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Edición del DOMINGO 13 de Mayo del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Desconectados con el colegio
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La clave es comunicarse

Un estudiante no rinde académicamente y para sus padres y profesores esto puede ser signo de pereza. Sin embargo, detrás de este desempeño puede existir un descontento del joven con el colegio y sus estudios.

“¡Mamá!, no me gusta el colegio, no quiero estudiar” es tal vez una de las frases más comunes en labios de estudiantes de secundaria, ahora octavo a décimo de educación básica y los tres cursos de diversificado. Sin embargo, lo que nunca se analiza son las razones para que un adolescente (desde 13 hasta 18 años de edad) o un preadolescente (de 10 a 12) llegue a pronunciar esta conocida frase o una similar. En la mayoría de los casos, padres y profesores asumen que la falta del deseo de estudiar es una muestra de desinterés.

Para Jennifer (nombre protegido), de 17 años, implicó incluso el retiro del colegio donde estudiaba. Comenta que la especialización que tomó en cuarto curso no le gustó, porque la sintió complicada y solo pudo manejarla el primer trimestre.  “El segundo se me hizo un poco difícil y el tercero ya no di ni para adelante ni para atrás”, agrega la joven,  quien dejó un reconocido colegio fiscal por dificultades académicas, pero nunca ha manifestado el deseo de abandonar sus estudios.

La psicóloga clínica Patricia Nevárez Páez, quien posee una maestría en educación, manifiesta que casos como el de Jennifer se dan en una proporción muy pequeña en un grupo grande de estudiantes, aunque tiene que ver mucho con la historia familiar. Pero a la vez propone el diálogo y la observación de parte de padres y profesores para que el joven que no se adapta al lugar donde estudia pueda ser detectado y ayudado a superar sus problemas.

Causas y casos
En realidad la no adaptación al lugar donde se estudia no es un síndrome, ni una enfermedad, pero existen ciertos casos reconocibles. En primer lugar está la tradición familiar que se ejecuta cuando el estudiante no participa en la selección de su colegio, sino que acude a aquel donde se ha graduado la mayoría de su familia (padres, tíos, hermanos, primos). Solange (nombre protegido) parece encontrarse en este caso, pero ella afirma que se siente a gusto en su plantel.

Solange, de 15 años de edad y actualmente en cuarto curso sociales, dice que entró al colegio donde estudia porque su mamá la inscribió ahí desde primer curso y no en el colegio que ella hubiera querido. Además influyó que varios de sus familiares cercanos se hayan graduado o pasado por la misma institución. “Sí, los profesores me tienen pica... porque les hago demasiado relajo y me siento primera para que me vean que estoy haciendo relajo”, añade la joven al explicar por qué no está entre los promedios más altos de su curso.

En el segundo caso se encuentra Pedro, de 13 años. Él se cambió hace un año de una escuela fiscal a un colegio privado y a pesar de que no hizo nuevos amigos el primer día, comenta que ahora comparte sin problemas con todos sus compañeros. Al inicio se le hizo difícil llevarse con ellos porque sentía que el grupo ya estaba formado y no había espacio para él.

Pedro tiene problemas con materias como sociales porque nunca le ha interesado mucho, lenguaje porque solo ha conocido profesores exigentes y matemáticas porque su actual maestra no le agrada. También siente que le cae mal a la mayoría de sus profesores porque al elegir las autoridades estudiantiles se postuló a todos los cargos y no fue electo.

Reconoce que sus notas no son las mejores, pero dice que no es porque no le guste su colegio.  Así como este estudiante hay otros que no rinden en sus materias porque no les llaman la atención y prefieren la enseñanza técnica como la informática, la electrónica, la mecánica o belleza y corte y confección para las mujeres.

Nevárez explica que podrían darse estas situaciones, pero ella añade que la no adaptación a un centro educativo puede ocurrir por el cambio de nivel de preescolar a primaria, de primaria a básico o de básico a bachillerato. También se puede dar porque dejan una escuela pequeña donde se sienten seguros para entrar a una institución grande donde ya no solo tendrán un profesor para la mayoría de materias, sino varios maestros y más materias que antes. Nevárez recomienda que se realice un proceso de inducción de una semana antes de que empiecen las clases para que el estudiante sepa las reglas del colegio y la mecánica de trabajo.

¿Qué piensan los jóvenes?
Para Solange, quien está empezando el bachillerato, es más fácil desenvolverse en materias como dibujo técnico, filosofía en inglés y literatura. Ella cree que ese desempeño es gracias a que sus profesores han aprendido a aceptarla como es y así generan una buena relación. “Era un buen estudiante en primaria, el segundo mejor de mi clase, pero  en estos primeros años de secundaria aún me cuesta adaptarme a tantos profesores y materias”, comenta Pedro.

Jennifer, quien debería estar en quinto curso de administración, dice que a pesar de no haber rendido en esa especialización, la retomará estudiando a distancia.  Comenta que se llevaba bien con profesores de marketing, matemáticas (sin ser buena en los números), pero sobre todo se sentía mejor en la materia de administración. Sobre el colegio donde estudiaba dijo que ella aceptó donde la inscribieron sus padres y no tenía preferencia por otro, y la especialización la escogió de acuerdo a un test psicológico. Aunque podía estudiar administración o secretariado, prefirió la primera.

En el caso de Pedro, él hubiera preferido estudiar en el Ecomundo, porque en su opinión es un buen colegio para terminar la secundaria. Solange también quería ser parte de ese colegio o del Nuevo Mundo porque conoce algunos amigos de esos colegios que son igual a ella, “relajosos” y “linda gente”. Sobre su curso (sociales), Solange afirma llevarse bien con todos, pero en el colegio con los de su promoción (cuarto curso) se lleva menos con algunos y más con los de otros grupos de cursos superiores.

Rol de los padres y las instituciones
Nevárez añade que los padres deben hablar mucho con sus hijos antes de ponerlos en determinada institución, no solo porque ellos quieran que estudien ahí. Al hacer un cambio, padres e hijos deben analizar las ventajas y desventajas del centro educativo donde estudiarán. La psicóloga explica que al tomar una decisión se dejan elementos de lado, pero lo necesario es también encontrar qué hay de positivo a nivel personal en ir a un nuevo colegio.

Es importante que los padres escuchen a sus hijos y los dejen hablar para conocerlos en cuanto a habilidades y gustos. También deben fijarse en si es solitario, retraído o demuestra tristeza, o al contrario es extrovertido al límite y causa problemas o tiene roces con cualquiera. Los profesores y dirigentes no se quedan fuera, deben prestar atención a los alumnos nuevos y hacerles seguimiento en cuanto a sus relaciones personales y rendimiento académico.

Incluso, los profesores pueden apoyarse en los estudiantes antiguos para que dejen participar a los nuevos en los grupos de trabajo y hacerles saber que también pueden integrarlos al círculo de amigos. Nevárez recomienda que un profesor que trabajó en otras instituciones no debe comparar a los jóvenes que tiene a su cargo con los de aquella porque genera malestar. Además, los profesores y dirigentes deben hablar con los padres para que todos sepan si la metodología de trabajo contribuye o no al desarrollo del estudiante, así se busca el bienestar del joven.

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