Docencia. El realizador argentino no se considera un maestro, simplemente un comunicador de sus experiencias en el cine.
Este viaje fue una parada necesaria. Un respiro antes de empezar a filmar su nuevo proyecto. Conocer gente nueva, una ciudad levantada entre las montañas, como Quito, lo renovó. El cineasta argentino Marcelo Piñeiro aceptó inesperadamente una invitación de la Fundación Octaedro para realizar un taller de cine.
No es un maestro. De hecho no se considera capaz de dictar clases. Sí, de compartir las experiencias de una carrera brillante, que no
solo le ha valido el reconocimiento en diversos festivales de cine independiente sino también en las salas argentinas, donde más de 5 millones de espectadores vieron sus películas y un número parecido a nivel internacional.
Es difícil describir la frescura de Piñeiro. Le encanta reír.
Se sorprende como un niño frente a cualquier relato. Por ejemplo, aquel de que sus películas como Tango feroz, Cenizas en el paraíso o Plata quemada se venden a 1,50 dólares en las tiendas piratas de la capital. En realidad manifiesta que eso no le molesta. No está de acuerdo con la piratería, pero la prefiere a que sus filmes no sean vistos.
Y le emociona profundamente que en las universidades sean idolatrados. La generación que ahora tiene, entre 28 y 35 años, se encantó a finales de los noventa en Quito con Caballos salvajes o Cenizas en el paraíso. La última exhibida comercialmente y con varias semanas en cartelera.
Esos personajes rebeldes, envueltos en historias truculentas y eróticas son difíciles de olvidar. Cuando Piñeiro lo escucha se entusiasma. Sus gestos vuelven a ser los de un niño. “Sé que mis películas tienen algo especial”.
¿Cree que es la rebeldía?
Puede ser. En mis personajes hay algo en común, siempre están enfrentados al sistema por diferentes circunstancias.
El director comenta aspectos muy interesantes sobre su última producción, El método (2005). Cree que tiene una diferencia sobre sus anteriores producciones porque la protagonista es una mujer, “antes las historias se enfocaban en personajes masculinos”.
Siento como si estuviera enamorado de El método
Y, soy polígamo en ese sentido, quiero a todos mis filmes.
¿Y cómo es su nuevo amor?
Se trata sobre un encuentro fortuito de una pareja en Nueva York, que se cuentan historias no del todo ciertas. En fin, una historia de amor que no se atreve a ser.
Un buen momento para regresar al pasado, en que la banda sonora de Tango feroz era el motivo para iniciar guitarreadas que son interminables y en que los personajes de Caballos salvajes coreaban: “Cuándo querrá el Dios del cielo que la tortilla se vuelva / que los pobres coman pan y los ricos m..., m...”.
¿Esa sentencia hoy puede cumplirse en Latinoamérica?
No creo que los ricos coman m... (sonríe). Pero son tiempos mejores que los noventa. Parecía que Argentina estaba terminada. Pero no. Hay propuestas interesantes a pesar de los errores que se cometen.
Piñeiro no cree que solo es un buen momento político, sino que se han abierto posibilidades culturales, intercambios interesantes. Retorna a Buenos Aires dejando simpatías y amigos. Llevando en las maletas el recuerdo de una ciudad donde también se encuentran vivas sus historias.
Perfil
MARCELO PIÑEIRO
SUS INICIOS
Su actividad en el mundo cinematográfico la inició en la producción, en 1984, con el filme La historia oficial.
GUIONISTA Y DIRECTOR
Piñeiro hizo los guiones de las películas que ha dirigido, excepto Kamchatka, que la escribió Marcelo Figueras. Su primer guión fue Tango feroz, realizado en 1992.