El coreógrafo belga Frédéric Flamand ha montado bailes en piscinas secas, iglesias abandonadas y fundidoras de acero.
“Me gusta explorar los espacios poco tradicionales’’, dice. Su interés en la relación del cuerpo con los espacios que habita lo ha llevado, en los últimos años, a colaboraciones con algunas de las estrellas más brillantes de la arquitectura: Elizabeth Diller y Ricardo Scofidio, Jean Nouvel, Thom Mayne y Zaha Hadid.
La palabra “espacio” salpica tan frecuentemente la conversación de Flamand como sucede en la de Hadid, ganadora del Premio Pritzker de 2004 y su colaboradora en “Metápolis II’’. Una caleidoscópica visión de alta tecnología de una ciudad utópica en el nuevo milenio, la pieza de 70 minutos tuvo su estreno, en Estados Unidos, el 25 de julio durante el Festival del Lincoln Center.
La pieza fue ejecutada por primera vez en 2000, como “Metápolis’’, para más tarde cambiar de nombre después de que Flamand la recoreografió para el Ballet Nacional de Marsella, del que ha sido director desde 2004.
Flamand, de 60 años y creador de danza experimental, famoso por su interés en las ciudades, la tecnología y la mezcla de formas de arte, contactó a Hadid, de 56 años, en 1999 después de admirar sus diseños cinéticos.
“La arquitectura de Zaha se basa en el movimiento’’, dijo, en una reciente entrevista telefónica, desde Londres. “Crea un espacio muy fluido y transformación continua. Queríamos hacer que los bailarines bailaran, por supuesto, pero que el espacio también lo hiciera’’.
Con ese fin, Hadid creó tres puentes de aluminio translúcido que los bailarines no sólo deslizan de un lado a otro para formar nuevas configuraciones, sino en cuyo interior y en cuya superficie también bailan.
El audaz vestuario geométrico, también creación de Hadid, varía desde unitardos con capucha y una sola pierna, hasta una falda hecha de almohadas, que sirven como pantallas en las que se proyectan escenas de la vida urbana. La idea, dijo, era hacer una conexión invisible entre el escenario, el vestuario, el movimiento y el bailarín. Por medio de tecnología de pantalla azul, los cuerpos en movimiento de los bailarines también son insertados en escenarios citadinos proyectados en pantallas gigantes en la parte trasera del escenario. De esta manera, los bailarines absorben la ciudad y, a la vez, se vuelven actores en la escena urbana.
Para Hadid, arquitecta nacida en Iraq, pero radicada en Londres, cuyos diseños se caracterizan por espacios traslapados y zigzagueantes que se vuelven alrededor, por encima y sobre sí mismos, “lo que es interesante de la danza es que no hay un solo camino lineal a través del escenario’’, dijo. “Siempre hay traslape e interacción’’.
Quizá no resulte sorprendente que los arquitectos se sientan atraídos por la danza. “La arquitectura es una interpretación’’, dijo Scofidio, quien con su socia Elizabeth Diller ha colaborado con Flamand en tres obras.
Dicho de otra manera, “la arquitectura es una clase de ballet urbano’’, dijo Aaron Betsky, crítico e historiador de arquitectura, quien es director del Museo de Arte de Cincinnati. “Los arquitectos a menudo han sentido que sus edificios captan los ritmos esenciales de las vidas de las personas’’.
Independientemente si diseñan bailes o coreografían edificios, Flamand y sus colaboradores comparten una fascinación no sólo con la forma y los ritmos del cuerpo humano, sino con los patrones espaciales creados entre los cuerpos, entre las partes de los cuerpos y entre los bailarines y el escenario.
Él y Hadid estaban intrigados por “el lugar del cuerpo en la ciudad contemporánea’’, dijo Flamand, y por las contradicciones de la vida urbana: entre privado y público, velocidad y congestión, ruptura y transformación, lo real y lo virtual.
“Queríamos tener un intercambio poético entre el cuerpo y la ciudad’’, dijo. “Lo interesante respecto a trabajar con Zaha fue la confrontación entre su arquitectura y la arquitectura efímera de la danza. El cuerpo influye en la ciudad; no sólo la ciudad y los edificios influyen en el cuerpo. El cuerpo da a la ciudad una forma’’. En “Metápolis II’’ los bailarines literalmente dan forma y alteran la ciudad, algunas veces al usar los puentes de Hadid, “como si fueran una gran falda’’, dijo ésta.
Cerca del final de “Metápolis II’’, los bailarines se reúnen en uno de los puentes de Hadid para ver el video de un edificio en proceso de hacer implosión en la pantalla en la parte trasera. De pronto aparecen imágenes de proyectos de Hadid.
La escena fue inspirada por el fresco “El Nuevo Mundo’’ de Giandomenico Tiepolo, pintor veneciano del siglo XVIII.
“Tomé esa idea. De pronto no hay nada y luego uno ve las proyecciones de la arquitectura futurista de Zaha. Es el nuevo mundo’’, afirmó Flamand.