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Edición del DOMINGO 8 de Julio del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Shanghai, la perla del Oriente
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Panorámica del distrito de Pudong, una importante zona industrial de China.
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Viajemos: Turismo y aventura

Texto: Yolanda de Rojal

Es la ciudad más grande de toda China y el mejor lugar para ver la acelerada transformación de un país, hoy convertido en potencia, donde se mezclan varias culturas.

También conocida como París del Este, Shanghai, que significa “sobre el mar”, posee las características de una gran potencia planetaria, con una superficie de 6.340 km², 17 millones de habitantes y un tráfico portuario de más de 450 millones de toneladas. Considerada como el mayor puerto del mundo, es, asimismo, la ciudad más poblada de China y su capital económica.

Numerosas son las almas que se agitan en esta alucinante, sinuosa y  vertiginosa metrópoli fuera de lo común, donde circula una energía  que a nadie deja indiferente. En el corazón de esta arquitectura caótica y heteróclita que deja sin aliento, desembarqué  un día de otoño y empecé desde el primer momento a saborear la magia del espectáculo fascinante que ofrece el  paisaje urbano de esta ex concesión internacional, mezcla de estilos de diferentes épocas, que le otorgan una identidad hiperrealista.

Construida en la orilla derecha del fangoso y caudaloso río HuangPu,  a proximidad de la desembocadura del río Yangtzé, Shanghai, de clima subtropical húmedo, administrativamente es una de las cuatro municipalidades de la República Popular de  China.

Su situación geográfica privilegiada de puerto fluvial y marítimo a la vez, le permite continuar una expansión cuya meta es cumplir el sueño de sus habitantes: convertirla en la ciudad más importante del mundo.

Súbitamente proyectada con violencia en el futuro, este coloso de brusco despertar donde el trabajo es la razón de existir, llegan empresarios, inversionistas y turistas del resto de la China y del mundo entero, ya sea en busca de fortuna, de buenos negocios o simplemente para deambular en sus calles, densamente pobladas. 

Es, asimismo, el nuevo paraíso de los asesores financieros que desembarcan de todas partes. Fortunas colosales se han levantado aquí y no asombra ver esta generación de jóvenes financieros chinos y extranjeros entre 30 y 40 años vestidos con trajes Armani, conduciendo un Ferrari o un Maseratti. Así, esta ex concesión británica, estadounidense y luego concesión internacional y concesión francesa entre los siglos XIX y principios del XX, rompe hoy todos los esquemas a fin de atrapar los 32 años perdidos por la revolución maoísta.

Su pasado
Shanghai era un pequeño puerto pesquero en el siglo XIII, época de su fundación oficial. En 1842, tras la primera guerra del opio, en Shanghai se estableció la concesión británica, y en 1847 Francia obtuvo su propia concesión.

Antaño, al convertirse en el puerto internacional más grande de Asia, a la par vino su desprestigio como ciudad sinónimo de todos los vicios: fumaderos de opio, prostitución, mujeres fatales, garitos de juego, drogas, nido de aventureros, hasta la invasión de Mao en 1949.

Posteriormente, a partir de  1992, la ciudad presenta  una imagen nueva al mundo cuando Deng Xiaoping, considerado el principal artífice de la modernización de la China, decide promover su desarrollo.

La ocupación japonesa que marcó profundamente a los chinos tuvo lugar en 1931, en el sur de Manchuria, con el pretexto de un atentado a una vía férrea perteneciente al Japón, del que se dice fue planificado por los mismos militares japoneses a fin de invadir la China y continuar su política expansionista en el Asia. 

Guerras del opio
El opio era utilizado por los chinos únicamente como analgésico y fue en el siglo XVII cuando los portugueses empezaron a vendérselo en grandes cantidades, proveniente de la India, donde se inició su uso como droga. Este lucrativo comercio fue adoptado con fuerza por los británicos.

En 1729 ingresaban alrededor de 200 contenedores de opio a China, 4.000 a fines del siglo XVIII y en 1838 los norteamericanos y británicos vendieron más de 40.000 contenedores a los chinos, pero en 1839, por hostilidades suscitadas  en este comercio, estalló la primera guerra del opio entre los ingleses y el imperio chino que duró hasta 1842.

En la segunda guerra del opio, que de hecho es una prolongación de la primera, ingresa Francia junto al Reino Unido contra China y dura de 1856 a 1860. La supremacía del Occidente termina en 1949 con el  advenimiento de la República Popular de China.

El legendario Bund
Como emblema del esplendor arquitectónico europeo ambientado en el exotismo asiático, bordeando la ribera oeste del HuangPu aparece uno de los mayores centros financieros de finales del siglo XIX y principios del XX, que fue llamado Bund por los británicos.

Al emprender una caminata de casi un kolómetro en este magnífico bulevar peatonal, donde se percibe una atmósfera diferente, quizás debido al río que corre a lo largo y a sus lánguidos crepúsculos, pude comprender por qué es el lugar favorito de sus habitantes para largos paseos.

Símbolo del capitalismo de la primera mitad del siglo XX, el estilo de los edificios históricos del Bund ha pasado por varias épocas que van desde el estilo romano al gótico, incluyendo el renacimiento, barroco, neoclásico, para terminar al fin en el Art Deco de las viejas mansiones de las décadas del veinte y treinta, testigos de las antiguas concesiones internacionales, en particular inglesas y francesas que transpiran aún sus gestas de antaño, cuando Shanghai era conocida como Vitrina del Occidente.

Algunas de ellas, hoy convertidas en sedes de bancos internacionales y consulados, entre ellos el de Gran Bretaña y de Rusia, el Peace Hotel y otros.

Nanjing Road
Continuando mi paseo junto a estos edificios de la época de las concesiones extranjeras, remonto el Bund hasta llegar a la vía peatonal Nanjing road, la calle más comercial de Shanghai y paraíso del consumidor, con más de 600 negocios abiertos de lunes a domingo y una marejada de dos millones de personas que la recorren diariamente.

Súbitamente me siento atraída por melancólicos y evocadores ritmos de jazz, que me condujeron al lugar donde se encuentra  el muy célebre y antiguo Peace Hotel, muy representativo del Shanghai del treinta, conocido por su excelente banda de jazz que desde hace numerosos años se presenta en el bar con músicos chinos y extranjeros.

Dejé para otro día mi plan de navegar por el HuangPu para gozar de un momento excepcional escuchando aires de blues y jazz que me remontaron a la década del treinta de Shanghai, época de mujeres misteriosas vestidas de seda fina, fumando con boquilla de nácar y de osados aventureros internacionales. 

Muy célebre también The House of Blues and Jazz en Maoming Road, donde llegan músicos del mundo entero.

El moderno Pudong
Hace 20 años, el centro económico del distrito de Pudong era únicamente una zona pantanosa que hoy cuenta con más rascacielos que Nueva York, de los cuales es difícil decir dónde termina la arquitectura y dónde empieza la escultura, habida cuenta  la armonía de sus volúmenes y la diversidad de materiales utilizados.

De hecho, la ambición de transformar Shanghai en un gran centro económico y financiero internacional en el tiempo más corto posible llevó a crear esta zona futurista en la orilla derecha del río HuangPu, la cual cubre una superficie de  522 km², mirando  al  Bund  de la orilla opuesta.

Poblado de rascacielos espectaculares, hoteles, clubes nocturnos, restaurantes, calles y lujosas boutiques con marcas de los principales creadores mundiales, todo lleva a creer que el Pudong, muestra del renacimiento de Shanghai, la lleva rápidamente a sobrepasar Hong Kong para convertirla en el mayor centro mundial de comercio y finanzas de este siglo.

Después de tres días de recorrer el Bund, me dirigí hacia el distrito de rascacielos de Pudong para sumergirme en el frenesí de sus edificios, los más delirantes que uno puede concebir, entre ellos la Perla del Oriente, uno de los más altos del mundo con su cúspide tallada como diamante.

Exposición universal 2010
Designada en  el 2002 para la Exposición universal del 2010, por primera vez en 150 años este evento  tendrá lugar en un país en vías de desarrollo. Desde ahora Shanghai se prepara con ahínco a fin de demostrar al mundo que es capaz de llevar a cabo gloriosamente una manifestación de tal magnitud, que no dudo será motivo de mayor asombro, dado el arraigado sentido chino de lo espectacular.

Las autoridades locales esperan impresionar  a los 70 millones de visitantes que son esperados entre mayo y octubre del 2010 y la municipalidad ha puesto especial empeño en el desarrollo de una gigantesca red de buses, tranvías y trenes subterráneos. 

Turismo
Convertida en gran destinación turística, de una parte debido a la riqueza de su patrimonio histórico y culinario y de otra parte por su excelente infraestructura hotelera y medios de transporte, Shanghai posee gran variedad de sitios interesantes.

Se puede empezar por sus célebres avenidas, el Museo del Urbanismo, Museo de Shanghai, su ópera y sus célebres jardines, entre ellos el Jardín Yu, el más famoso de China, diseñado durante la dinastía Ming, igualmente templos budistas que datan de varios siglos como el de Chengxiangge y el Jing’an, el más antiguo de la ciudad situado en el centro histórico.

Luego de una semana de sentirme aspirada por esta ciudad sorprendente, cuya divisa es el éxito, llegó la hora de partir, acompañados hasta el aeropuerto por los amigos chinos que nos deseaban un pronto retorno.

Durante el vuelo, mi reflexión fue que pese a mi inclinación por las grandes ciudades y la admiración que me despertó Shanghai, no me gustaría vivir en medio de este torbellino perpetuo hasta donde el tráfico urbano toma cariz de aventura de alto riesgo.


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