Celebración. Hoy se recuerda el Día del Jubilado Ecuatoriano.
Abel Veintimilla cada mañana hace el mismo ritual: servirse un café en agua con panes tostados y huevo pasado, en la cafetería La Palma, ubicada en Escobedo y Vélez. Esta costumbre la practica desde hace 50 años, en esa época tenía 17 años y era acompañado por sus compañeros del colegio Andrés Matheus.
Hoy está solo, pero no le incomoda y más bien lo disfruta. “Así nadie me molesta”, dice.
Veintimilla es guayaquileño pero gran parte de sus horas de trabajo las dedicó a la agricultura en las provincias de Los Ríos y El Oro, en la ciudad hizo uno que otro trabajo. Tiene cinco hijos “todos profesionales”, comenta con orgullo.
Este sitio, y otros de la ciudad, sirven de refugio para los 32.888 jubilados que según el Departamento de Emisión de Pensiones del Instituto Euatoriano de Seguridad Social (IESS) viven en Guayaquil.
Roberto Ortiz, de 93 años, ocupa su tiempo en reuniones con amigos en parques o centros comerciales.
Él trabajó alrededor de 40 años en la Autoridad Portuaria como capataz de estibadores y vive solo porque enviudó hace 25 años y sus seis hijos están en la Sierra. La pensión que percibe es de 100 dólares.
Su sitio de reunión favorito es la plaza San Francisco, donde todos los días se reúne con su ex compañero de trabajo Carlos Pérez Loor, de 64 años, quien se jubiló hace 12 años y percibe 400 dólares de pensión.
Ortiz dice que busca el encuentro con amigos como Pérez para ocupar su tiempo y que a veces también van a los centros comerciales a tomarse un café. Sus temas de conversación giran en torno a la carestía de la vida.
En los bajos de la Caja del Seguro, en av. Olmedo y Boyacá, otro grupo de ancianos tienen las mismas inquietudes. Ellos son jubilados de diferentes asociaciones que se reúnen bajo la sombra de un árbol a hablar del acontecer nacional político y por supuesto de lo difícil que es para un jubilado vivir con una escuálida pensión.
Javier Peñafiel, coordinador del Departamento de Emisión de Pensiones de la Caja del Seguro, asegura que la queja es permanente y que a diario se encuentra con personas de la tercera edad que reclaman un aumento en su pensión.
El pago mínimo de un jubilado a diciembre del 2006 es de $ 57 y el máximo $ 810.
Y como el dinero no alcanza, algunos jubilados se dedican a trabajar “en lo que pueden” para completar el día.
Así, Francisco Serrado Campell, de 72 años, pasa sus días haciendo trámites en la Corte Superior de Justicia de Guayaquil y cuando está cansado se sienta en una de las bancas de Nueve Octubre y Escobedo.
Allí, todas las mañanas hojea el periódico, planea los trámites que le soliciten y luego va al comisariato para hacer las compras de la semana, aunque a veces no le alcanza.
“Mi esposa y mis hijos viven en Nueva York. Allá tengo residencia, pero prefiero permanecer más tiempo aquí, porque hasta las cucarachas me conocen”, dice sonriente.
Se ha desempeñado como marino mercante, administrador de hoteles y mánager de circos. Van a ser las 12:00 del pasado viernes, así que Francisco pide disculpas porque tiene que regresar a la Corte.
Pero, sin duda lo que más disfrutan los jubilados guayaquileños es pasar por lo menos un día a la semana con los amigos, así lo aseguraron algunos de los asiduos visitantes de las cafeterías del Policentro.
En la cafetería El Dollar, Roberto Luque, de 67 años, señala que sus cuatro hijos, once nietos y dos bisnietos son su mayor satisfacción; mientras, sus ocho amigos, todos ex compañeros del Colegio San José La Salle, animan a Fernando Repetto, de 64 años, a conversar de su vida. “Soy geólogo y tengo la suerte de ser jubilado por las Naciones Unidas”, manifiesta. Él vive con su hija mayor y su esposa.
Así se la pasan cada tarde del jueves en la semana compartiendo un café y vivencias.
CIFRAS: Del IESS
32.888
Jubilados. Por vejez. Los pensionistas y riesgos de trabajo llegan a 1.637.
3.797
Jubilados. Es el número que se registra por invalidez.
OPINIONES. Recuerdos
Ejecutiva
‘Casé muchas parejas, me gusta estar siempre ocupada’
Francisca Bravo de Salas se desempeña como secretaria en la Asociación de Jubilados y Pensionistas del Guayas Publio Falconí Pazmiño. Por este empleo percibe $ 150 mensuales. Ella se jubiló hace tres años, luego de laborar 33 en el Registro Civil del Guayas.
“Mi función era casar parejas, aunque estudié comunicación social. Vi más de un matrimonio cancelado a última hora y aún trabajo porque me gusta estar ocupada”, refiere.
Catedrático
‘Aún trabajo porque no me alcanza lo que cobro’
Ha sido catedrático en la Universidad de Guayaquil por 42 años donde dictó la materia de Economía. Su vocación por la docencia lo llevó a seguir dictando clases, aunque confiesa que también lo hace porque “no alcanza el dinero que le dan de la jubilación”.
Mientras hace fila en un banco de la localidad comenta que su situación es la de muchos jubilados guayaquileños que se ven en la necesidad de buscar “algo” qué hacer para ganar unos cuantos dólares más.