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Estos consumidores no se dejan llevar por la sociedad consumista

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Los anticonsumistas viven de lo que desechan los demás. En Nueva York, Autumn Brewster halló una pintura.
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Julio 01, 2007

Por STEVEN KURUTZ

Un viernes por la noche, en mayo, al día siguiente de la graduación de la generación 2007 de la Universidad de Nueva York (NYU por sus siglas en inglés), unos quince hombres y mujeres se reunieron frente a un dormitorio. Habían llegado para sacarle provecho a la mudanza de fin de año universitaria, cuando los artículos desechados por los estudiantes llenan enormes contenedores de basura verdes, junto a la vereda.

De acuerdo con Janet Kalish, neoyorquina que se encontraba en el lugar esa noche, el acaudalado cuerpo estudiantil de la NYU hace que hurgar en la basura sea inusualmente lucrativo.

Un hombre escarbó hasta las profundidades y desenterró un televisor Sharp. Autumn Brewster, de 29 años, encontró una pintura de un puerto mediterráneo, que ella examinó y entregó a otro miembro de la multitud.

Algunas de las personas presentes habían dado por casualidad con el evento, pero la mayoría estaba ahí a propósito, en respuesta a un aviso colocado en el sitio de Internet freegan.info.

El sitio, que proporciona información y listados para la pequeña, pero creciente, subcultura de anticonsumistas, quienes se hacen llamar “freegans” —el término se deriva de “vegans”, los vegetarianos que se abstienen de todo producto animal, como también lo hacen muchos freegans— es lo más parecido a una voz oficial que tiene este movimiento. Y para personas como Kalish, sirve como guía para cómo llevar una vida y decorar un hogar en un mundo que ellos consideran hostil hacia sus valores.

Los freegans son busca tesoros del mundo desarrollado, que viven de desechos de consumidores, en un esfuerzo por minimizar su apoyo a las corporaciones y su impacto en el planeta, y para distanciarse de lo que ven como consumismo desenfrenado. Hurgan en basura de supermercados y comen frutas y verduras ligeramente magulladas o alimentos enlatados que acaban de caducar, tirados rutinariamente a la basura, y negocian con tiendas y restaurantes simpatizantes con la causa para que les regalen la comida que sobra.

Visten ropa de segunda mano y amueblan sus casas con artículos que encuentran en la calle, en freecycle.com, donde los usuarios listan artículos que no desean, así como en tianguis o mercados pulgas donde no hay intercambio de dinero.

El “freeganismo” se remonta a mediados de los 90 y nació de la antiglobalización y de los movimientos ambientales.

Hay freegans en todo el mundo, en países tan lejanos como Brasil, Corea del Sur, Estonia e Inglaterra, así como también en todo Estados Unidos.


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