Hoy jugaremos contra México, que le ganó a un insípido Brasil. ¿Seremos capaces de ganarle a estos dos? Casi imposible. Me quiero equivocar y estaré espiritualmente con nuestros muchachos.
Debemos ser honestos. Hasta el minuto 79, el equipo ecuatoriano fue superior al chileno. Buen manejo de los tiempos, buena cobertura de los espacios especialmente en los ataques y aceptables remates que merecieron convertirse en goles.
Chile, como equipo, dejó mucho que desear, no se encontró nunca exceptuando las jugadas brillantes de un goleador a quien, también, le regalaron los espacios. ¿Le regalaron o se los fabricó? Porque Humberto Suazo con esa pasmosa flema para desmarcarse le ha hecho goles a todo el mundo.
¿Pero qué realmente pasó con nuestros tricolores que virtualmente tenían ganado el partido? Se habló de calor y humedad y entonces me dije: después de la segunda mitad del segundo tiempo Chile se hunde porque por allá el calor es seco y los nuestros se los llevarán por delante y chao.
Fue al revés. En el centro chileno para el segundo gol de Suazo, las piernas de los ecuatorianos se movieron en cámara lenta y la reacción de Ulises de la Cruz, cuando lo sobró el centro que recibió el araucano, fue cero. Y como Chile atacó un par de veces más, nos dio la impresión de que los nuestros no podían ni con su alma.
Estamos molestos y dolidos con el agridulce sabor de jugar bien y perder mal. Ahora, ¿cuál es el ahora?, jugar hoy contra México que ganó a un insípido Brasil. ¿Seremos capaces de ganarle a estos dos?
Casi imposible, diría yo. Y me quiero equivocar y estaré espiritualmente con nuestros muchachos. Y ya que hablamos de espíritu, ¿tendrán los mexicanos el mismo cuidadoso esquema que utilizaron contra Brasil cuando se midan con nosotros? Por allí resulta que salen engreídos e infatuados de puros sobrados y los criollos le podrían hacer la boleta.
Pero es difícil. México juega bien y desequilibra con Nery Castillo. Si no pudimos con Humberto Suazo, ¿podremos contra Castillo?
Los goleadores de estirpe tienen una cualidad muy especial: siempre están atentos a los movimientos de los arqueros; ellos saben visualmente o instintivamente cuándo pueden sorprender en contramarcha a los cuidapalos y por allí actuar.
Es un ritual en cada disparo porque conocen la piel del adversario. Están imbricados el uno con el otro.
En otro tema, la FIFA ha sido flexible cuando ha subido la altura mínima de las ciudades afectadas. Quito será la sede de la eliminatoria, entonces nuestra selección tiene que demostrar que también puede ganar en el llano con extremo calor y sofocación.