Es difícil mantener la objetividad cuando llega el momento de entrevistar a un actor favorito como Dustin Hoffman. Claro que existen Robert De Niro, Al Pacino, Jack Nicholson. No vamos a desprestigiarlos.
Pero Hoffman sigue ocupando el primer lugar de mi lista, aunque él mismo no se considere una estrella: “Si salgo a comer solo, nadie me molesta. Pero basta que vaya con alguien como John Travolta para no poder comer tranquilo. ¿Ves? Eso es ser estrella”. Ni siquiera él se da cuenta de que en verdad genera tanto respeto que la gente no se anima a molestarlo.
Asombra la humildad que lo caracteriza, junto al sentido del humor que siempre mantiene, como cuando bromea preguntando: “¿No pagarías un dólar para saber lo que hace en estos momentos George Bush?”.
Pregunta: ¿Analizó alguna vez los factores de la fama? ¿Alguna vez hizo terapia?
Respuesta: ¿Si en algún momento estuve en terapia? Ni siquiera me acuerdo el momento en que no tuve terapia. Espero seguir en terapia incluso después de morirme. Es una de las cosas que te atrapan. Todo depende si tu terapeuta es bueno. Los buenos abundan poco, en todos los rubros. Uno automáticamente piensa en un doctor. No. Hay que ir a uno bueno. Y un buen terapeuta te dice que hagas lo que los actores tratamos de hacer: ser espontáneo, seguir la corriente, sin buscar una conexión. Lo primero que me pasa por la cabeza, si estuviera en terapia ahora mismo, diría “no sé por que, pero me gustaría que esta entrevista siga de por vida” (se ríe). Cuando llegue el momento en que alguien entre y diga “última pregunta” me voy a poner triste.
P: ¿Hoy disfruta más de su carrera con ironía por no sentirse una estrella de cine?
R: Sí, sí, sí, sí. Yo empecé trabajando como actor de reparto y ahora volví a trabajar como actor de reparto (riéndose). Eso lo veo muy irónico.
Dustin Hoffman nació en Los Ángeles (8 de agosto, 1937) y estudió actuación en el Pasadena Playhouse, antes de mudarse a Nueva York para seguir con los estudios de actuación.
“Tenía 21 años cuando me fui en 1958”, recuerda confesando una pasión diferente; “la verdad es que yo no quería ser actor, quería ser pianista. Me estaba yendo muy mal en la preparatoria para la Universidad; necesitaba tres créditos y alguien me dijo que tomara la clase de actuación ‘porque nadie fracasa’. Así empecé”. Y así le fue también.
P: ¿Piensa en el Oscar con cada nueva interpretación?
R: Algunos actores mienten. Will Farrell, por ejemplo, dirá que no le interesa el Oscar, pero en cada escena que terminábamos, cuando le decía que estaba bien, me preguntaba si le había parecido que lo iban a nominar (se ríe).
P: ¡Usted ganó dos Oscar y lo nominaron siete veces!
R: (Interrumpe) No son suficientes.
P: ¿El Oscar realmente cambia la vida de cualquiera?
R: Según me contó Emma Thompson, aparentemente se vive más tiempo. Es verdad. No bromeo. Se publicó un artículo científico donde gracias al Oscar uno vive ocho años más. Ya no tiene que ver con ganar más dinero, ahora es cuestión de vida o muerte (se ríe).
P: ¿Está filmando alguna película nueva, ahora mismo?
R: Ya terminamos la filmación, en Toronto de la película Mr. Magorium's Wonder Emporium. Yo interpreto a Mr. Magorium, un inventor de juguetes de 243 años que le cede el negocio a Natalie Portman y cuando lo hace, toda la magia en los juguetes empieza a cambiar y desaparece. Es la primera vez que trabajo con un director debutante, Zach Helm. No significa que antes los haya evitado, simplemente sucedió así. Es la primera vez y no sentí ninguna diferencia, para nada.
P: ¿Se siente con más libertad interpretando personajes de reparto como en las últimas películas de Finding Neverland, I Heart Huckabees o Meet the Fockers?
R: No. Extraño los tiempos en que era una estrella. Ahí tenía libertad. Cuando me pasaron el guión de la película Stranger Than Fiction llamé al director (Marc Foster) para preguntarle en qué página aparecía mi personaje. Le dije que ya estaba por la página 23 y me contestó que siguiera leyendo. Me dijo exactamente: “No es el protagónico, pero es un personaje un poco más grande que el de Finding Neverland” (vuelve a reír).
La película Stranger Than Fiction es una original comedia sobre una mujer (Emma Thompson) que escribe la novela sobre un solitario auditor de impuestos (Will Farrell), sin darse cuenta que la ficción se convierte en realidad. Quien se da cuenta es el ficticio (o real) protagonista que empieza a escuchar en su cabeza la voz de la autora relatando su propia historia, sorprendiéndose que viva cada frase que ella escribe. Según las notas de producción, Dustin Hoffman interpreta un ‘literario teórico’ Dr. Jules Hilbert, que lo ayuda a averiguar lo que está pasando, sugiriendo que cambie ciertos aspectos de su vida para evitar que la autora lo termine matando como el final de la historia.
P: ¿Qué es exactamente un literario teórico’?
R: ¿Un qué?
P: Literario teórico. Así describió la producción a su personaje en la película Stranger Than Fiction.
R: No me preguntes a mí. Si lo hubiera visto, yo hubiese preguntado lo mismo. No vi las notas de producción, no las tengo. ¿Un literario teórico? Yo lo definiría como un profesor de literatura. ¿No es más fácil? (riéndose). Es la primera vez que recibo un guión que realmente escribió el autor.
P: ¿Si tuviera la capacidad de elegir una voz en su cabeza, como el protagonista de Stranger Than Fiction, qué persona en particular elegiría?
R: He sido un esquizofrénico toda mi vida. Si pudiera elegir alguna voz en mi cabeza, sería cualquier mujer normal que diga “sí, sí, sí, más, más”.
P: En la película también trabajan dos grandes comediantes como Emma Thompson y Will Farrell ¿Alguna anécdota divertida que pueda contar?
R: Antes que nada, todos les fuimos infieles a nuestras parejas (guiña un ojo).
P: ¿Y alguna anécdota que realmente haya pasado?
R: Con Emma nos tocaba filmar juntos y de alguna forma terminamos saliendo a caminar por la calle de Chicago. Ya teníamos nuestro diálogo memorizado y empezamos a ensayar. Pero la gente empezó a reconocernos y para evitar llamar la atención decidimos repasar la letra como si realmente fuera un diálogo, dejando que la gente nos escuche, improvisando un poco mientras lo hacíamos... (Hace una pausa, mira fijo y reacciona) No suena tan interesante, pero es una de las anécdotas divertidas. No puedo contarte lo que hice la noche de fin de año con Emma (Thompson).
P: Más allá de las bromas, al menos admitió que llama la atención de la gente y sigue siendo una estrella de cine reconocida. ¿Le gusta que lo reconozcan o se esconde con lentes y sombrero cuando va por la calle?
R: Emma se quejaba que yo no uso sombrero ni bufanda para esconderme y camino por la calle así. El problema es mi nariz. Prefiero que me reconozcan antes de aparecer como un judío avejentado. No creo que nadie que tenga la nariz como la mía use sombrero. Los que tenemos nariz grande no nos vemos bien con un sombrero. Es la verdadera razón.