¿Cómo imagina su rutina diaria cuando llegue a los 83 años de edad? ¿Qué le parece trabajar en el gimnasio de 06:00 a 11:00, para luego dedicarse a nadar por tres horas de 20 piscinas de 25 metros de longitud (de 12:00 a 15:00), y finalmente, después del almuerzo, seguir ejercitándose en el gimnasio hasta cerca de las 20:30?
“Es lo normal para mí. Siempre me gustó el ejercicio físico. Comencé nadando a los 14 años en el estero Salado, cerca del puente Cinco de Junio, y en la piscina del Tenis Club”, señala Rosita Reinoso de Janón, quien desde sus años adolescentes incursionó en un mundo considerado eminentemente masculino: los deportes.
“Hace sesenta años las mujeres debíamos quedarnos en la casa. Pero a mí nunca me gustaron los quehaceres, tampoco sé cocinar ni voy de compras al supermercado. A mí siempre me han gustado la natación y el ejercicio”, indica quien también fue asidua visitante de las piscinas del Emelec y la academia José Ferretti, en Urdesa.
En esta última dio clases de natación cuando tenía unos 35 años. “Fui la primera en enseñar a niños de hasta seis meses. Nadar es algo natural que una persona puede aprender desde muy joven. A todos mis hijos les enseñé a nadar antes de cumplir un año”.
Trabajar con niños ha sido una tarea característica en ella. Por eso recuerda esas sesiones en la academia Ferretti cuando solía llevar chupetes de un real para premiar a los pequeños que nadaban con buena postura o ganaban en juegos que ella organizaba en la piscina, como recoger tapillas de cola o bolas de billar que ella arrojaba al fondo del agua. “Así los obligaba a abrir los ojos bajo el agua; eso es fundamental”, afirma sobre este deporte que ayuda a respirar mejor, combate el asma, ayuda al desarrollo y acomoda la postura del cuerpo, según ha aprendido a través de su experiencia.
De la piscina al gimnasio
Con esta marcada inclinación al deporte, Rosita abrió su gimnasio en Urdesa hace más de cincuenta años. “Creo que fue el primer gimnasio de Guayaquil. Acá venían Miriam Ycaza (hoy propietaria de Miriam’s Gym), Pepita Febres Cordero y Matilde Cevallos, quienes pusieron sus propios gimnasios. Solo he trabajado con mujeres y preferiblemente con sesiones personalizadas”, señala porque “la gimnasia no es para todo el mundo. Cada persona tiene necesidades diferentes. A una chica flaca no le sientan bien los aeróbicos porque seguirá adelgazando, sino que necesitará ciertos ejercicios de tensión muscular”.
En esta atención personalizada, Rosita ha preferido trabajar en la colchoneta rutinas que en promedio obligan a 1.500 repeticiones en una hora de trabajo, especialmente con pilates porque es “perfecto para el cuerpo, brinda firmeza a la columna vertebral, nadie es jorobado si trabaja pilates”, indica sobre este sistema que combina el dinamismo y la fuerza muscular con el control mental, la respiración y la relajación.
Rosita siempre se ha preocupado por estar actualizada en las nuevas tendencias del ejercicio corporal. Amelina Montenegro, alumna suya desde sus años del colegio, califica a su instructora como una estudiosa de esta actividad. “Siempre tiene revistas con las últimas tendencias y anda leyendo para darnos nuevas posibilidades de entrenamiento”, señala sobre Rosita, a quien califica como muy buena pero estricta porque “se enoja si caminamos con la espalda encorvada o sin buena postura”.
Esta inclinación por el estudio también le permite ayudar a sus alumnas a mantener una dieta que las ayude a su trabajo físico, y también a recordar con humor las antiguas creencias del pasado para bajar de peso. “Antes se pensaba que si se ayunaba en los cambios de luna la persona podía perder tres libras en una noche o que uno podía adelgazar poniéndose un ajo con un parche en el ombligo”, recuerda.
Pero ella solo recomienda que para vivir sanamente es necesario ejercitarse con constancia y buen humor. Esa es la mejor manera de estar alejados del estrés, algo que ella dice no conocer porque “es un invento de los jóvenes de hoy”.
Informes: Urdesa, Guayacanes 117 y Circunvalación, 238-5023.