Cuando Albert Einstein entró por primera vez a la tienda departamental Rothman’s, en julio de 1939, David Rothman, el dueño, lo reconoció de inmediato.
Ya se había corrido el rumor en Cutchogue, un tranquilo pueblo junto a la bahía en el norte de Long Island, alrededor de 145 kilómetros al este de Nueva York, de que el extraño y desaliñado genio de Princeton, Nueva Jersey, se creía marinero y había rentado una cabaña de verano con vista al Puerto de Cutchogue.
El nombre de su tosco velero de 4,5 metros era Tinef (“chatarra” en yiddish) y, de acuerdo con historias contadas en Little Peconic Bay, Long Island, también podía haber descrito la habilidad de Einstein como marinero.
“Aquí había unas 30 personas que te dirían que rescataron a Einstein cuando zozobró y lo remolcaron a él y a su bote”, comentó Robert, hijo de David Rothman, quien ahora dirige la tienda.
Robert tenía doce años el verano en que Einstein, en ese entonces de 60, llegó por primera vez a la tienda, en busca de sandalias. Aunque las únicas sandalias que Rothman tenía era un pequeño par femenino, parecían encajar bien con la desordenada apariencia de Einstein.
“Aún puedo verlo parado aquí”, comentó Rothman. “Su pelo era muy inusual para un hombre en esa época, y usaba una soga blanca de algodón como cinturón, probablemente algo que sacó de su velero”.
Rothman, de 80 años, es una de las pocas de personas en Cutchogue que aún recuerdan las vacaciones de verano de Einstein en Long Island, en los que hubo momentos de profunda importancia así como de profunda hilaridad.
Uno fue la carta que le escribió al Presidente Franklin D. Roosevelt, que algunos creen que pudo haber llevado al desarrollo de la bomba atómica, y el deleite de los residentes del lugar porque el profesor chiflado necesitaba ser rescatado constantemente después de varar o zozobrar su velero.
En 1939, Einstein buscaba una teoría unificada de campos para unir varios principios científicos, y quizá navegar permitía que su mente fuera a la deriva, junto con su bote.
Después de que Einstein admiró la grabación de la sinfonía “Júpiter”, de Mozart, que se escuchaba en Rothman’s, el científico y el propietario de la tienda descubrieron que ambos eran violinistas y al poco tiempo se comenzaron a reunir semanalmente en el hogar de los Rothman para tocar música de cámara.
Más tarde, Einstein le escribió a David Rothman que había sido su “verano más feliz”. Dijo que la bahía local era “el área de navegación más hermosa que jamás he experimentado”.
En una ocasión, en un intento por explicar su teoría de la relatividad y otros principios, Einstein hizo los dibujos correspondientes en un papel. La familia Rothman recientemente le vendió ese papel a un coleccionista. Aún tiene en su posesión muchas cartas de Einstein, que incluían noticias sobre su velero, su familia y su salud, y sus preocupaciones por la guerra.