70, cuando finalmente había obtenido cierto reconocimiento por parte de críticos académicos y teórico literarios —notablemente del escritor polaco Stanislaw Lem— se volvió contra todos ellos: escribió una carta al FBI en la que afirmaba que eran agentes de la KGB que intentaban apoderarse de la ciencia ficción estadounidense.

Por todo ello, es difícil imaginar lo que Dick, quien murió en 1982, a los 53 años, hubiera pensado del hecho de que este mes alcanzó la cumbre de la respetabilidad literaria. Cuatro de sus novelas de los años 60 —“El hombre en el castillo”, “Los tres estigmas de Palmer Eldritch”, “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” y “Ubik”— serán reeditados por la editorial Library of America. Quizás se sentiría satisfecho, o quizás exigiría saber por qué sus otros cuarentaitantos libros no recibieron el mismo honor.

Otra cosa que probablemente lo divertiría y molestaría a más o menos igual medida es la excepcional cantidad de películas que se han hecho a partir de su obra, desde “Blade Runner” (adaptada de “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”), que cumple 25 años este año y estará disponible en unos meses en un DVD especial de “edición final”. La más reciente, “Next”, tomada del cuento “El hombre dorado”, estelarizada por Nicholas Cage, como un mago capaz de ver el futuro, y Julianne Moore, como una agente del FBI ansiosa por obtener su ayuda, se estrenó en Estados Unidos en abril. En proceso de rodarse está un filme biográfico estelarizado por Paul Giamatti, quien tiene un parecido físico con el autor, quien para el final de su vida tenía la pálida apariencia de un tipo que no pasa mucho tiempo en el sol.

Dick murió mientras “Blade Runner” aún se encontraba en producción. Probablemente sea la mejor de las películas de Dick, aunque no la más fiel. (Ese honor probablemente pertenece a “Una Mirada a la Oscuridad”, estrenada en Estados Unidos el año pasado.)

A Dick le interesaba relativamente poco el lado futurista y predictivo de la ciencia ficción y adoptó el género simplemente porque le daba libertad de dejar volar su imaginación.

En gran medida, el futuro de Dick es muy parecido a nuestro presente, aunque un poco más sucio. Este sentido de desorden y deterioro es lo que Ridley Scott evoca tan bien en “Blade Runner”, con sus sórdidos paisajes urbanos lluviosos, y lo que le faltó a Steven Spielberg, en su ligeramente esquizoide “Minority Report: Sentencia Previa”.

El tema de “Minority Report: Sentencia Previa” —la precognición, o la idea de que ciertas personas pueden ver el futuro, no siempre con resultados felices— fue una idea que Dick comenzó a explorar a mediados de los años 50.

En los 60, Dick dedicó sus energías a escribir novelas. A excepción de “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” y “Una mirada a la oscuridad”, las novelas no se prestan tan fácilmente a la imaginación hollywoodense.

La razón es que son mucho más difíciles de reducir a un solo concepto o trama. Tres de las novelas que aparecen en el volumen del Library of America —“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, “Los tres estigmas de Palmer Eldritch” y “Ubik”— son probablemente las mejores de Dick.

Las tres están centradas en dos grandes interrogantes que se convirtieron en su obsesión: ¿Cómo sabemos qué es real y cómo sabemos qué es humano? No está uno para saberlo, pero usted podría ser un robot, o quizá yo lo soy, simplemente programado para considerarme una persona; y esta cosa a la que llamamos realidad podría ser sólo una alucinación colectiva.

Este tipo de especulaciones toma auténtico interés en la obra de Dick porque lo dice en serio y porque llena al desenlace de anhelo. Sus personajes —como Rick Deckard, el caza recompensas que persigue androides en “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”— quieren desesperadamente algo auténtico en qué creer, y los libros sugieren que la calidad de la creencia podría ser más importante que la autenticidad.

Sin duda, las novelas de Dick contienen un elemento autobiográfico; se leen como la obra de alguien que sabe, por experiencia, qué se siente alucinar.


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