Definitivamente son una rotunda demostración de la vitalidad del arte contemporáneo de la isla. Titulada Monstruos devoradores de energía, la exposición forma parte del programa del festival Les étés de la danse (Los veranos de la danza), que tiene este año como invitado al Ballet Nacional de Cuba, y permanecerá abierta hasta el 3 de agosto.
El conjunto puede verse como una instalación en sí misma: el viejo electrodoméstico de los años cincuenta, material de desecho o de recuperación de componentes, es salvado por el arte, que le da una nueva vida, un nuevo sentido.
Pero cada obra es única, ninguna se parece a la otra, y cada una refleja una estética distinta, una poesía particular o una manera diferente de mirar la sociedad. Con el título Hable María, Ángel Ramírez propone un refrigerador-confesionario; el de Roberto Chile es un refrigerador-casita con televisor funcionando incorporado y ropa tendida en el exterior; Alexi Leyva (Kcho) lo atraviesa con remos y lo titula Objeto soñado; Jorge Perugorría lo convierte en ataúd, Luis Camejo en automóvil, Miguel Leiva en lata de cerveza.
Convertido en escalera de acceso a una alta torre negra, una sombra inquietante observa tras un vidrio esmerilado en El vigilante, de Li Domínguez.
Mario Miguel González (Mayito), uno de los artistas e iniciador del proyecto, contó que este “nació por azar. Estábamos en mi taller trabajando en otro proyecto, y uno de los artistas que participaban se puso a pintar el ‘frigo’ de mi taller. Me dije que era una buena idea. Así que nos pusimos a buscar refrigeradores viejos y se los empezamos a dar a diferentes artistas con vistas a la Bienal de la Habana”. Así fue y las nuevas obras se expusieron por primera vez el año pasado.
El estilo de prestigiosos plásticos cubanos marca la impronta de cada obra, con firmas del nivel del propio Mayito, Fabelo, Perugorría, Zayda del Río, Nelson Domínguez, Flora Fong y Alexis Leyva (Kcho).
Asimismo, las hermanas Li y Liang Domínguez Fong, José Fuster, Eduardo Roca (Choco), Eduardo Abela, Christian González, René Peña, entre otros.
Después, la exposición viajó a Madrid y Milán. “Y ahora estamos aquí, contentísimos: mira esto...”, dice González, señalando el suntuoso marco de la bóveda acristalada del Grand Palais. Él transformó su frigorífico en un segmento del malecón de La Habana.
“Al malecón la gente va a tomarse una cerveza o un refresco, a enamorar a una novia, a conversar. ¡Qué bueno sería que cada torreta del malecón pudiera tener un refrigerador donde uno pudiera servirse algo fresco!”, comenta González.
También el soporte impuesto fue asumido por los artistas de forma diversa. “Yo trabajaba entonces esculturas gigantes, de manera que el ‘frigo’ lo introduje en mi propio proyecto”, dice Li Domínguez.
Osneldo García recibió la propuesta muy entusiasmado y transformó su refrigerador en una mujer-fuente, de cuyos senos y sexo emana líquido. “Cuando expusimos en La Habana, por aquí salía refresco, por aquí cerveza. En España se le puso vino, en Italia ron”, explica.
Nelson Domínguez afirma que la propuesta le pareció “interesante” porque “le gustan los desafíos”. El artista transformó su frigorífico en una silla-paca de tabaco, dentro de la cual colocó cajas de puros “que Fidel me ha regalado y dedicado”, refiere.
Los Monstruos... estarán en tierras galas hasta el 3 de agosto, luego retornan a La Habana y a continuación irán a Nueva York o Los Ángeles, para finalmente visitar Corea del Sur. (AFP)