En un momento apacible del referato sudamericano, el colombiano Óscar Julián Ruiz sigue en la cima. Sin Horacio Elizondo en el camino, el único que podría discutirle el liderazgo es el uruguayo Jorge Larrionda.
Óscar Julián Ruiz, el abogado colombiano de 37 años, es el árbitro que más partidos internacionales dirigió en la historia del fútbol sudamericano. Con tres agregados: 1) Es el primer referí del continente en superar la barrera de los 100 encuentros. Lleva 101. 2) El que más finales ha disputado: ocho. 3) Está a solo dos partidos del récord histórico de la Libertadores, aún en poder del brasileño Arppi Filho, con 56 dirigidos. Pero el jueves pasado quedará a solo uno, pues está designado para conducir Boca-Libertad.
La estadística no sería tan notable si no se agregara que, por edad, a Ruiz le quedan aún siete años más para engrosar semejante registro.
Marcelo Mármol de Moura, inquieto sabueso que olfatea números y datos, se sumergió en las profundidades del archivo y realizó esta curiosa investigación. En realidad no debería sorprendernos por tres razones: a) actualmente hay muchísimos más partidos y torneos que hace dos décadas, por eso los jueces antiguos no entran en la carrera.
b) La irrupción de Óscar fue fulminante: arrancó en 1995 en un Sudamericano Sub-17 (tenía 25 años) y, vistas sus actuaciones, lo designaron esa misma temporada para la Copa América. c) Sus grandes dotes para el difícil arte de impartir justicia.
“Es un hombre confiable”, opina el ex juez uruguayo Juan Daniel Cardellino, miembro de la Comisión de Árbitros de la Conmebol. Y lo describe: “Está siempre actualizado y es muy parejo, falla poco técnicamente y en lo disciplinario controla bien el juego. Muestra serenidad y es preciso. Lleva doce años en el máximo nivel; es difícil encontrar otro árbitro con tanta experiencia y tan joven”.
En agosto del 2002 lo entrevistamos; le preguntamos cuál era su receta para dirigir. Contó que se la había dado su padre, también Óscar y también juez de primera división: “No se complique, marque lo que vea”.
Pese a sus grandes cualidades, el hombre de negro más exitoso de Sudamérica pide tolerancia: “El árbitro es un ser humano que tiene centésimas de segundo para tomar una decisión importante, y por esta circunstancia es factible de equivocarse, no hay que olvidarlo”.
Considera al fuera de juego el punto más urticante para el colegiado.
“La velocidad con se juega, las nuevas tecnologías que se aplican a la pelota, que la hacen más rápida, y los sistemas tácticos tornan difícil acertar el offside en un 100%”.
Hemos tenido la fortuna de ver a otro extraordinario colegiado colombiano, José Joaquín Torres, toda una garantía para partidos que queman. Son similares en el alto porcentaje de aciertos, aunque con diferentes estilos. Más enérgico Torres, diplomático Ruiz, aunque una vez que tomó una decisión la mantiene con firmeza.
En un momento apacible del referato sudamericano (más allá de algún error puntual, casi no hay quejas sobre los arbitrajes), Ruiz sigue en la cima. Sin Elizondo en el camino, el único que podría discutirle el liderazgo es el uruguayo Jorge Larrionda.
Por serenidad, conocimiento de las reglas y ecuanimidad, Ruiz es un árbitro nacido para los partidos clave. A los 22 años le confiaron un Millonarios-Santa Fe, el clásico más picante del fútbol cafetero. Ha conducido finales de Copa América, Libertadores, Supercopa, Mercosur, Merconorte, Intercontinental.
Y como Elizondo, Óscar merece una final del mundo. Se le puede dar en Sudáfrica, su tercer Mundial. Diría la publicidad de la tarjeta de crédito: asistir a un final de Copa, 100 dólares; que la dirija un árbitro ecuánime, no tiene precio.