Ellos y ellas transitan por la vida como si aún tuvieran 30 años, o mejor dicho ¡los acabaran de cumplir! Cada vez más veo en Buenos Aires ejemplos de este tipo, hombres de entre 35 y 45 años, que viven un cierto estilo de vida, físicamente representan mucho menos de los que dice su cédula, se visten, se comunican y se sienten reflejados dicen, como alguien de 30, más que de 40.
¿Se acuerdan de pequeños cuando se imaginaban alguien de 40 años ? Híperclásico, medio gordo, recasado, sin chispa y casi viejo. Hoy eso es historia pasada. Los varones de esta generación son generalmente cancheros, sean solteros o divorciados, están fit, son naturistas, hacen ejercicio, corren maratones, yoga y saben que el alcohol ¡FIJA LAS GRASAS! Muy informados, modernos y en su mayoría retecnológicos: último ipod, última laptop y demás juguetes electrónicos. Se psicoanalizan por supuesto, siguiendo a Lacan o a Freud y están al tanto de las terapias alternativas. Los hay solitarios incomprendidos y playboys imparables, ambos quieren seguir disfrutando la vida a full, no tienen apuro en casarse y formar una familia. A los divorciados, los encuentras el fin de semana con sus hijos haciendo algún programa cultural y mirando la última exposición del Malba (el Museo de Arte Latinoamericano de la ciudad), alguna del Museo de Bellas Artes o en la fila del Bafici, Festival del Cine Independiente. Los domingos van a tomar el brunch a lugares con onda y cerca de la naturaleza. Salen mucho en la semana a comer, si es a lugares exóticos mejor, con alguna veinteañera, solos, o con algún amigo; pero sobre todo buscan la novedad a toda costa y huyen de los circuitos demasiados comerciales y restós convencionales. Son totalmente gourmet, saben bastante de vinos y han tomado más de un curso de sommelier y de cocina. Muy estéticos. Jeans, camisetas con estampas o camisas estampadas, algún sweater vintage o buzo de marca para el fin de semana y ahora que empezó el frío no le temen a los accesorios, ¡mientras más coloridos, mejor! El infaltable masculino, un ultra cool saco de pana o corderoy, eso sí, ¡siempre combinado con zapatillas (tipo zapato de caucho)! El porteño no puede vivir sin ellas, compra varios modelitos al año y ama sobre todo las chillonas.
Las mujeres van por la misma senda, guapas, flacas, bien mantenidas, curiosas y con el mismo corte de pelo que a los veinte y cinco, ¡horror!
Pero lo que nos llama fuertemente la atención es como el rol masculino ha ido evolucionando.
Algunas metas nunca cambiarán y seguirán siendo las mismas, como el amor y la familia. La única diferencia es que los tiempos se han alargado muchísimo, ciertas cosas se van posponiendo y el camino elegido por algunos es el de la autorrealización. Sabemos que todo no pasa por armar una familia o estar en pareja, aunque si no lo hiciste lo haces ahora, si ya lo hiciste, buscas tu desarrollo paralelo a través de un proyecto de vida más individualista y personal. En tiempos como estos, donde el cambio que está llevando a cabo nuestra generación comparada con la de nuestros padres, acentúa la ya de por sí fragilidad en los vínculos humanos, el hombre aún está buscando su lugar. Por eso es tarea de nosotras, las féminas, ayudarlos a romper los modelos tradicionales sobre masculinidad (¡atentas jóvenes mamás con lo que les enseñan a sus pequeños hijos varones!). Parte del camino nuevo que iremos armando, iremos también construyendo nuevos referentes masculinos. ¡Feliz Día del Padre entonces!
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