El presidente Álvaro Uribe se presentó en la céntrica plaza de Bolívar en donde el profesor Gustavo Moncayo estableció un campamento para presionar al gobierno a negociar con las guerrillas de las FARC la libertad de su hijo y otros secuestrados en poder de esa guerrilla.
El gobernante llegó a la hora pactada para encontrarse con Moncayo acompañado del vicepresidente Francisco Santos, varios ministros y otros funcionarios, todos rodeados de un vasto operativo de seguridad.
El profesor recorrió más de 900 kilómetros a píe en un gesto de protesta ante su impotencia de hacer algo para liberar a su hijo Pablo Emilio, en cautiverio por casi una década y llegó en la víspera a Bogotá.
Sorpresivamente, Moncayo no estaba cuando el presidente llegó con su comitiva y debieron esperarlo unos 45 minutos, hasta que regresó de una misa.
Durante el tiempo de espera, el presidente insistió ante los medios que el poder no es un ejercicio de vanidades, por lo cual aceptó presentarse a la cita que Moncayo.
Es la reunión con un padre de familia adolorido, con una víctima, con una persona que tiene toda la fortaleza espiritual y física, como lo muestra este recorrido y me parece que esto es un sano ejercicio de la democracia, declaró Uribe.
Cuando llegó de misa, Moncayo estrechó la mano de Uribe y entraron a una de las tres carpas de lona que la alcaldía instaló en la plaza y rodeó con cercas metálicas para completar el campamento del profesor de estudios sociales, de 55 años.
Aunque no en la misma dimensión que lo acogió en la víspera, cuando decenas de miles de colombianos se volcaron a las calles para darle la bienvenida, un gentío se aglomeró en la céntrica plaza y empezó a gritar abajo Uribe y otras arengas antigubernamentales.
Ante eso, Moncayo abandonó momentáneamente el encuentro con los funcionarios escaló la baranda que rodea el campamento y se dirigió a la multitud.
Aquí no estamos diciendo abajo a nadie, vamos a hacer lo posible para que esto tenga un feliz término. Que viva la libertad y viva la paz... cambiemos la mentalidad y no seamos retrógrados, manifestó, tras lo que el griterío siguió esos lineamientos y se escuchaba sí a la vida y sí al acuerdo humanitario.
Medio millar de policías se encargaron de la seguridad en la plaza Bolívar para el encuentro, incluyendo francotiradores apostados en los techos de edificios circundantes y unidades caninas antiexplosivos.