Los padres pueden formar niños que se sientan bien y, sobre todo, que hagan el bien. Todo con una educación positiva mediante el buen ejemplo.
Una de las preocupaciones más frecuentes que tienen algunos padres es hacer que sus hijos sean felices y crezcan poniendo en práctica un sinnúmero de valores impartidos en el hogar como honestidad, respeto, responsabilidad, entre otros.
Pero hay otros progenitores que por el hecho de vivir en un mundo acelerado y en una sociedad violenta se están descuidando en transmitir esos valores que ayudan a la formación física, mental y espiritual de los niños.
Para la psicóloga clínica Úrsula Strenge, del programa ‘Familia en construcción’ que transmite Ecuavisa, es importante estar conscientes del rol como padres. Entonces, quienes forman parte de este grupo tienen que preguntarse cómo están actuando como progenitores, porque los hijos aprenden de ellos. En otras palabras, son el espejo en donde sus niños se reflejan y a través de lo que observan y aprenden se proyectan como seres a futuro.
“Si los padres tienen un matrimonio con muchas falencias el niño va perdiendo las características propias de él como, por ejemplo, su seguridad, hábitos, intereses, motivaciones y valores que se van formando entre los 3 y 6 años”, dice la psiquiatra infantil y de adolescentes Catina Solano.
Strenge sugiere a los padres fomentar en los pequeños la autoestima, porque les sirve para construir la imagen que ellos tienen de sí mismos. Se consigue dándoles tranquilidad y enseñándoles a aceptarse tal como son, con sus defectos y virtudes.
Siempre se espera que los hijos sean los mejores, los más inteligentes o los más bonitos. Pero los padres, a veces, se olvidan de que lo prioritario es inculcarles valores, con el ejemplo, para que aprendan también a hacer el bien, para sentirse bien.
Según Solano, enseñar a ser buenos niños es muy importante, porque según eso van creciendo con fortalezas. No solo aprenderán a cooperar, amar al prójimo, sino a hacer amigos. Esto les ayuda a que participen en cualquier acto social o académico y, sobre todo, a no ser egoístas, porque hay pequeños que desean todo para ellos y eso no puede ser.
Buenos por naturaleza
“Hay niños que son buenos por naturaleza, pero si tienen un evento significativo en su vida, este puede marcar otro tipo de desarrollo y ocasionarle en ellos resentimientos o trastornos del estado de ánimo. Este va a generar que interiormente se sientan debilitados”, agrega Solano.
Para que eso no suceda, Strenge considera que los padres deben retroalimentar a sus niños permanentemente con las fortalezas que cada pequeño posee, alentándolos a desarrollarlas, sin dejar a un lado sus debilidades, que de tenerlas hay que enseñar a superarlas. Se les debe decir, por ejemplo, ¡tú eres bueno para los deportes!, ¡ me parece que eres excelente para tales tareas!, ¡eres una persona muy responsable y creativa! Respondiéndoles: ¡Debes aprovechar esos talentos!, ¡lo lograrás en la próxima ocasión!
La psiquiatra cree que los padres tienen que alimentar las cosas buenas que tienen los niños y no hacer hincapié en sus fracasos porque bajan la autoestima, los hacen sentir muy inseguros y no pueden socializar con las personas porque no se sienten capaces de hacerlo. Además se les nota la tristeza en su mirada, sufren de depresión e incluso se aíslan y siempre manejan un lenguaje muy negativo, a diferencia de aquellos que se sienten seguros.
Diálogo constante
Para la psicóloga clínica de origen israelí Malca Altman de Goldemberg, los padres deben considerar mantener un diálogo constante con el niño sin importar la edad que tenga. A cada vástago hay que dedicarle un tiempo personal, porque cada ser humano es diferente y tiene necesidades distintas, y son los progenitores los que más conocen estos detalles.
También hay que compartir en familia actividades que les gusten a los niños a través del juego o acompañarlos en sus actividades extracurriculares, porque esto a su vez refuerza su autoestima.
Incluso se les debe permitir tener espacios donde puedan compartir con amigos cercanos actividades deportivas o artísticas, para ayudar en su proceso de sociabilización y que aprenda a sentirse aceptado y querido por sus amigos.
Asimismo, “se debe tener control de las actividades que realiza en su tiempo libre como, por ejemplo, la exposición a la televisión. Es necesario conocer qué tipos de programas ve y qué tipo de amistades tiene. Además, los padres deben darse un tiempo para estar en contacto con los educadores para que haya un trabajo compartido y saber qué necesidades o dificultades tienen sus hijos”, agrega Goldemberg.
Ambiente hogareño
Los padres quieren que los hijos vivan en una burbuja donde nada les pase y no tengan preocupaciones, ni problemas; pero no es posible y no es sano. “Mi abuelita me decía: ¡A los hijos hay que criarlos con un poco de frío y un poco de calor! Descubrir ese término medio es un poco complejo y hay que trabajar para proporcionarles el mejor ambiente”, dice Strenge.
Si los padres quieren que sus hijos se sientan tranquilos con ellos mismos y vivan en un ambiente adecuado, no deben transmitirles de manera inadecuada sus grandes preocupaciones o problemas, sean de tipo económico o de pareja.
Según la edad, hay que hablarles claro y con amor. Por ejemplo: Mi amor, esto está pasando en casa, papá y mamá ya no van a estar juntos, pero no nos vas a perder como padres. O mamá tiene que irse del país por tal cantidad de tiempo, pero desde la distancia va a estar pendiente de ti. Así se les da a los niños seguridad.
Incluso nunca se deben crear en los niños falsas expectativas de algo que no va a suceder, porque empiezan a desconfiar de los adultos. Lo correcto es ofrecerles soluciones a las dificultades. De no ser así, serán personas que se frustran con facilidad y crecerán sintiéndose de esa manera.