Un viaje de noventa minutos por carretera separa a los guayaquileños de la hacienda Jambelí, refugio de biodiversidad en plena Ruta del Cacao que brinda a los visitantes una amplia variedad de actividades que exploran el atractivo carácter rural de la costa ecuatoriana.
Ubicada en Balao Chico, a solo 16 kilómetros de Naranjal, este agrodestino colinda con alrededor de 1.000 hectáreas del bosque de manglar que bordea el canal de Jambelí, del cual el predio adquirió su nombre.
En el pasado, la hacienda formó parte de un gran latifundio que con el nombre de hacienda Balao Chico perteneció a la compañía Frutera Sudamericana y, antes de ello, a la familia Rubira Morla.
Su extensión actual es de 2.000 hectáreas utilizadas para actividades sustentables que están al alcance del visitante durante un fascinante recorrido.
Sensaciones campesinas
Lo primero que hace el visitante es disfrutar de unos deliciosos patacones y cuajada (tipo de queso elaborado el mismo día de la visita) acompañados del poco conocido jugo de cacao, brebaje que no es una especie de jugo de chocolate, como pudiera imaginarse, sino una preparación hecha con el mucílago o pulpa blanca que recubre las semillas del cacao.
Tras haber disfrutado de tan delicioso piqueo, el visitante inicia el recorrido en las áreas de producción de cacao y embarque de banano, donde el guía explica a los turistas sobre las variadas labores necesarias para el correcto manejo de cada plantación y el proceso postcosecha que concluye cuando el producto se envía hacia su destino final en Europa, Asia o América del Norte.
Posteriormente, los turistas recorren las instalaciones del área acuacultura, en donde tienen la oportunidad de observar la crianza de especies como la cachama, pariente de la piraña que tiene una dieta vegetariana.
Luego el visitante puede dirigirse al Centro de Conservación de la Fundación Jambelí, donde encontrará no solo animales en peligro de extinción, sino que recibirá información suficiente sobre la diversidad de fauna de nuestro país y los perjuicios del tráfico ilegal de vida silvestre.
Después de los recorridos resulta una buena idea continuar la experiencia disfrutando un plato típico al puro estilo del campo, ya sea seco de pollo, tilapia con arroz y menestra o pollo frito con arroz y puré, para aprovechar las horas de la tarde con actividades de esparcimiento, como un paseo a caballo en los alrededores, remar en bote o kayak en el reservorio, observar el ordeño en la lechería o, para quienes se sientan felizmente agotados por tan completa visita, disfrutar de la suave brisa tendidos sobre una hamaca. (M.P.)
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