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| Con Pamuk en la nieve |
Texto: Clara Medina
Yo quiero un Dios que no me obligue a descalzarme para acudir ante su presencia, ni a besar la mano de nadie, ni a arrodillarme. Un Dios que entienda mi soledad”.
Una obra de aprendizaje y descubrimiento. Así puede catalogarse la novela Nieve, del Premio Nobel de Literatura 2006 Orhan Pamuk. En su más reciente libro traducido al español y editado por el sello Alfaguara, el escritor turco, de 55 años, muestra a su país natal con su complejidad cultural, religiosa y política. La narración, ambientada en la década del 90, es un retrato de aquella sociedad y ayuda a que el lector se asome a ese mundo.
Pamuk utiliza como protagonista de su novela a un poeta y periodista de nombre Kerim Alakusoglu, a quien se conocerá, a lo largo de la historia, simplemente como Ka. Es un hombre que ya pisó la cuarentena, soltero, y que vive en Alemania hace 12 años, pero que retorna a Estambul, en Turquía, por el fallecimiento de su madre. Luego decide visitar una ciudad que le recuerda algo de su infancia y juventud: Kars.
Va a Kars por asuntos periodísticos: pronto serán las elecciones municipales y, al parecer, las ganarán los islamitas. Y, además, se ha enterado de que hay una ola de suicidios de mujeres jóvenes. Pero secretamente y sin que se atreva siquiera a reconocerlo, va también por otro motivo: Ipek, una compañera de universidad que se casó con un amigo de él, está separada de su esposo y el poeta está interesado en ella.
La novela empieza cuando Ka se sube a un autobús en Erzurum con destino a Kars. Desde la primeras páginas el lector reconoce que está ante una gran novela, en la que se utiliza particulares formas de contar.
Hay una voz narrativa que en primera instancia no se identifica de quién es, pero de lo que no cabe duda es de que esa voz conoce bien a Ka. “Demos cierta información sobre él en voz baja aprovechándonos de que se ha dormido”, dice. En ese instante lo presenta. De modo que el lector pronto se entera de quién es el personaje y de cómo es su vida. Y en adelante lo acompañará en ese viaje que le depara acontecimientos inesperados.
En Kars cae una nieve intensa, todo es frío y desolado y pronto la ciudad queda incomunicada. Es un fuerte símbolo a lo largo de la obra. Por eso mismo la novela se llama Nieve y de esa forma se titula también un poema que Ka consigue escribir en Kars, ya completamente enamorado de Ipek, luego de años de sequía literaria. Por cierto, nieve en turco es kar.
Ka se encuentra en este retorno con la Turquía escindida entre lo urbano proeuropeo y lo islamita rural y en Kars con las carencias propias de las pequeñas y remotas poblaciones. Es un mundo que ante sus ojos es un tanto extraño. “Me crié en Estambul, en Nisantasi, en un ambiente de alta sociedad. Quería ser como los europeos. Pasé mi vida lejos de la religión porque comprendía que no podía compaginar el ser europeo con un Dios que hace que las mujeres se cubran la cara y las embute en un charshaf. Cuando fui a Europa sentí que podía haber un Dios distinto a ese del que hablan los tipos barbudos, reaccionarios, paletos”, dice Ka. “¿Hay otro Dios en Europa?”, le pregunta alguien, y él responde: “Yo quiero un Dios que no me obligue a descalzarme para acudir ante su presencia, ni a besar la mano de nadie, ni a arrodillarme. Un Dios que entienda mi soledad”.
Las suicidas en esta obra son jóvenes musulmanas a quienes les prohíben en las escuelas llevar las cabezas cubiertas y que están aferradas a sus creencias, o a las que sus padres presionan para que se casen con quienes ellas no quieren, o que han perdido su virginidad y eso en Kars es deshonroso. A Ka no le llama la atención tanto el hecho del suicidio en sí, sino cómo entre tanta gente, entre tanto control, ellas puedan encontrar ese momento íntimo y de soledad para quitarse la vida.
Nieve es también una historia de amor. Y de hondas sorpresas narrativas con el destino de Ka. Pamuk, su autor, el año pasado tuvo que enfrentar un juicio por, supuestamente, insultar a su país. Considerado un símbolo del libre pensamiento mundial, antes que juzgar, denunciar o tomar partido, lo que busca es explorar la compleja identidad turca. Quizá por ese motivo en Nieve hay una diversidad de personajes, a través de los cuales edifica un mosaico de personalidades y comportamientos.
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