Ante miles de jóvenes condenó el narcotráfico; prevé partir en la noche.
El Papa condenó ayer a los narcotraficantes y dijo que deberán rendirle cuentas a Dios por el daño que están causando a jóvenes y adultos en América Latina, con cuyos obispos mantuvo un primer encuentro.
Al visitar el centro católico de recuperación de adictos Hacienda La Esperanza, Benedicto XVI equiparó el narcotráfico con los abusos contra los “pequeñitos”, con una alusión a un pasaje evangélico utilizado para referirse a la pedofilia.
Con camisas blancas de cuello y mangas amarillas, los colores de la bandera del Vaticano, cerca de 1.500 jóvenes, que reciben tratamiento en el centro, aplaudieron de pie parados sobre sus improvisados asientos de cajas de cartón las palabras del pontífice de condena a los traficantes.
La visita precedió a un almuerzo con la presidencia de la Asamblea de la Conferencia de Obispos de América Latina y el Caribe (Celam), que el Pontífice instalará hoy en el Santuario de la ciudad de Aparecida, en el interior de Sao Paulo.
El Papa hizo referencia al problema de las drogas, condenando la violencia y la degradación humana que promueven, en un país que vive a diario sangrientos enfrentamientos provocados por bandas ligadas al tráfico, que han llegado incluso a paralizar con acciones delictivas la vida de millones de personas.
“Brasil posee una estadística, de las más relevantes, en lo que dice respecto a dependencia química de drogas y estupefacientes. Y América Latina no se queda atrás. Digo a los que comercializan droga que piensen en el mal que están provocándole a una multitud de jóvenes y adultos de todos los segmentos de la sociedad: Dios se los va a cobrar”, dijo en el centro, ubicado entre las sierras de Guaratinguetá, estado de Sao Paulo.
Su discurso fue presenciado por unas 7.000 personas, entre ellas las rehabilitadas en esa finca de 250 hectáreas. La institución fue creada allí por el sacerdote alemán Hans Stapel en 1983 y hoy tiene filiales en Alemania, Filipinas, México, Paraguay, Argentina, Guatemala, Rusia y Mozambique.
El acto fue el evento en que Benedicto XVI se mostró más cercano a la gente, dando abrazos a varios jóvenes y niños que subieron al escenario. Rumbo a su automóvil, se detuvo para sacarse fotos con jóvenes.
Sentado en un trono de madera fabricado en la propia Hacienda, presenció un breve espectáculo de canciones y danzas y los testimonios de los rehabilitados, y se levantaba y abrazaba a quienes acababan de contar su historia.
Antonio Euterio, de 44 años, primer paciente curado, agradeció a la Iglesia por haber conseguido superar su adicción. “Entré a la droga a los 19 años. Para llegar a ella muchos me ayudaron, pero para salir solo la Iglesia me tendió su mano”, dijo emocionado.
Desde su llegada a Sao Paulo el miércoles pasado, el Pontífice hizo hincapié a los jóvenes en que no se aparten de los caminos de comportamiento acordes con el catolicismo. Criticó reiteradamente el “hedonismo” y el “relativismo” de los valores e insistió en que cultiven las normas católicas de castidad y virginidad.
Hoy se espera la asistencia de miles de personas en la misa en la explanada de la Basílica de Aparecida. En la tarde participará en la Conferencia de Obispos de América Latina y el Caribe.
Donación
El Papa donó 100.000 dólares a la Hacienda La Esperanza, dinero que será usado para pagar deudas, algunas contraídas con la organización de la ceremonia, dijeron funcionarios.
Rehabilitación
En Guaratinguetá, la Hacienda La Esperanza acoge a unos 200 adictos que se someten a un tratamiento que excluye el uso de medicinas y se basa en labores en el campo, oraciones y meditación.
Sube demanda de milagros
De 5 mil a unos 30 mil “píldoras” (papelitos con una oración) se incrementó la demanda en el Monasterio de la Luz a la espera de un milagro de Fray Galvao recién consagrado santo por el Papa.
Daniel Bergione
Feligrés argentino
“El discurso de Benedicto XVI es un poco fuerte, es como el de un papá que rezonga, pero hay que escucharlo”.