¿Usted recuerda algún pasaje de la película Volver al futuro ?... pues si la vio, se verá inmerso en un viaje similar hacia la época medieval al conocer esta hermosa ciudad, capital de la provincial de Guadalajara, España, localizada a solo 130 kilómetros de Madrid.
El clima es mediterráneo con tendencia a continental atenuado, con lluvias escasas, provocando el que sus temperaturas sean algo frías en invierno y cálidas en verano.
Hoy Sigüenza se muestra al mundo orgullosa de ser una ciudad hermosa y acogedora, enriquecida por el paso de un tiempo que parece haberse detenido en sus calles medievales. La ciudad que conserva su estructura de traza medieval, invita al paseo y a la contemplación de sus calles y monumentos.
Monumentos
El recorrido por esta singular ciudad puede iniciarse en la Plaza Mayor, un majestuoso ejemplo de arquitectura renacentista, aunque los edificios que la rodean aportan detalles de diferentes estilos.
Es imprescindible visitar la Catedral, de estilo cisterciense, en la que destacan sus magníficos rosetones góticos de los siglos XII-XVI y el edificio de la contaduría del cabildo, este último de estilo plateresco. En su interior encierra magníficos retablos, relieves, altares... En el brazo derecho del crucero se encuentra la Capilla del Doncel, edificada para guardar los restos de Martín Vázquez de Arce, más conocido como El Doncel de Sigüenza, joven noble y guerrero que perdió la vida peleando contra los moros en la Vega de Granada en 1486. Su estatua yaciente, en alabastro, está considerada como una de las mejores de Europa en su estilo. Asombra su realismo y la postura, recostado con un libro abierto entre las manos, impropia de un mausoleo.
El museo de la Catedral está instalado en tres salas del claustro: la librería del Cabildo, la Sala Capitular de verano y la antigua fragua. Aposentos que ya de por sí constituyen piezas de gran valor histórico y artístico.
Frente a la Catedral, se encuentra el Museo Diocesano, que alberga muestras de la historia seguntina, así como importantes obras de arte. Podemos pasear por sus empinadas calles, y contemplaremos los restos de las murallas medievales, con su Puerta de Hierro y el Arco del Portal Mayor. Al final de la calle Mayor y en la parte más alta de la ciudad, se encuentra el castillo. Tanto el recinto exterior como el impresionante patio pueden recorrerse libremente. La fortaleza conserva intacta su antiguo trazado y sus dependencias: salón del trono, salón de doña Blanca, patio de armas y la preciosa capilla de estilo románico.
Historia y héroes
El Doncel de Sigüenza, don Martín Vázquez de Arce, nació en algún lugar de Castilla y se puso desde muy niño al servicio de los Mendoza de Guadalajara, ciudad en la que su padre ejercía de secretario particular de esta familia, y residió en la ciudad del Henares. Formado en las artes, las letras y las armas ejerció como paje del primer duque del Infantado, y acompañó a las tropas castellanas en diversas campañas guerreras en la Vega de Granada. En el mes de julio de 1486, a sus 26 años, cayó en una emboscada tendida por los árabes en las fangosas tierras de la Vega granadina, donde fue alcanzado por las espadas islámicas. Muerto allí, recogió su cuerpo su padre y fue llevado años más tarde a Sigüenza, donde la familia había adquirido en la Catedral, una capilla de la cabecera, a la que dio título de San Juan y Santa Catalina, y allí se puso, el primero de todos, el cuerpo de don Martín Vázquez de Arce. Su hermano Fernando, obispo de Canarias, encargó la estatua yaciente para su sepulcro. ¿A quién? Nunca se ha encontrado el documento que lo acredite, pero parece muy verosímil que fuera tallada esta famosa estatua en los talleres de escultura de Sebastián de Almonacid, en la ciudad de Guadalajara, hacia 1492.
El Doncel de Sigüenza estuvo casado con una misteriosa dama, y tuvo una hija: Ana, que le sucedió en apellidos y heredó algunos bienes. La familia de los Arce mantuvo siempre la capilla catedralicia en la que se enterraron años después los padres del Doncel, sus hermanos, sobrinos, tíos, etcétera. Hoy es una de las más altas sensaciones estéticas que pueden gozarse: entrar en la Catedral medieval de Sigüenza, avanzar por la nave de la Epístola, cruzar el crucero y llegar ante la soberbia reja de Juan Francés, para penetrar en esta capilla, en la que la luz mortecina y marfileña de la altura estrecha baña de poesía, irrealidad e intemporalidad el recinto.
El Doncel yace en alabastro tallado, tumbado con las piernas cruzadas. Es un caballero que ha muerto peleando "en Cruzada" contra los infieles. Tiene un libro en las manos y medita con la mirada perdida sobre el suelo después de haber leído. En el pecho luce la colorada cruz de la Orden de Santiago de la que es caballero. A los pies, sobre su celada metálica, un pajecillo le mira y llora. El Doncel de Sigüenza es la representación máxima de la cultura medieval, el uso de las armas para defender la fe, la lectura para alcanzar la sabiduría.