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Edición del DOMINGO 24 de Junio del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Los riesgos de la inocencia
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Texto: Hernán Pérez Loose

La obra crea un continuo conflicto de emociones, muy común en la poesía pero raro de encontrar en una novela. El romance de un amor irrealizable explora una región de sentimientos tan profundos como dolorosos”.

La primera mitad de esta novela de Ian McEwan (Expiación, editorial Anagrama, Barcelona) nos lleva a dos días del verano de 1935 en Inglaterra. Debieron ser los días más calurosos de ese verano. La enorme casa de campo de la familia Tallis parecía invadida por una lenta monotonía y tranquila elegancia.

En su habitación descansa como siempre la  señora Emily. Esta vez está esperando que se le pase una migraña, mientras que el señor Tallis, un importante funcionario del Ministerio de Defensa, está en Londres. Su trabajo, que lo consume noche tras noche, lo tiene fuera de la casa por varios días. En el jardín apenas se escucha al viento levantar las hojas caídas de los árboles.

Brioni, la hija menor de la familia, con vocación de literata y ansias de ser adulta, acaba de escribir una pequeña obra de teatro, Tribulaciones de Arabella, que piensa poner en escena como bienvenida de su hermano León, quien acaba de dar sus exámenes universitarios y regresa a casa con un amigo.

Otra persona que vuelve a casa para pasar el verano es Cecilia, la hija mayor de los Tallis. También son esperados unos primos cuya madre, la hermana menor de la señora Tallis, ha abandonado a su marido y se ha ido a París con “un hombre que trabajaba en el cable”.

A esto súmese Robbie Turner, el hijo de la criada de la casa que es muy querido por los Tallis al punto que le financian sus estudios.   Robbie, a diferencia de Cecilia,  regresa con excelentes calificaciones en Cambridge. Entre ellos se respira cierta tensión.

Desde lejos Brioni es testigo de una escena entre ambos. Sin poder entender qué es lo que exactamente sucede, Brioni observa cómo Robbie y su hermana se trenzan en una discusión.

Como resultado, un valioso vaso de porcelana cae en una fuente de agua y se rompe. Robbie ve cómo Cecilia se quita la ropa y se echa a la fuente a rescatar los fragmentos del vaso, mientras que Robbie la observa. Es una escena llena de belleza, ruina y sensualidad. Brioni, sin embargo, llega a la conclusión de que Robbie ha obligado a su hermana a hacer algo vergonzoso.

Desde ese momento la novela toma un giro extraordinario. El error de Brioni, producto de su imaginación inquieta e ingenuidad, más otros eventos, marcará la vida de muchos por casi cuatro décadas.  Es como si de repente varios libros comienzan a correr en forma paralela a partir de este evento.

La obra crea un continuo conflicto de emociones, muy común en la poesía pero raro de encontrar en una novela. El romance de un amor irrealizable explora una región de sentimientos tan profundos como dolorosos.

Así como la primera parte de la novela comienza con la emblemática ruptura de un vaso de porcelana, la segunda parte se abre con una terrible pesadilla de un niño cuyas piernas están atrapadas en las ramas de un árbol. La novela nos transporta a la terrible retirada de las tropas británicas hacia Dunkirk, en 1940.

Los detalles y dolores de la guerra, de los hospitales y de su cotidianidad son descritos con una precisión asombrosa. De hecho, el autor agradece al final de su obra la ayuda que recibió del Museo Imperial de Guerra, donde pudo revisar cientos de cartas, informes, documentos y fotos. Robbie y Cecilia, en circunstancias muy diferentes, vuelven a encontrarse. Robbie, luego de pasar en prisión acusado por Brioni de violar a su hermana,  es un oficial del ejército. 

Al final McEwan nos sorprende con un ocurrido giro. Le permite a Brioni, a quien encontramos transformada en una enfermera,  contarnos la novela dentro de la novela. Es su “expiación” narrando varias versiones de lo sucedido a lo largo de su vida.

La novela es absorbente. Nos enseña cómo nuestras acciones pueden afectar las vidas de otros, cuántas cosas pueden suceder por un  simple malentendido, por un acto al parecer inocuo.

Ian McEwan (1948) generalmente escribe novelas cortas. Esta fue su primera novela relativamente larga (435 p.) y probablemente la mejor. Luego de Expiación escribió el año pasado Sábado (Editorial Quinteto) y hace pocos días presentó On Chesil Beach. McEwan es considerado una de las figuras más relevantes de la literatura inglesa contemporánea.


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