|
Pero hay otro aspecto con igual o mayor importancia que obliga a una profunda reflexión. Nos referimos al hecho de que el Primer Mandatario haya pedido al público asistente, entre ellos varios estudiantes secundarios, a que griten varias veces una vulgaridad de las peores.
En el Palacio de Gobierno, por iniciativa del Presidente de la República y delante de muchos medios de comunicación, se incitó a un grupo de menores de edad a que les faltaran el respeto no solo a los que estaban allí sino a todos los que siguieron el acto, incluyendo a sus padres y maestros. Nunca antes en la historia del país se había visto algo así. Todo esto para una dudosa diversión de las barras presentes que vociferaban a favor del Ejecutivo.
Si se quiere preservar la Majestad de la Presidencia, lo menos que se debe hacer es no rebajarla al escenario de vulgaridades, y menos aún involucrar en eso a chicos que deben formarse con altos valores cívicos.
|