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Edición del DOMINGO 24 de Junio del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Sociedad 
Frente al mundo real: Más allá de la burbuja
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¿Cómo afectan `las burbujas´ a la sociedad?

Texto: María Inés Plaza Lazo

Hay algunos que vivieron el bajo mundo  de ser pandilleros. Otros nacieron con la piscina en sus patios. Son dos comunidades que vivieron, en su momento, una vida de burbuja. Ahora, varios de sus integrantes, decidieron salir de ella, mostrarse distintos, frentear el mundo real. Ese que se vive a diario.

Burbuja es burbuja. No hay diferencia en la esencia de estos espacios, solo en sus componentes. Ahí adentro se crean intereses y necesidades comunes para un determinado grupo social, compartiendo normas, costumbres, lenguaje, entre tantas de las complejidades humanas que dan al individuo valores, aceptación y sobre todo, una identidad.

Con este argumento, el sociólogo Fabricio Medina aclara la existencia de las burbujas que se crean en la urbe, barrios muy diferentes entre ellos dentro de una misma ciudad, en donde tarde o temprano, el individuo debe aprender a vivir independiente y aceptando las múltiples realidades que la conforman.

Los pandilleros se identifican con sus agrupaciones; Rebel People, Hermandad Cóndor de Acero, Viuda Negra, Big Clan, Nación del Hierro. Fraternidades que tienen su propia jerarquía, sus deberes y formas de divertirse. Un líder, un personaje a quien respetar en su comunidad pequeña.

Quienes viven en urbanizaciones cerradas, sobre todo en las de Samborondón,  tienen costumbres que en su mayoría podrían considerarse un lujo; familias económicamente estables que determinan prioridades y necesidades, figuras por sus alcances públicos, educación académica completa, no tener que salir a la ciudad pues toda necesidad material está en el centro comercial más cercano.

Así lo testimonió diario El Universo hace tres años, delatando una realidad alarmantemente hermética, calificando como Chicos Burbujas a algunos habitantes más jóvenes de Samborondón, donde unos aseguraban no conocer la ciudad después de cruzar el puente.

Pero la ciudad no debe vivir con muros, pues es una forma de evadir una realidad más extensa y más movida que la de una urbanización de diez casas y una visión recortada de los problemas del otro lado de la garita. “La ciudad como sistema es un conjunto de elementos que se interrelacionan cumpliendo funciones distintas y manteniendo un equilibrio”. Así lo dijo alguna vez el ovacionado Jaime Lerner, ex alcalde de Curitiba, arquitecto, urbanista y político brasileño.

Entre otras cosas, la implementación de las ideas de Lerner, llevaron a Curitiba a ser considerada en el 2002 como una de las cinco ciudades más modernas del mundo. Lerner no ha de estar muy lejos de una verdad que pueda hacer funcionar bien a una ciudad.

El ser humano es un ser integral (bio-psico-social y espiritual) y lamentablemente no existe burbuja que pueda completar todas sus necesidades, manifiesta el sociólogo Medina, sobre todo cuando es joven aún y la identidad colectiva no lo satisface y comienza a buscar una identidad individual fuera de su espacio original.

Entre los 14 y 18 años, el proceso universal se cumple; todo joven necesita encontrar su identidad. La psicóloga Sonia Navas, especializada en casos adolescentes, cuenta que en el desarrollo de un ser vivo hay una fase de su evolución que se intensifica en la pubertad.

En esta etapa llegan a formar una identidad a partir de un viaje entre los modelos que tienen al alcance de sus manos; padres, hermanos mayores, ídolos platónicos. La búsqueda de la identidad trascendiendo todos estos elementos que influyen en la formación del individuo, asegura la doctora Navas,  es un proceso sano y natural.

Chicos privilegiados abandonan las comodidades para reflexionar por que ellos sí las tienen todo y otros no. Pandilleros que saben que se equivocaron al pensar que robar no está mal y trabajar innecesario. Ahora algunos de aquellas burbujas quieren aprender que el pan se lo tienen que ganar con esfuerzo y romper esquemas.

La pandilla o la urbanización privilegiada no son círculos negativos si no caen en los extremos. Si el pandillero encausa sus rebeldías a favor de algo constructivo, se quita la etiqueta de “chico malo” de encima. Si el aniñado se permite el contacto con labores comunitarias que lo vinculen con el mundo, su evolución es semejante al del ejemplo mencionado. Ambos están en la misma búsqueda, afirma Navas, y necesitan reflexionar con más de una visión de las cosas.

Vivir y no solo sobrevivir
Cada uno de ellos es parte de algo. Y cada vida que cambia es una satisfacción para todos. Entre los integrantes de una pandilla se crea una fortaleza mayor a la que se puedan crear en otros círculos. Quienes forman parte de esta alianza, conocen la profundidad de la fuerza incondicional con la que se comprometen.

Ensayan entre ellos las situaciones que vendrán después en la vida, a partir de una filosofía que arremete contra la dureza impuesta. En resumen, crean una familia.

Edison Macías (24), luego de tantas experiencias en la calle, puede reflexionar sobre su futuro, que asegura no hubiera podido forjarlo con responsabilidad  si seguía viviendo como pandillero. Macías forma parte de la hermandad Big Clan hace más de ocho años, seis de los cuales ha trabajado sus problemas de ilegalidad urbana encontrando prioridades en su vida; una pareja, su hijo Justin, la necesidad de comprar la leche para el niño sin tener que robarla.

George Asanza ingresó a la pandilla a los 14 años. En ese entonces se llamaban Hombres de la ciudad y era más bien un grupo musical que bailaban breakdance. Luego se convierten en Hombres de Hierro, pero cambian el nombre a Nación de Hierro, debido a la integración de mujeres en la agrupación. Jéssica, la primera en uníserles, llegó a ser la líder del grupo, evitando las disputas entre hombres, dejando a la única mujer estar sobre ellos.

Pero las cosas siempre van cambiando. Asanza lidera la agrupación ahora, proyectando como prioridad de todos, la paz alrededor de las 49 manzanas que conforman el barrio de “los rompevidrios”.

Cada pandilla tiene un motivo diferente de ser. En el caso de Nación de Hierro, el objetivo era conseguir armas para enfrentarse a grupos enemigos, para defenderse, para atacar. El problema era encontrarlas legamente.

El vandalismo del líder de la pandilla terminó en la cárcel, donde Nelsa Curbelo, gestora de la fundación “Ser Paz” que alberga a chicos de pandillas para encaminarlos a una vida justa,  lo visitó hace más de seis años, para conocerse y empezar un proceso de cambio que sigue hasta ahora.

Asanza quisiera que las siguientes generaciones no pasen lo que el vivió a falta de oportunidades de tener una vida honrada. Mira a su hija Adeleine, de seis años hacer la seña del grupo con la mano y espera que cuando crezca sepa determinar las cosas buenas.

El líder de Nación de Hierro es ahora también la cabeza de movimientos para rescatar a chicos de ideas confundidas, que se creen aun dueños del mundo, que recién están conociendo lo que Asanza ya quiere olvidar.  El vocero de Ser Paz busca  planes de real prevención para jóvenes, y resalta que es así como se ataca el problema de raíz. Reprimir es solo poner parches.

En mayo del 2006 Curbelo, expresó la inmensa gratitud que significaba que los chicos abrieran la imprenta “Paz Urbana”, una clara muestra de la real posibilidad de hacer una ciudad en la que podamos convivir todos y aceptar nuestras diferencias.

La pizzería, la imprenta, la ebanistería, el estudio musical son solo la punta de un iceberg, afirma Curbelo. La intención principal de todo este proceso de cambio es que los chicos de las pandillas lleguen a valorarse así mismos como seres humanos, para poder sentirse más valorados por su entorno. El cambio personal que se ha realizado hace más de seis años se empieza a ver recién ahora, con el fruto de un crecimiento integral.

Ellos han tomado las riendas de todo esto, manifiesta Curbelo, quien a pesar del cansancio producido a causa de las interminables batallas que enfrenta junto a ellos, siente gran admiración por los resultados de un esfuerzo en conjunto. Sabe que ella sigue siendo la guía, la presidenta de todo un “gabinete” de microempresarios, pero ella dice ser reemplazable y que ninguno depende de ella. Toda persona es imprescindible, pues cada una aporta a su manera y con estilo propio en un momento determinado a la vida de otros, expresa.

Cúpulas de cristal
“Pili, no sé si felicitarte o darte mi pésame”. Son los comentarios que recibe Pilar Jarrín (22), graduada del Liceo Panamericano y estudiante de publicidad y relaciones públicas en la UEES, cuando sale temprano de una fiesta, con la razón de hacer labor social los domingos en el barrio La Aurora, a través del servicio que da el programa Regala una Esperanza.

No es que regale refrigeradoras, cocinas o televisores, dice Jarrín; la labor consiste en pasar el día en la vida de los niños del barrio marginal, regalándoles juegos y risas, clases formativas y refrigerio, pero sobre todo, el afecto que carecen.

Pili Jarrín comenta que los jóvenes que no saben lo que es necesidad, hambre o sufrimiento (y entre ellos se incluye ella misma) la mayoría de veces se ven envueltos en un mundo donde la farra, lo que tomas, lo que te pones, con quién andas, tus reacciones, el consumo, los dominan y hasta cierto punto los presionan a concentrarse solo en estas efímeras preocupaciones, ya que el entorno lo demanda, sin tomar en cuenta la realidad a la vuelta de la otra esquina.

Pero siempre existe la inquietud de ser diferente, afirma Jarrín, quien supo que la preocupación sobre el alto nivel social no era tan profunda como la necesidad de ser alguien importante para dar un sentido a vidas extraviadas.

Álvaro Flores (19), exalumno del colegio Javier, cree que es difícil enfrentar los comentarios de quienes lo rodean, pues no comprenden en total las metas que él se pone delante. No hacer lo mismo que los demás, ir en contra de la corriente, saber qué responder cuando le preguntan qué hace trabajando para los una fundación que no lo favorece en nada en vez de estar en la empresa de la familia, son presiones que ahora sabe enfrentar. Sacrifica estos pequeños lujos, pues a veces se necesita algo más que dinero, expresa.
Acción Solidaria, de acuerdo con Flores, es una fundación que da asesoría y capacitación a empresas que se dedican al liderazgo humano y al desarrollo social, que mantiene la escuela para trabajadores de la calle que no han completado sus estudios primarios, buscando nivelar conocimientos.

Francisco Ortega (18), al igual que Flores, necesita sentirse útil. Él, a más de estudiar leyes en la Universidad Espíritu Santo (UEES), deja a un lado los partidos de fútbol con sus amigos, o las reuniones de los jueves en la noche para junto al grupo “Pan para mi hermano”, tal como él lo expresa, alimentar el estómago y la esperanza de la gente en la calle.

Ortega considera admirable el valor de jóvenes que se someten al proceso de desprendimiento de lo que estaban acostumbrados. Menciona la labor de los pandilleros que trabajaban por un futuro limpio, y la compara con la labor de quienes están acostumbrados a tener todo lo que necesitan. Francisco se arriesga a salir solo a pesar de no conocer la vida de la calle, de no saber cómo defenderse, de no saber qué hacer si le roban.

Recuerda que para el día de la madre, contrataron lagarteros para festejar a las madres de las veredas. Ortega sacó a bailar a una señora, la cual al sentir su solidaridad, a los 30 segundos ya recostaba la cabeza en su pecho. Aparte de sentirse útil, al enseñar la palabra de Dios a quienes no la conocen, dice aprender algo valioso todos los días.
Sus problemas se hacen pequeños al escuchar los conflictos de las mujeres que hablan con él. Madres que perdieron a sus hijos en una visita de domingo al estadio, esposas sin esposos y con hijos que alimentar. Ahora puede valorar lo que tiene con sencillez y buscar con ambición más formas para ayudar a su prójimo.

A pesar de que durante los últimos años en el colegio Cruz del Sur realizaba labor social como actividad extracurricular, sabe que es diferente ayudar por voluntad propia que por obligación. Aunque llama a esto, un deber de todo ciudadano que tenga la posibilidad de preocuparse por otros.


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