Edición del VIERNES 1 de Junio del 2007
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Ojos de perro azul
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Las paredes del local fueron pintadas por Rubén Segovia, uno de los dueños.
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“Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detrás del velador y yo seguía sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprendí que era yo quien la miraba por primera vez.

Encendí un cigarrillo. Tragué el humo áspero y fuerte, antes de hacer girar el asiento, equilibrándolo sobre una de las patas posteriores. Después de eso la vi ahí, como había estado todas las noches, parada junto al velador, mirándome. Durante breves minutos estuvimos haciendo nada más que eso: mirarnos. Yo mirándola desde el asiento, haciendo equilibrio en una de sus patas posteriores. Ella de pie, con una mano larga y quieta sobre el velador, mirándome. Le veía los párpados iluminados como todas las noches. Fue entonces cuando recordé lo de siempre, cuando le dije: ”Ojos de perro azul….”. Así inicia Ojos de perro azul, nombre de una de las colecciones de cuentos de Gabriel García Márquez, el que maneja una magia implícita e invita a vivir la vida de forma auténtica. Y así mismo fue bautizado este bar, en homenaje al célebre autor colombiano.

Hace cinco meses se inauguró este pequeño punto de encuentro y  diversión, ubicado en la zona rosa, el que tiene como fin incentivar los eventos culturales, con lanzamientos de libros, exposiciones de cuadros y presentaciones en vivo con música que hace vibrar, con letras que siempre tienen algo que decir. Esto nace porque los propietarios Liliana Garcés, profesora de literatura y su socio Rubén Segovia, son fanáticos de la lectura, del compartir con los amigos, de salir por la noches con amigos y familiares a conversar, a tomarse un vino o una cerveza, de esta ecuación surgió la idea de tener un sitio que abarque todo esto.
Así, un reggaetón aquí no van a encontrar, sino un  poco de música étnica, Sabina, son Cubano, un rock suave y algo de música comercial. Hay presentaciones todas las semanas con artistas como Napolitano, Miguel Segovia y su música urbana,  Roberto Bolaños con jazz, funk y rock. Las presentaciones siempre son entre miércoles y jueves, y cuestan entre $ 3 y $ 8. Los fines de semana no cobran cover porque quieren que los clientes vayan tranquilos sin tener presión del dinero. Para tomar puede pedir una Michelada que es un éxito, con cerveza, limón, sal al filo de la copa y para los más avezados con ají. El trago de la casa, Ojos de perro azul, o una caipirinha. Si no los tragos tradicionales, y todos cuestan entre $ 2,50 y 3,00.

Los piqueos son deliciosos como la copa mexicana, el hummus con pan árabe, los pimientos asados o encurtidos o las tablas de queso y jamón.
La decoración es informal, las mesas de madera, paredes pintadas tipo mural, luz tenue, el sonido que hacen las bolas al golpear en las mesa de billar, en fin un sitio cálido, donde todos son bienvenidos.
Panamá 213 y Padre Aguirre. Abierto de martes a sábado desde las 19:00.

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