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Michelle Obama asume un nuevo papel

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A pesar de su resistencia inicial, Michelle Obama se ha entregado a la campaña de su esposo y ahora es una de sus mejores embajadoras.
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Mayo 27, 2007

Por JODI KANTOR y JEFF ZELENY

Fue un momento triunfal para Barack Obama: caminaba por el Capitolio por primera vez como senador de Estados Unidos, en enero de 2005, seguido por fotógrafos, aduladores, y al final, su esposa, divertida con la situación. Al poner mirada de incredulidad, conforme tomaba del brazo a un reportero, Michelle Obama lo llevó a un lado y le dijo: “Tal vez algún día, haga algo que amerite toda esta atención”.

Dos años y un anuncio de aspiraciones presidenciales después, ha desaparecido el sarcasmo, y una mujer, que ha dicho que le desagrada la política, ahora asume un papel estelar en la campaña de su marido por la Casa Blanca.

A mediados de mayo, Michelle Obama cautivó a los electores demócratas que llenaron un recinto en Windham, New Hampshire, al hablar de su romance con el candidato y arrodillarse junto a dos niños pequeños y su hermana para preguntarles: “¿Quién de ustedes es el alborotador?”.

Se tornó más seria al hablar sobre la presidencia. “Sé que Barack es especial”, aseguró. “De lo contrario, yo no estaría aquí”.

La actuación política de Michelle Obama es de lo más complicada. Es una mujer de raza negra en una campaña en la que nadie sabe exactamente qué papel jugarán la raza o el sexo. Es propensa a ser tajantemente franca y posee un feroz impulso competitivo.

Ella se resistió, en un principio, a las ambiciones presidenciales de su marido, por temor al impacto sobre su familia.

“Barack y Michelle reflexionaron mucho sobre esta decisión antes de tomarla”, declaró Valerie Jarrett, amiga de la familia.

Entre las contrapartes de Michelle Obama se cuentan Bill Clinton, ex Presidente y consumado veterano de las campañas, quien espera convertirse en Primer Caballero; y Elizabeth Edwards, elogiada por su tenacidad al hacer frente a un cáncer incurable.

Michelle Obama, de 43 años, intenta un enfoque fresco: contender como la mujer común, una esposa, profesional, madre y voluntaria.

En una entrevista, reveló que aún no está preparada para asumir el papel para el que audiciona.

“Dios mío, ¿quién se puede sentar y decir, ‘estoy listo para ser Presidente y Primera Dama?’”, preguntó. Pero igual que su esposo, al hacer campaña, se apoya en su historial, al sugerir que su currículum más importante es su experiencia vital.

Hija de un operador de bombas de desagüe municipal de Chicago, quien sufrió esclerosis múltiple, es egresada de las universidades de Princeton y Harvard, y equilibra su empleo como ejecutiva de un hospital con el papel de madre y labores cívicas.

A Michelle Obama le desagrada la política, confirmaron sus amistades y familiares, pero no tanto como le disgusta perder. Su hermano, Craig Robinson, entrenador de básquetbol en la Universidad de Brown, en Providence, Rhode Island, señaló que su hermana no disfrutaba el deporte organizado cuando era más joven ya que odiaba tanto la derrota, e incluso ahora pone mala cara cuando no le salen las cosas en un juego de mesa. Su hermana es inteligente y afectuosa, indicó, pero también es una fuerza que debe tomarse en cuenta.

En ese tenor, se volcó a la campaña de su esposo desde el principio, al pedir reuniones con los asistentes que operaban todos los aspectos de la misma. Sus amigos manifiestan que es resuelta y pragmática, quizás más que el candidato.

En una reunión, en octubre del año pasado, cuando algunos asesores buscaban transmitirle a Barack Obama la importancia de la disciplina y le indicaban que no podía depender meramente en talentos oratorios en una campaña nacional, él empezó a dar explicaciones. Un participante recordó que ella lo interrumpió, al decirle: “Ahora estamos hablando de ti”. Él no volvió a abrir la boca.

Ahora, ella viaja hasta tres días a la semana, para encabezar eventos y convertirse en una atracción por derecho propio.

Sus allegados comentan que ella no dará discursos sobre políticas ni atacará a otros candidatos, y ella asegura que hace una marcada distinción entre su papel y el del personal de campaña.

En lugar de ello, sirve como embajadora itinerante. Para públicos estadounidenses negros, Obama es una de ellos, con antecedentes más familiares que los de su marido.

Ante los públicos femeninos, enfatiza su lucha para balancear los viajes, juntas de trabajo y los deberes del hogar. Recientemente, por ejemplo, Michelle Obama se apresuró a tomar un vuelo a New Hampshire, donde acudió a dos eventos proselitistas, para después regresar a toda prisa a casa y estar con sus dos hijas, de ocho y cinco años.

En abril, en un evento de “Mujeres por Obama”, en Chicago, expresó: “Me despierto todas las mañanas y me pregunto: Cómo le voy a hacer para realizar ese siguiente pequeño milagro de sacar adelante el día”.


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