Mirando en un viejo diccionario, la palabra latina artifex, contiene las siguientes acepciones: artífice, artesano, artista, maestro en un arte. Porque la exposición, que en una fructífera colaboración conjunta del Ministerio de Cultura y de Fomento se inauguró el 19 de julio en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, pese a las apariencias, es un homenaje al artifex, al hombre, como creador de todo lo que representó la ingeniería romana.
La trastienda de un montaje de estas características conlleva que el día antes se rompa el cristal de una vitrina, o que no haya llegado en las condiciones que debería haber llegado cualquier expositor y resolverlo, dando la impresión que todo ha sido muy sencillo. Sin embargo, la exposición que se muestra es de esas de llevar sombrero. Y no solo para protegerse de los rayos solares tan generosos en estas fechas y en esta tierra, sino para poder descubrirse ante la ingeniosa ingeniería romana.
Arquitectura clásica
Doña Amparo Precioso y D. José María Álvarez fueron explicando sala a sala cada uno de los objetos y maquetas que se exponen, ampliando con su sapiencia los elementos que solo la muestra nos permite descubrir algo de lo que debió ser.
Recibe en el pasillo de entrada un libro de los escritos de Vitrubio, arquitecto e ingeniero al servicio de Augusto, De Architectura, considerado, como un compendio de la arquitectura clásica.
La muestra se ha dividido en cinco áreas expositivas: La construcción con materiales y maquinaria. Las comunicaciones con calzadas, puentes y puertos. La ciudad y su equipamiento. La Minería y metalurgia, y finalmente, Las técnicas y artes industriales.
La primera sala está dedicada a los materiales y maquinaria. En ella se puede ver diversos instrumentos, entre ellos una holivela, palabra ya en desuso pero todavía utilizada en el siglo XVI, que es una pieza con la que se podían elevar los bloques de piedra. Varios eran los dispositivos para la elevación de los mismos. Todos han visto en muchas piedras de los monumentos emeritenses unos agujeros a una y otra parte de la misma, ya que servían para ser elevadas con la técnica de las tenazas. Y maquetas de grandes grúas, para la elevación de los materiales.
En la segunda sala, se reproduce un dique seco, además de una excelente reconstrucción del faro de Hércules y preside la sala el acueducto de los milagros.
Comentaba D. José María Álvarez cómo le demandan a Roma el envío de arquitectos a Hispania. Cómo le contesta Plinio afirmando que los hay muy buenos aquí, y resaltaba al constructor del faro de Hércules o al del puente de Alcántara, en donde en el dintel de entrada del pequeño templo que hay al principio del mismo se puede leer: “G. I. LACER P(ecunia) S(ua) F(ecit) ET DEDICAVIT, AMICO CURIO LACONE IGAEDITANO- Cayo Julio Lácer lo hizo y consagró...”.
Planificador de una ciudad
Resaltaba al hablar de la ciudad y su equipamiento, cómo antes de actuar el arquitecto en la fundación de una ciudad, venía antes el «Librador», un personaje que decía de dónde se podía conseguir el agua, dónde había que hacer los puentes, dónde se debían construir las presas; en definitiva, era el auténtico planificador de la ciudad.
Tras él vendrían luego los arquitectos, cuando la planificación, la estructura urbana ya estuvo realizada. Una excelente maqueta del acueducto de los milagros llama la atención en la sala.
En primer lugar una muralla, ya que como en el caso de Mérida, no había peligro como lo demuestran las casas que se construyeron fuera del perímetro defensivo.
Un palco escénico para sus mandatarios. Tenía que mostrar su presencia en lugares públicos de diversión. Un teatro, anfiteatro y circo.
Una infraestructura para el servicio de aguas y edificios espectaculares, que avalaran la magnificencia de la ciudad, como lo sería en Mérida el acueducto de los milagros.
No podía faltar un elemento fundamental en la economía y organización romana: la minería. La referencia a las Minas de las Médulas, la forma de explotación como: Ruina Montium, consistente en excavar galerías y provocar el derrumbamiento de la montaña por el agua que se hacía correr por ellas, constituye junto con las maquetas para la evacuación del agua de las galerías y la extracción del mineral con diversos instrumentos, el contenido de la cuarta área.
Finalmente, la quinta sección está dedicada a las técnicas y artes industriales, desde las fábricas de salazones tan importantes en el sur de Hispania, como a la fabricación de vidrio o la transformación de los productos vegetales.
La exposición a veces asombra por la modernidad de sus técnicas. Recordaban algunos, que el sistema de construir puentes en lugares pantanosos o inundados fue en la construcción del Puente Nuevo y el de hierro, el que se exponía en una de las maquetas. Consistía en aislar una zona mediante la construcción de empalizadas de madera y extraer el agua de la misma, para poder hacer los cimientos de las pilastras sobre las que descansará la parte superior.
Una vez más el visitante ocasional de Mérida, pero sobre todo, el interesado en saber algo más del mundo romano y de su propia ciudad, tiene un motivo adicional para el disfrute intelectual.
Carmelo Arribas Pérez, www.arq.com.mx