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Edición del DOMINGO 13 de Mayo del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Lo atractivo de la carencia material
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Concierto, Analía Amaya, Cuba. (2006)
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Texto: María Inés Plaza Lazo

Lo que las imágenes quieren, una muestra  de videoarte en Madrid compuesta por las piezas de 15 artistas latinos, enseña que a falta de recursos, el ingenio fluye con mayor facilidad.

Considerados por la crítica internacional como los más innovadores dentro del circuito artístico de su país, quince artistas de Latinoamérica, con intenciones éticas antes que estéticas, se dirigen al público con propuestas individuales que mantienen elementos en común.

Uno de ellos es la forma sencilla en la que elaboraron las piezas. La carencia de presupuestos para mayores producciones, hace que recurran a crear más a partir de menos. Menos es más.

La muestra Lo que las imágenes quieren, proyecto a cargo del crítico de arte Rodolfo Kronfle Chambers, inaugurada el 18 de abril en el museo Colecciones ICO de Madrid y abierta hasta el 20 de mayo, enseña a la sociedad europea una producción que denota intereses creativos compartidos en los países de la región.

Para activar la idea inicial, es necesario tener un referente sobre los orígenes contextuales de las obras. Ecuador, Cuba, Colombia, Panamá, Nicaragua, Venezuela y Argentina, a pesar de tener especificidades de su propio lugar, comparten profundas fracturas sociales, políticas y culturales.

Andrés Isaac Santana, autor del artículo En el reverso de lo visible que analiza la muestra, resalta que todos los trabajos reunidos aquí desbaratan los estereotipos establecidos de la identidad,  cuestionando a los falsos modelos democráticos, de emigración y exilio, acciones que parecen ser los ejes conceptuales sobre los cuales se desarrollan las poéticas.

La “pornomiseria”; el abuso de imágenes de la pobreza como tema en el arte latinoamericano, es criticada de manera reflexiva en obras como la de Ernesto Salmerón, en la que cinco minutos lentos y silenciosos de un niño que juega con un globo naranja, dicen más que la exposición diaria que normalmente se hace de su humilde condición.

Sin embargo, de acuerdo con la lectura de Santana, el mensaje se puede entender sin depender del referente que se tenga, sin temer a la reducción interpretativa de una propuesta artística excesivamente local.

Rodolfo Kronfle confirma esta posibilidad al resaltar que, actualmente, muchos artistas de la región prefieren alejarse de la etiqueta de “latinos” y llamarse simplemente “artistas internacionales”, poniendo énfasis en que se trata de videoarte desde Hispanoamérica, y no video hispanoamericano.

Tomando los relatos  para una apreciación más honda,  el curador dividió los trabajos, sin desconectar la relación entre ellos, en cuatro espacios de reflexión.

Espacio N°1: La ciudad

A medida que  el espacio se transforma, siempre hay algo que se pierde. Entre la modernización urbana y el deterioro que a su vez sectores humildes sufren a causa del progreso, existe el comentario de Alexander Apóstol que apunta a la historia de una serie de personajes de una zona de miseria en Venezuela, donde imitan la función de las fuentes que adornan las partes importantes de la ciudad.

Analía Amaya, de Cuba, fue alternando panoramas nocturnos desde el balcón de su departamento, donde la gracia del video se encuentra en el juego de luces junto a los compaces de la música. Podría referirse a los apagones de La Habana como protesta.

Sin embargo, Amaya manifestó que la intención de su obra Concierto, no es exactamente una crítica, sino más un juego con el tiempo, un acercamiento más poético que crítico. Resalta que no se acerca a la realidad para sacar a la luz problemas, aunque puede sugerirlo por ser parte de ella.

Espacio N°2: La historia
Intentando desmenuzar aquello que difusamente conocemos como Historia Nacional,  que según Óscar Santillán es un relato hecho desde un poder instituido y que pretende definir qué es el Ecuador o cualquier nación del Tercer Mundo en base a relatos épicos desconectados de la comunidad, el artista ecuatoriano une la imagen de un monumento de Eloy Alfaro entre hojas y música sacra.

Los Jornaleros, cuyo título es tomado por Santillán del realismo social de las primeras décadas del siglo XX, reflexiona sobre el proyecto alfarista y la revolución liberal como proyectos abandonados. Usa los símbolos patrios para volver a la nostalgia de una verdadera revolución.

Tengo, vamos a ver, tengo lo que tenía que tener. La poesía afroantillana de Nicolás Guillén significó y significa una expresión inmediata de la vida cubana. Al ver a un sordomudo “declamar” el poema Tengo, tan propio de los cubanos, muchos de estos no pudieron contener las lágrimas frente la obra de José A. Toirac cuando se expuso en el museo nacional de Bellas Artes.

La paradoja alrededor del lenguaje, de la incapacidad cubana de expresarse, se encuentra criticando, simple a los ojos pero recargada para la cabeza, la situación social desde un repaso histórico.

Espacio N°3: La conciencia
Sin sensibilerías y con delicadeza, se plantea la posibilidad de conocer los problemas sociales de latinoamérica a través de los videos que concentran cuestiones frente a una realidad colectiva que muchas veces no tomamos en cuenta.

La simbiosis de la indiferencia es el verdadero nombre que la ecuatoriana Larissa Marangoni le da al video que realiza sobre los cargadores en Ipiales. La artista muestra una situación que personalmente le conmovió mucho;  pasaba dentro de un taxi cuando vio a indígenas soportar hasta toneladas de peso sobre sus espaldas y que apenas ganaban 1.000 sucres. La obra, de corte documental basado únicamente en la observación, es una crítica a la explotación humana que en nuestro espacio se ha vuelto algo normal.

Espacio N°4: La memoria
La muestra termina con un derrame de ideas, en donde el pasado y lo que el tiempo escribe, se marca en el destino de las sociedades.  “Se dice: al final eres lo que has pensado, amado, realizado. Yo añadiría: eres lo que recuerdas”. Kronfle deriva el título del último apartado de la muestra, del texto de Norberto Bobbio.

Concentra en el broche, el grosor poético de las piezas como Bocas de ceniza. “Era una equivocación... la gente corría, los niños lloraban, porque a su pueblo acababan”. La obra de Juan Echeverría introduce a la exploración de la violencia de la guerra interna en Colombia a través de la voz dura y pura de sus víctimas,  mientras que en Línea del destino de Óscar Muñoz, como en el mito de Narciso, la persona frente a su reflejo se dice: “Tomar en serio la vida significa aceptar firme, lo más serenamente posible, su finitud”.


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