No solo limpia, sino que es fuente de salud y recreo para nuestros sentidos. Hoy en día puede hacer de un pequeño gesto diario como es lavarse, un completo tratamiento de belleza y aromaterapia que nos sumerja en burbujas de bienestar.
Informarse sobre la acción de los jabones permite desmitificar ciertas creencias, que en algunos casos son impuestas por la moda o por la necesidad de venta de un producto.
Lo que realmente interesa es que cumplan con sus funciones primordiales, limpiar la superficie cutánea, barriendo con las células muertas y los agentes externos que permanezcan en su superficie.
La mayoría de jabones se hacen con sebos de grasa animal, ya que tienen una mayor duración y su precio es muy accesible. Sin embargo, presentan la desventaja de secar la piel y en ocasiones producir irritaciones y molestias en esta.
Para que no se produzcan estos inconvenientes lo importante es que el jabón no sea muy alcalino, ni muy desengrasante, ni demasiado aromatizado (ya que puede ser nocivo para las personas con alergias), o que tenga agregados para reducir la sequedad de la piel.
La ventaja en este caso la brindan los jabones neutros, que tienen un pH similar al de la piel (entre 5 y 7). La sigla pH significa potencial de hidrógeno. La piel tiene su propio pH, que constituye la mejor defensa contra muchos problemas cutáneos de diverso origen y naturaleza.
El pH es neutro al nacer (pH 7), y poco después se convierte progresivamente en más ácido (pH 5 a 6). Una piel sana posee un pH ligeramente ácido a neutro. A su vez, el pH es el valor que mide la acidez o suavidad de una sustancia o producto, como jabones o cosméticos, que usamos diariamente.
Si bien es cierto que existen distintos tipos de pieles y que en algunas hay una mayor sequedad y otras una mayor grasitud y que para cada una de ellas el efecto recomendado es distinto, en el caso de los jabones neutros se minimiza la sobreexposición a estos efectos, y sobre todo, el exceso de aroma, color, consistencia o espuma que dejan de lado la importancia primordial de sus propiedades terapéuticas en la acción diaria.
De todas formas, se han diversificado los estilos de jabones según la característica propia de cada piel y las necesidades que requiere. Sin embargo, sus diferentes tamaños o estilos no implican que unos sean más higiénicos que otros. El jabón está hecho a base de componentes como el potasio y el sodio que permiten estimular su efecto.
Fuentes: www.piel.terra.com.ar
www.aquaspacenter.com