Él bien podría ser el último hombre lleno de esperanza en Iraq. En medio de la violencia, la economía en picada y la creciente intolerancia religiosa y política, Hasan Nassar puede ver un tranquilo y democrático Iraq al alcance de la mano, uno en el que las ideas, no las balas, son lo primordial.
La incubadora de su visión es su pequeña galería de arte, al norte de Bagdad, que inauguró a principios de 2006, cuando muchas otras cerraban. La mantiene viva con una incesante rotación de exhibiciones, conferencias, lecturas de poesía y proyecciones de películas.
La premura invade este programa. Nassar cree que la cultura puede proporcionar un camino para salir del odio y el temor que agobia a Iraq, e intenta lograr que iraquíes que comparten su mentalidad se unan a su movimiento.
Poca gente fuera del reducido mundo del arte iraquí sabe de la existencia de Nassar, y el flujo a cuentagotas de visitantes a la Galería Madarat sugiere que muchos iraquíes encontrarían su idea quijotesca. Además, la galería, la única que queda en Bagdad con exposiciones que cambian con frecuencia, dista mucho de ser redituable.
Sin embargo, Nassar insiste en lo mismo, y pasa sus días tomando té negro con un grupo de artistas y bohemios. “Tratamos de recuperar la mente abierta iraquí’’, señaló Nassar, de 37 años. “Es una oportunidad para un nuevo período y quiero ser parte de eso’’.
Inmediatamente después de la invasión, la comunidad cultural de Bagdad se sintió rebosante de optimismo. Para muchos artistas, la caída de Saddam Hussein prometía un nuevo florecimiento de expresión, una liberación artística.
Encontraron clientes entre los exiliados que regresaban y el flujo de extranjeros, entre ellos diplomáticos, trabajadores de ayuda, periodistas e incluso las fuerzas armadas estadounidenses.
“Era la época de oro’’, dijo Hadi Mahood, de 36 años de edad, pintor que trabaja en un taller grupal sin electricidad en el barrio de Karada, en Bagdad. “Esperábamos una buena vida’’.
Pero a medida que creció la insurgencia árabe sunita y la violencia sectaria arrasó con Iraq, la comunidad artística local se dispersó. La gente dejó de gastar dinero en todo salvo bienes indispensables y las ventas de arte se desplomaron. Casi todas las galerías de Bagdad cerraron, y cientos de los artistas más talentosos se unieron a los iraquíes que huían de Iraq.
Los que se quedaron se refugiaron en el anonimato de sus talleres o abandonaron sus herramientas por completo.
Muchos han llegado a la conclusión de que su vida como artistas era mejor bajo el régimen de Hussein.
“Un millón de veces mejor’’, dijo Noori al-Rawi, de 82 años, pintor, curador y estudioso del arte, que fundó cuatro museos en Bagdad y es considerado por muchos en el mundo del arte iraquí como uno de los pioneros del arte moderno iraquí.
Rawi se ha deprimido tanto por el estado de su país, que no ha tomado un pincel en más de dos años. Señala que está listo para juntar todos sus archivos de historia del arte y quemarlos.
“Siento ahora que toda la humanidad está contra Iraq, contra los iraquíes, contra su historia y contra su cultura’’, indicó Rawi.
El mismo Hussein era un benefactor de las artes, al patrocinar competencias, exhibiciones y becas. Pero estaba lejos de ser un benefactor igualitario . Recompensaba a aquellos que lo honraban con esculturas y pinturas halagadoras y algunas veces presionaba a importantes artistas a que hicieran tales proyectos.
Castigaba a aquellos cuya obra o palabras se oponían a su gobierno.
Por esa razón, Nassar no comparte la idea de que Iraq era mejor para los artistas bajo el regimen de Hussein. A Nassar le iba bien con su arte, pues vendía pinturas a través de un comerciante en Austria.
No obstante, señaló, la vida era sofocante para cualquiera que no estuviera cercano al régimen.
“Saddam no lastimó a mi familia ni mató a ninguno de mis familiares’’, indicó.
“No sufrí ningún tipo de violencia. Pero la vida era un suplicio, especialmente si te gustaba ser libre. En Iraq, tenías que cumplir con órdenes.
“En ese entonces, sólo respirábamos. Ahora tenemos esperanza, la esperanza de un buen futuro’’.
Comentarios optimistas como éstos se han vuelto muy escasos en Iraq, especialmente de gente que no sea políticos o generales. Pero aunque Nassar sabe que es el único, insiste en que no lo está.
“Hay más gente que cree esto’’, admitió, “pero necesitan conocerse antes de que puedan convertirse en un grupo’’.