Cada lunes por la noche, Salama al-Zaid se pone los audífonos, se acerca al micrófono y, durante su programa de entrevistas por radio, libra una guerra contra algunas de las personalidades más poderosas del reino desértico saudita.
De las diez a la medianoche (horario estelar en Arabia Saudita), Zaid abre sus líneas telefónicas para que quienes lo deseen expresen en voz alta sus quejas, sin ninguna censura ni limitante. Luego aborda a las personas, en las altas esferas, responsables de solucionar esos problemas.
“Quisiera que todos los funcionarios que escuchan recuerden lo siguiente”, dijo Zaid, al iniciar su emisión hace poco. “Ustedes están al servicio de los ciudadanos y tienen un deber con ellos. No es indigno de ustedes llamar y responder”.
Parte hombre espectáculo, parte alborotador, Zaid, de 49 años, conduce “Mubasher FM”, un programa tan admirable por lo que revela de Arabia Saudita, como por el poderoso respaldo que ha obtenido del monarca del país, el Rey Abdullah. El rey, indica Zaid, considera el programa como un barómetro del estado anímico del público y como una forma de resolver problemas cuya existencia jamás hubiera sospechado.
Estos últimos años, en un intento de cambio social, Abdullah ha fomentado una discusión más abierta, relajado las restricciones impuestas a las mujeres y limitado, en cierta medida, a la temida policía anti vicio. Zaid explicó que el envalentonamiento de los medios formaba parte de esa apertura.
“Los medios siempre han sido una línea de comunicación en este país”, expresó, “pero el rey llegó y dijo que son la forma de estar en contacto con la gente. Y me mandó un mensaje: continúa”.
Con la ayuda de los miles de personas que le llaman, Zaid ha abordado algunos de los máximos tabúes sauditas: corrupción desenfrenada, acoso sexual y maltrato a las mujeres sauditas, extremismo, creciente pobreza y, sobre todo, la falta de rendición de cuentas de los funcionarios gubernamentales.
Zaid dijo que “Mubasher FM” (mubasher significa “inmediato” o “en vivo”) no fue algo planeado. Había conducido otro programa radiofónico de entrevistas, “En resumidas cuentas”, pero renunció a principios de 2006, cuando un encargado del Ministerio de la Información lo censuró.
Cuando lo contactaron para retomar el programa, un mes después, propuso en lugar de ello un formato de llamadas en vivo que abarcara el tema de la corrupción, una exigencia que, pensó, jamás sería aceptada. Unos días después, el director de la estación le preguntó cuándo podía empezar.
Hace poco, una mujer, Qamar Abdel Jaffar, llamó para relatar cómo había sido asesinado su hijo por un policía saudita durante unos disturbios. “Quiero saber es quién mató a mi hijo”, dijo, “pero me entregaron el cuerpo y me dijeron; ‘Que Dios esté contigo’”.
“Esto no lo vamos a permitir”, exclamó Zaid. “Nadie está por encima de la ley”. Zaid indicó que el expediente fue revisado por el rey, quien ha pedido una investigación de los hechos. Otra noche, un hombre habló para pedir ayuda para su hijo, imán en Medina, que había sido detenido porque enseñaba a jóvenes a disparar armas en el desierto. Zaid se negó pero dijo que la llamada subrayó los cambios que ocurren actualmente en Arabia Saudita. “Ahora la gente está preparada para hablar”, dijo.