|
Te creo posible: eres la suma de todas las eventualidades. Te busco con pasión desde siempre. No practico ninguna religión, veo que tus hijos llegan a odiarse, despreciarse por no tener las mismas costumbres, los mismos mandamientos, la misma comida; salen de sus templos como si nada, comulgan con ruedas de molino. Casi todos los políticos dicen creer en ti, mas obran movidos por ambición, codicia.
¿Por qué se matan los hombres, mueren millones de niños? No por culpa tuya, por cierto, sino por la desidia de seres supuestamente dotados de razón. Si creaste el mundo, lo hiciste para todos pero unos lo acapararon, otros quedaron goleados, burlados, frustrados y cabreados.
¿Por qué permites que fallezcan tantos por la locura de tan pocos? Once millones de muertos con Adolfo Hitler, quién sabe cuántos por el capricho de un iluminado llamado George Bush. ¿Por qué el odio, el asesinato a sangre fría, la violación, la opresión, la sangre que brota a chorros de la pantalla si uno presiona ciertas teclas de la computadora? Me siento tan poca cosa con aquel cupo de ternura que intento ahorrar, mi peculio tan miserable de buena voluntad, la dulzura que siento brotar desde todo mi ser y quisiera repartir como se divide una hogaza. Dime algo, mi posible Dios de pan y vino, rostro escupido, lacerado, pequeño Dios tan infinito, con las huellas en tu cuerpo de lo que sufrieron, sufren o sufrirán los humanos. Tu retrato se halla encima de mi computadora. Es una foto tomada de la película de Mel Gibson a quien acusaron de haber exagerado la dosis cuando en realidad fue mil veces peor. Más allá de los clavos, la lanza, las espinas, los latigazos, la asfixia lenta con el peso del cuerpo en la cruz de madera, estuvo la angustia de todo lo que había ocurrido, lo que sucedería. Sudaste sangre. Quisiste tirar la toalla. No dabas más. Si es cierto lo que cuentan Mateo y los tres otros, viste derrumbarse las Torres Gemelas desde Getsemaní, los excesos en los que iba a caer tu Iglesia, las orgías de los Borgia, la Inquisición, los escándalos de la pedofilia en el Clero, viste también a una Madre Teresa apachurradita, esmirriada, cara de manzana arrugada, inmensísima en su pequeñez, viste a Gandhi de desnudez más lujosa que oropeles de marca. Viste a Martin Luther King con la sangre roja manando de su carne negra, a Beethoven, Bach, Mozart, Da Vinci, Miguel Ángel y los otros. Viste perros dejarse morir de amor, hormigas más nobles y laboriosas que la mayoría de los homínidos. Viste nacer catedrales, mezquitas, sinagogas, templos donde supuestamente la gente iría en busca tuya, siendo todos hermanos, no rivales.
¿Viste cómo depredaron tu jardín perfecto del Génesis? Lo de Adán y Eva fue una tontería al lado de lo que hicieron sus descendientes, saqueándolo, desangrándolo, explotándolo hasta acabar con él. Contéstame, por favor: ¿Hasta cuándo vas a aguantar eso? ¿Cómo hacer, mi Dios, para que el amor se vuelque en la tierra, florezca de nuevo la ternura en una Navidad cualquiera?
|