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ABBEY LINCOLN

Cantante emite proclamación de emancipación

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Mayo 27, 2007

Por NATE CHINEN

“Tuve la oportunidad de ser yo misma, y lo fui”, afirmó Abbey Lincoln una tarde reciente, en su departamento espacioso, pero poco pretencioso, ubicado en el Upper West Side, en Manhattan. Esta leyenda del jazz, de 76 años, hablaba de su nuevo álbum, “Abbey Sings Abbey”, aunque podía haber sido una descripción del tema central de su larga y colorida carrera.

Reconocida desde hace mucho tiempo como una de las cantantes más cautivadoras y fieles del jazz, ha sido celebrada como una letrista y compositora talentosa.

Es la poco común cantante de jazz que escribe sus propias letras y compositora de jazz cuya música transmite las lecciones de su vida, como: “Uno nunca puede perder algo si le pertenece”.

“Abbey Sings Abbey” captura la profundidad de su arte con majestuosa serenidad y agridulce claridad. Como lo indica su título (Abbey le canta a Abbey), es un vistazo a sus canciones originales, la primera vez que Lincoln dedica un álbum entero a su propio material. Otra primicia: rodea su sonora voz con guitarras de pedal tipo música country y acústicas, acordeón y mandolina, en un estilo tradicional estadounidense. “Por alguna razón”, dijo, “es mejor que cualquier cosa que haya hecho”.

Y Lincoln —quien fue bautizada con el nombre de Anna Marie Wooldridge, la décima de doce hijos— ha hecho bastantes cosas en su carrera, que abarca más de cinco décadas. Sus canciones son el logro que más la llena de orgullo.

Hace 50 años, Lincoln estaba en camino a convertirse en una estrella del cine y el cabaret. Apareció en el filme de Jayne Mansfield, “The Girl Can’t Help It”, y en la portada de su álbum debut de 1956, “Affair... Story of a Girl in Love”, luce un vestido escotado y una pose sexy. Ya había pasado dos años en Honolulú como atracción de un restaurante con variedad.

“Allí también fui una reina del glamour”, dijo. “Conocí a Louis Armstrong y a Billie Holiday. Hacía mi espectáculo y corría a ver a Billie. Se paraba en el escenario y nunca se movía, a excepción de sus ojos”.

Dejó Hawaii para irse a Los Ángeles, donde conoció al letrista Bob Russell, quien se convirtió en su representante.

“Una vez me dijo, ‘ya que Abraham Lincoln no liberó a los esclavos, quizá tú te puedas encargar de eso’”, recordó entre risas. “Me bautizó como Abbey Lincoln”.

La emancipación se convirtió en una verdadera preocupación para Lincoln después de que conoció al inconformista baterista de bebop Max Roach, con quien se casó. Ella le atribuye el haberla “ayudado a encontrarme”. En Nueva York, la introdujo a su mundo de experimentación artística y compromiso político y ella se deshizo de su imagen glamorosa. Para los 60, vocalizaba con un poder crudo y electrizante en “We Insist! Freedom Now Suite”, de Roach, importante himno de los derechos civiles.

Pero no fue sino hasta que tenía cuarenta y tantos años, que Lincoln comenzó a tener éxito como compositora.

Después de divorciarse de Roach, en los años 70, se retiró de la atención pública y se mudó a un departamento arriba de un garage en Los Ángeles.

Lanzó un álbum después de un revelador viaje a África, en 1972, pero por lo demás dirigió sus energías hacia su interior.

Se mudó de vuelta a Nueva York, en los 80, y volvió a iniciar sus presentaciones. Con el tiempo atrajo la atención de Jean-Philippe Allard, productor y ejecutivo de Polygram France. El primer esfuerzo de Lincoln para lo que ahora es el Verve Music Group, “The World Is Falling Down”, en 1990, fue un éxito comercial y crítico. Siguieron ocho álbumes más, todos con jazzistas de elite y refinados arreglos jazzísticos.

El nuevo álbum se aleja a propósito de esa fórmula. Lincoln emana una poderosa autoridad a lo largo del álbum. Su parpadeante contralto suena ratificado por la edad; su fraseo es sutil y seguro.

Por supuesto, su máximo legado será su música, a la que aún no está lista a renunciar.

“Son mis canciones y las canté y las cantaré”, dijo, “y no es la última vez que lo haré”. En agosto encabezará los dos días del 15 Festival Anual de Jazz Charlie Parker, que se realiza en Harlem y el East Village.

“Abbey Sings Abbey” es la manifestación de la búsqueda de un yo honesto, un estudio en gravedad y sabiduría que sólo pudo haber llegado, se imagina uno, en este momento de su carrera.

“Ya para estas alturas debo ser excelente”, dijo Lincoln. “Si no, ¿cuándo?”.


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