Anders Lago es el alcalde de esta ciudad, de 60 mil habitantes, que el año pasado recibió el doble del número de refugiados iraquíes que todo Estados Unidos, casi todos ellos cristianos que huían de la limpia religiosa que ocurría en paralelo a la insurgencia anti estadounidense de Iraq y el conflicto sectario.
Los refugiados son ahora parte del distrito electoral de Lago, y su guerra rápidamente se convierte en la guerra de Sodertalje, para gran disgusto del alcalde. Sodertalje, dice, ya no puede proporcionarles a los recién llegados ni siquiera los servicios básicos a los que tienen derecho.
Aproximadamente nueve mil iraquíes llegaron a Suecia en 2006, casi la mitad de los 22 mil que buscaron asilo en todo el mundo industrializado. Se espera que este año, en el que Estados Unidos ha prometido aceptar a siete mmil, alrededor de 20 mil busquen asilo en Suecia.
Ahora, áreas como Ronna y Hovsjo tienen versiones suecas de los vecindarios en decadencia de inmigrantes de Francia, o de los complejos habitacionales urbanos de clases bajas de Estados Unidos, con todo y apodos como Pequeña Bagdad o Mesopotalje. Junto con las tiendas que venden manjares iraquíes, las áreas están llenas de departamentos atestados e innumerables relatos de matanzas y pérdidas.
En un departamento, en Ronna, donde hace poco se reunieron refugiados recién llegados para recibir una introducción a su nueva patria, abundaban las historias trágicas.
Mariam, maestra de 36 años y originaria de Mosul, ciudad del norte de Iraq, llegó a Sodertalje a fines de marzo. Contó que recibió una herida de bala en sedal de un hombre armado cuando salía de Mosul con su familia, y que uno de sus hijos fue herido en el estómago.
“Abandonamos todo para estar seguros y llegamos aquí para iniciar una nueva vida”, dijo Mariam, cristiana asiria que no quiso dar su nombre completo porque su esposo y dos de sus tres hijos aún no habían logrado salir de Iraq. “En Iraq, fuimos privados incluso del simple derecho de ir a la iglesia, y queremos aferrarnos a nuestra religión”.
Sodertalje ha sido un imán para los refugiados cristianos desde fines de los años 60, cuando inmigrantes asirios, procedentes de Líbano, Siria y Turquía, establecieron una próspera comunidad en esa ciudad. Después de la Guerra del Golfo Pérsico, en 1991, y ahora, cuando los extremistas en Iraq intensifican su persecución de personas no musulmanas, una cantidad cada vez mayor intenta llegar a ese lugar.
El choque cultural para los iraquíes recién llegados se siente mucho menos en Sodertalje que en cualquier otra parte de Suecia, o de Occidente. Pueden hablar su árabe nativo casi en todas partes y tienen iglesias de dónde escoger para las denominaciones cristianas comunes en Iraq: católica caldeana, ortodoxa siriaca y católica siriaca.
Además, pueden ver los partidos de dos exitosos equipos de fútbol asirios en el estadio local, así como Suroyo TV, canal asirio de televisión vía satélite. La mayoría de los que llegan aquí es relativamente adinerado —casi todos pagaron entre diez mil y 20 mil dolares para conseguir los papeles necesarios para salir de Iraq— y a menudo tienen un alto nivel de estudios.
Pero el trabajo escasea en Sodertalje, en especial para quienes hablan poco sueco, y los iraquíes que llegan ahora tendrán que esperar varios meses para iniciar las clases regulares de sueco.
“Después de todo lo que tuve en Iraq, tengo que sufrir esta humillación”, dijo Mariam, quien ha vivido con amigos desde su llegada.
“Quiero trabajar, quiero mantener a mi familia, pero ¿qué puedo hacer aquí?”