En el mundo fantástico de Margarita Barriga Pino de Baquerizo, los niños disfrutan cuando la simpática gallina Churra –tan hambrienta ella– intenta comerse lo que parece ser un gusano que pasea despreocupadamente en el suelo.
Pero, ¡horror de horrores!, la gallinita se percata de que el escurridizo manjar no se trata de un sabroso gusano, sino de Culebrito, hijo de la señora Culebra, quien por haber molestado a su pequeño persigue a la gallina Churra para darle su merecido.
Allí comienza lo bueno: la temerosa gallina decide disfrazarse de cuanto animal se le ocurre (conejo, pato y hasta de serpiente) para despistar a la señora Culebra, quien finalmente queda espantada al observar que, supuestamente disfrazada de culebra, la Churra queda convertida en lo que parece ser un temible dragón.
“La gallina se comporta como los seres humanos: no se enfrenta a la realidad y se esconde (al disfrazarse). Cuando leemos ese cuento (del español Xan López Domínguez), los niños aprenden que ocultarse es negativo y que nunca debemos hacerles daño a los demás, porque recibiremos un castigo”, indica Margarita sobre esta historia que califica como una de sus favoritas, por eso suele utilizarla en los talleres de lectura que desde hace 15 años dicta a niños de todas las edades en la librería Vida Nueva, establecimiento que es de su propiedad desde hace 22 años.
Respeto a la mente infantil
“Los talleres de lectura buscan que los niños se acerquen a los libros. Un pequeño puede comenzar a interesarse en los libros desde los 2 o 3 años, porque a esa edad ya pueden manejar cuentos, disfrutan las figuras, entienden las historias. Es más, un niño de 2 años puede ‘leer’ una historia solo con ver las ilustraciones del libro”, indica esta empresaria de la literatura que se considera, sobre todo, una guía y amiga para los pequeños que emprenden un feliz acercamiento a la letra impresa.
“Los niños tienen una gran capacidad de aprendizaje, pero los adultos la desaprovechamos cuando no les brindamos información. Por eso los adultos deberíamos ayudar a los pequeños a aprender cosas nuevas para que sus cerebros y su inteligencia se amplíen”, recomienda Margarita, quien comenzó en esta actividad con sus propios hijos para alejarlos de la absorbente televisión.
“Mis hijos fueron mis primeros alumnos (sonríe), porque quería que ellos se distraigan con una actividad más provechosa para su desarrollo intelectual. Comencé con los títeres, por eso primero asistí a cursos que me enseñaron a hacerlos y a utilizarlos adecuadamente con los niños”.
“Los títeres son el elemento de arte más completo que hay para trabajar con los niños, porque involucran la escultura (al confeccionarlos), pinturas, escenificación, libretos y la interpretación. Los niños pueden utilizar toda su creatividad cuando se involucran con los títeres”, señala sobre estos personajes que califica como “los mejores intermediarios entre el adulto y el niño; me atrevo a señalarlos como casi mágicos”.
Por ello, Margarita encontró que los títeres eran los mejores ‘narradores’ cuando comenzó a compartir cuentos con sus ocho hijos. “Luego se me ocurrió trabajar con otros niños. Con esa idea ofrecí mi primer curso hace unos 15 años. Antes de empezar se me ocurrió que podía dictar sesiones con otros niños cada dos meses, pero al terminar la primera sesión uno de los pequeños me preguntó emocionado: ‘Margarita, ¿qué nos vas a leer la próxima semana’. Entonces comprendí que los niños necesitaban las historias y yo me comprometí a brindárselas”, rememora esta gran admiradora de los escritores de historias infantiles, porque “se necesita ser un genio para llegar con las palabras a tocar la ilusión, las emociones y los sentimientos de un niño”.
La literatura es un juego
Pero la mayor genialidad está en los pequeños, cuya inteligencia a menudo es menospreciada por los adultos, según esta guayaquileña que, evitando caer en este error de la adultez, tiene una metodología de trabajo específica.
“Prefiero que los niños escojan las historias que vamos a leer. Por eso me gusta que ellos recorran la librería y revisen los libros que consideren más interesantes. Cuando ellos escogen yo se los leo en grupo y hacemos actividades alrededor del libro”, indica resaltando que los trabajos deben relacionarse directamente con la “palabra”. Por eso no son adecuadas las actividades relacionadas a la pintura o el dibujo, por ejemplo, porque el niño vendrá porque le gusta pintar, aunque no le interese el libro, dice.
Por eso realiza juegos como el ‘Antes y después’, en el cual los niños reciben una hoja de papel con un extracto del cuento ya leído. Luego, cada uno lee por turnos la parte que le corresponde para que puedan ordenar la historia al cambiarse de los puestos en que están sentados.
Otra actividad se llama ‘¿Está o no está?’, en la cual tras leer el cuento los niños reciben una hoja de papel con los nombres de varios personajes. “Luego ellos deben decir si los personajes del papel (por ejemplo, el lobo, la princesa, el sapo) participan o no en la historia que acabamos de leer”, dice Margarita, quien destaca que también son importantes las poesías. “Todo adulto recuerda alguna poesía que aprendió en la niñez. Los niños deben aprender versos”.
Con actividades así Margarita ha logrado durante 15 años que los niños se acerquen a la lectura… y los padres a insólitas y felices sorpresas. “Algunas veces me han llamado para preguntarme: «¿qué hace usted con mis hijos?, porque antes eran inquietos y ahora los veo calladitos leyendo sus libros»”, refiere con satisfacción. Aunque más alegría le dan las palabras de los niños y niñas que al despedirse de los cursos la abrazan con cariño para decirle frases como: “Gracias, porque ahora me encanta leer”.
Ese agradecimiento, esos abrazos, ese cariño, esas miradas de interés expresadas en cada taller son el pago principal que Margarita recibe por guiar a los niños hacia el mundo de los libros. Y pensar que esa recompensa nació con una simple pregunta: Margarita, ¿y ahora qué nos vas a leer?