Lejos de los columpios oxidados de ruido singular, conitos de frutilla y chiquillas con copete bipolar, la escuela, sus profesores y aquellas enciclopedias ilustradas de ridículo grosor, no hicieron más que mentirme a mí y al resto de mi círculo generacional.
Aparte de la incongruencia planetaria de nuestro sistema solar que solo Tiko Tiko disipó, el caso más humillante es la constante enseñanza que todos los seres vivos, nacen, crecen, se reproducen y mueren. Si esto es cierto, por qué diablos entonces, sigue vivo Dick Clark.
Poco después de la invención de la rueda, Richard Clark, conocido universalmente como “el adolescente más viejo del mundo”, invadió los hogares norteamericanos en programas como ‘American Bandstand’ y los especiales de fin de año desde Nueva York.
Más que vivo, Dick Clark sigue vigente en la cultura popular, lo cual nos lleva a pensar que todo es una conspiración gubernamental para el Programa de Conservación de Íconos de la Industria del Entretenimiento. Es por esto que Walt Disney permanece congelado y Michael Jackson no va preso. Al igual que el personaje de Yul Brynner en la película Westworld (1973), Dick Clark es un robot.
Nuestro Mr. Roboto logró emitir lo que en mi opinión, es una de las frases más poderosas en la historia del mundo contemporáneo, Music is the soundtrack of our life (La música es la banda sonora de nuestra vida).
La banda sonora de una película es una recopilación de canciones compuestas por grupos y artistas, ya sea de manera exclusiva para la cinta o con trabajos de otros álbumes. Para quienes piensen que los soundtracks de películas como Armageddon (1998) y Godzilla (1998) son superchéveres, quizá el siguiente repaso de ‘El Aguacate’ por las bandas sonoras más memorables de los últimos tiempos no sea de su agrado.
Badly Drawn Boy nos regala una moderna pieza conceptual de accidentes y causalidades con su trabajo para la cinta About a Boy (2002). Este disco se podría convertir en el perfecto compañero mientras uno viaja por la carretera solo.
Pink Floyd nos transporta a una época de cambios personales y globales, en la música y la misma sociedad, para el desarrollo de su trabajo de la película More (1969), de Barbet Schroeder. El disco no solo es un excelente anticipo para lo que esta banda realizaría años después, sino que es una fiel representación de cómo el ser humano se encontraba en un estado de permanente evolución y/o involución, convirtiéndonos en partícipes de una historia que jamás hubiéramos podido vivir.
Alfonso Cuarón logró realizar una perfecta recopilación del confuso viaje que Gael García Bernal, Diego Luna y Maribel Verdú emprendieron en Y tu Mamá también (2002). A pesar de que no da ganas de seguir los grados de experimentación a los que llegaron los protagonistas al final de la película, sí logra inyectar la adrenalina necesaria para salir y conocer todo un mundo nuevo.
De la misma manera que este soundtrack logra impregnar el espíritu de la aventura, la banda sonora para la cinta Garden State (2004) es el perfecto remedio para quienes quieran desintoxicarse, mientras reflexionan a través de un aura de sentimientos encontrados.
Para quienes dicen que solo las buenas películas tienen un buen soundtrack, piensen en Purple Rain (1984). Vemos a Prince en aquella característica mezcla de colores púrpura y fucsia, con bigote de heladero, botas de taco aguja, sobre una moto que sirve tanto para salvar una chica de las tenebrosas noches citadinas y para organizar un lindo picnic en el campo.
No existe banda sonora más perfecta que la música proveniente de Saturday Night Fever (1977), donde los Bee Gees estuvieron encargados de componer música exclusiva y original para la película. Este disco debería de venir con pantalones acampanados, zapatos de plataforma y una bola disco para complementar el efecto deseado. Este encierra mucho del pensamiento de Dick Clark, ya que en realidad no es la música de una película, sino que es el soundtrack de toda una generación.
Estas bandas sonoras no son exitosas porque se convierten en una sinopsis sonora del filme sino porque se muestran como una representación independiente del tiempo, espacio y sentimientos que conjuga la cinta.
Al igual que en nuestra propia vida cada canción tiene su historia. Cada sonido nos transporta a lugares visitados, recuerdos de mujeres y olores de mar.
La música es esencialmente parte del soundtrack de nuestra finita y ecléctica película, donde el papel del protagonista principal y dirección de la misma, recaen sobre uno mismo.
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